/ martes 12 de octubre de 2021

La hora del PRI

Pese a la considerable reducción que sufrió en su representación parlamentaria el PRI se encuentra ahora ante la oportunidad de retomar sus principios esenciales y su orientación popular. Su participación en el proceso de reforma constitucional propuesta por el Presidente de la República para fortalecer el sector energético nacional resulta determinante, ya que sus votos pueden definir la evolución de esta actividad estratégica. El priismo debe eludir la trampa que se le tiende, induciéndolo a una especie de vergüenza por volver al pasado o por “aliarse” con el gobierno. Lo que está en juego es si se alinea con el interés popular y con la esencia de su proyecto histórico.

En cada formación política hay una especie de ADN que inspira su actuación a lo largo de los años. Los partidos surgen en torno a un proyecto cuyo abandono los hace perder base social e influencia electoral. Por eso no es cuestión de “volver al pasado”, sino de entender el presente para proyectar el futuro en el sentido que más convenga al país a partir de la experiencia. En eso consiste el desarrollo político.

En todo el mundo se aprecia hoy una reorientación respecto del modelo neoliberal que ha generado una pavorosa desigualdad literalmente aquí y en China. Precisamente el presidente chino despliega una intensa campaña para combatir la desigualdad derivada de un capitalismo salvaje que es momento de revertir. En Alemania acaba de triunfar la Socialdemocracia. Eso demuestra que las medidas de etapas anteriores no tienen por qué ser desechadas. Nadie puede acusar a los alemanes de querer volver al pasado, simplemente desean mejorar su futuro.

En la hora presente el PRI está obligado a revisar cómo ha operado la lógica de su proyecto a lo largo del tiempo. Su creación fue producto de una gran coalición que iba desde el centro derecha hasta la izquierda socialista. Jamás estuvo vinculado al pensamiento cristiano-demócrata que inspira al panismo. En su interior podía identificarse un sector de tipo liberal capitalista que constituyó su ala derecha y un amplio espectro de fuerzas de tendencia socialdemócrata. Incluso en la época en que lo lideró Porfirio Muñoz Ledo, formó parte de la Socialdemocracia Internacional. Dentro del PRI han coexistido esas dos corrientes, en un tiempo identificadas con dos expresidentes, Lázaro Cárdenas a la izquierda y Miguel Alemán a la derecha. Uno de los secretos de la estabilidad y permanencia del PRI era su capacidad para alternarlas, tanto que se identificó al sistema como “pendular”. Se balanceaba desde la izquierda con Cárdenas, pasando por el centro de Ávila Camacho hasta llegar a la derecha con Miguel Alemán, para volver luego al centro con Ruiz Cortines y a la izquierda con López Mateos. Ese equilibrio peculiar de la política mexicana se rompió a partir del tsunami neoliberal que arrasó con las instituciones del Estado de Bienestar en todo el mundo e inclinó la balanza de un solo lado, a fin de favorecer al capital financiero desbordado, poco después de la crisis del petróleo de los años 70.

A principios de los 80 el Estado empezó a perder presencia por la presión de las fuerzas financieras internacionales que impusieron condiciones a todos los países subdesarrollados y se desató entonces la ola de privatizaciones. Viéndolo bien, quienes se oponen a la reforma que se orienta a una Transición Energética hacia nuevas formas de producción, conducida por el Estado, como ordena la Constitución, son los que se aferran dogmáticamente a las recetas del pasado. Quieren volver 40 años atrás para insistir en una política cuyos efectos secundarios han sido devastadores. En este momento hay un sector en España que pugna por nacionalizar la industria eléctrica ya que sus pobladores no aguantan la bárbara espiral de precios.

Pese a todo, las presiones financieras internacionales siguen vigentes y de ahí la necesidad, como propone la iniciativa presidencial, de mantener la presencia privada en el sector energético pese a que lo ideal sería reservarlo exclusivamente al Estado. Por eso, ni siquiera se justifican las protestas lanzadas desde el sector empresarial más radical de la derecha.

El caso es que, víctima de esas presiones ejercidas sobre una generación a la que se adoctrinó en el fundamentalismo del mercado, el PRI cedió espacios al neoliberalismo y eso provocó el desprendimiento generado por la Corriente Democrática en 1987; pero indudablemente en la genética priista permanece el sentido histórico y popular que le dio resultado por tantos años y cuyo abandono fue condenado por los electores en 2018. Las circunstancias le han devuelto la oportunidad al PRI de rectificar y asumir como un error, susceptible de corrección, el desvío de su proyecto hacia una derecha que ahora pretende llevarlo de compañero de viaje para recuperar espacio político. Unirse a esa derecha es una traición descomunal que lo hundirá para siempre. Volver a identificarse con el verdadero interés popular es su deber histórico.

eduardoandrade1948@gmail.com

Pese a la considerable reducción que sufrió en su representación parlamentaria el PRI se encuentra ahora ante la oportunidad de retomar sus principios esenciales y su orientación popular. Su participación en el proceso de reforma constitucional propuesta por el Presidente de la República para fortalecer el sector energético nacional resulta determinante, ya que sus votos pueden definir la evolución de esta actividad estratégica. El priismo debe eludir la trampa que se le tiende, induciéndolo a una especie de vergüenza por volver al pasado o por “aliarse” con el gobierno. Lo que está en juego es si se alinea con el interés popular y con la esencia de su proyecto histórico.

