/ miércoles 11 de septiembre de 2019

La inseguridad mata

Además de que te puede mandar directo a saludar a San Pedro, la inseguridad arruina el alma, el carácter. Vivir con miedo es deleznable, máxime cuando ya ni en tu hogar te sientes a salvo.

Entraron a robar a la casa de un anciano de 87 años, en una colonia popular. Se encontraba solo y los asaltantes lo golpearon brutalmente. ¿Qué tanto se podían llevar en una zona en la que, los vecinos son personas que apenas alcanzan a mal comer? Lo dejaron medio muerto: lleva dos semanas con el cerebro inflamado, en estado casi de coma y con pocas probabilidades de sobrevivir. Uno de sus hijos me contaba que habían puesto la denuncia, lo que les tomó horas de espera y que, hasta ahora, ni luces de que se haya abierto investigación.

Los hechos sucedieron en la Ciudad de México, en esta Capital en la que, la actual Jefa de Gobierno, culpa de la problemática a su predecesor e insiste en que le dejaron un tiradero. Cierto que, el miniMancera fue un desastre, pero mientras estuvo al frente jamás se llegó a estos extremos.

Seguir con la tónica de echarle la culpa al pasado es absurdo. Insisten en que se disfrazaban los índices delictivos. El delito es inocultable. Te enteras por tu círculo cercano.

Imposible tapar el sol con un dedo. Los casos de Norberto Ronquillo y Leonardo Avendaño (Jóvenes secuestrados y muertos en el sur de la ciudad), son dos ejemplos de los 571 expedientes de muchachos asesinados en condiciones similares, un 1.06 por ciento más de los denunciados en el 2018.

Frente a sucesos tan trágicos aparece cada dos por tres, la Procuradora Ernestina Godoy, a dar largas explicaciones, en las que no dice nada. Se presume que dieron con los culpables de asesinar a Norberto: ni aprehendieron a una noviecita, que se supone lo puso y, acaba de obtener un Amparo uno de los presuntos culpables. Fiasco tras fiasco.

Informan a medias y, cuando consideran que ya “ni quien se acuerde”, suspenden toda comunicación. La triste realidad es que las cifras rojas van al alza y en varias ha habido un repunte, como en feminicidios, crímenes con armas de fuego y secuestros.

Presentaron con bombos y platillos a la Guardia Nacional, a la que enviaron a las colonias más peligrosas de Iztapalapa. A la semana se les llenó la boca diciendo que había bajado el número de incidentes graves: ¡No se lo creyeron ni ellos!

Vecinos de la localidad comentan que estuvieron un par de días y desaparecieron. Nos quieren hacer creer que esta nueva policía es el remedio a todos los males, cuando ni siquiera alcanzan a cubrir los municipios más violentos del país.

El Secretario de Seguridad Pública –Jesús Orta- es un neófito que ha demostrado su imposibilidad de resolver el problema. En sus narices, policías corruptos, auténticos malandrines, violan a una jovencita y, otro, a una mujer, en el baño de ¡sus propias instalaciones!

El escándalo de los constantes ataques contra las mujeres llevó a una manifestación, incluso, con tintes violentos. Se les aplacó con unas mesas de trabajo de las que no se ha visto que salga una estrategia concreta.

Orta parece incapaz de manejar a unas fuerzas desprestigiadas, a las que se tendrían que reformar. Más allá de la capacitación y el entrenamiento, que muchos tienen, habría que mejorarles las condiciones de trabajo, a fin de conformar auténticos guardianes que velen por la seguridad de la ciudadanía.

Por lo pronto, sin mayores cambios tangibles, seguiremos en el terror.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

Además de que te puede mandar directo a saludar a San Pedro, la inseguridad arruina el alma, el carácter. Vivir con miedo es deleznable, máxime cuando ya ni en tu hogar te sientes a salvo.

Entraron a robar a la casa de un anciano de 87 años, en una colonia popular. Se encontraba solo y los asaltantes lo golpearon brutalmente. ¿Qué tanto se podían llevar en una zona en la que, los vecinos son personas que apenas alcanzan a mal comer? Lo dejaron medio muerto: lleva dos semanas con el cerebro inflamado, en estado casi de coma y con pocas probabilidades de sobrevivir. Uno de sus hijos me contaba que habían puesto la denuncia, lo que les tomó horas de espera y que, hasta ahora, ni luces de que se haya abierto investigación.

Los hechos sucedieron en la Ciudad de México, en esta Capital en la que, la actual Jefa de Gobierno, culpa de la problemática a su predecesor e insiste en que le dejaron un tiradero. Cierto que, el miniMancera fue un desastre, pero mientras estuvo al frente jamás se llegó a estos extremos.

Seguir con la tónica de echarle la culpa al pasado es absurdo. Insisten en que se disfrazaban los índices delictivos. El delito es inocultable. Te enteras por tu círculo cercano.

Imposible tapar el sol con un dedo. Los casos de Norberto Ronquillo y Leonardo Avendaño (Jóvenes secuestrados y muertos en el sur de la ciudad), son dos ejemplos de los 571 expedientes de muchachos asesinados en condiciones similares, un 1.06 por ciento más de los denunciados en el 2018.

Frente a sucesos tan trágicos aparece cada dos por tres, la Procuradora Ernestina Godoy, a dar largas explicaciones, en las que no dice nada. Se presume que dieron con los culpables de asesinar a Norberto: ni aprehendieron a una noviecita, que se supone lo puso y, acaba de obtener un Amparo uno de los presuntos culpables. Fiasco tras fiasco.

Informan a medias y, cuando consideran que ya “ni quien se acuerde”, suspenden toda comunicación. La triste realidad es que las cifras rojas van al alza y en varias ha habido un repunte, como en feminicidios, crímenes con armas de fuego y secuestros.

Presentaron con bombos y platillos a la Guardia Nacional, a la que enviaron a las colonias más peligrosas de Iztapalapa. A la semana se les llenó la boca diciendo que había bajado el número de incidentes graves: ¡No se lo creyeron ni ellos!

Vecinos de la localidad comentan que estuvieron un par de días y desaparecieron. Nos quieren hacer creer que esta nueva policía es el remedio a todos los males, cuando ni siquiera alcanzan a cubrir los municipios más violentos del país.

El Secretario de Seguridad Pública –Jesús Orta- es un neófito que ha demostrado su imposibilidad de resolver el problema. En sus narices, policías corruptos, auténticos malandrines, violan a una