En cada formación política hay una especie de ADN que inspira su actuación a lo largo de los años. Los partidos surgen en torno a un proyecto cuyo abandono los hace perder base social e influencia electoral. Por eso no es cuestión de “volver al pasado”, sino de entender el presente para proyectar el futuro en el sentido que más convenga al país a partir de la experiencia. En eso consiste el desarrollo político.

En todo el mundo se aprecia hoy una reorientación respecto del modelo neoliberal que ha generado una pavorosa desigualdad literalmente aquí y en China. Precisamente el presidente chino despliega una intensa campaña para combatir la desigualdad derivada de un capitalismo salvaje que es momento de revertir. En Alemania acaba de triunfar la Socialdemocracia. Eso demuestra que las medidas de etapas anteriores no tienen por qué ser desechadas. Nadie puede acusar a los alemanes de querer volver al pasado, simplemente desean mejorar su futuro.

En la hora presente el PRI está obligado a revisar cómo ha operado la lógica de su proyecto a lo largo del tiempo. Su creación fue producto de una gran coalición que iba desde el centro derecha hasta la izquierda socialista. Jamás estuvo vinculado al pensamiento cristiano-demócrata que inspira al panismo. En su interior podía identificarse un sector de tipo liberal capitalista que constituyó su ala derecha y un amplio espectro de fuerzas de tendencia socialdemócrata. Incluso en la época en que lo lideró Porfirio Muñoz Ledo, formó parte de la Socialdemocracia Internacional. Dentro del PRI han coexistido esas dos corrientes, en un tiempo identificadas con dos expresidentes, Lázaro Cárdenas a la izquierda y Miguel Alemán a la derecha. Uno de los secretos de la estabilidad y permanencia del PRI era su capacidad para alternarlas, tanto que se identificó al sistema como “pendular”. Se balanceaba desde la izquierda con Cárdenas, pasando por el centro de Ávila Camacho hasta llegar a la derecha con Miguel Alemán, para volver luego al centro con Ruiz Cortines y a la izquierda con López Mateos. Ese equilibrio peculiar de la política mexicana se rompió a partir del tsunami neoliberal que arrasó con las instituciones del Estado de Bienestar en todo el mundo e inclinó la balanza de un solo lado, a fin de favorecer al capital financiero desbordado, poco después de la crisis del petróleo de los años 70.

A principios de los 80 el Estado empezó a perder presencia por la presión de las fuerzas financieras internacionales que impusieron condiciones a todos los países subdesarrollados y se desató entonces la ola de privatizaciones. Viéndolo bien, quienes se oponen a la reforma que se orienta a una Transición Energética hacia nuevas formas de producción, conducida por el Estado, como ordena la Constitución, son los que se aferran dogmáticamente a las recetas del pasado. Quieren volver 40 años atrás para insistir en una política cuyos efectos secundarios han sido devastadores. En este momento hay un sector en España que pugna por nacionalizar la industria eléctrica ya que sus pobladores no aguantan la bárbara espiral de precios.

Pese a todo, las presiones financieras internacionales siguen vigentes y de ahí la necesidad, como propone la iniciativa presidencial, de mantener la presencia privada en el sector energético pese a que lo ideal sería reservarlo exclusivamente al Estado. Por eso, ni siquiera se justifican las protestas lanzadas desde el sector empresarial más radical de la derecha.

El caso es que, víctima de esas presiones ejercidas sobre una generación a la que se adoctrinó en el fundamentalismo del mercado, el PRI cedió espacios al neoliberalismo y eso provocó el desprendimiento generado por la Corriente Democrática en 1987; pero indudablemente en la genética priista permanece el sentido histórico y popular que le dio resultado por tantos años y cuyo abandono fue condenado por los electores en 2018. Las circunstancias le han devuelto la oportunidad al PRI de rectificar y asumir como un error, susceptible de corrección, el desvío de su proyecto hacia una derecha que ahora pretende llevarlo de compañero de viaje para recuperar espacio político. Unirse a esa derecha es una traición descomunal que lo hundirá para siempre. Volver a identificarse con el verdadero interés popular es su deber histórico.

eduardoandrade1948@gmail.com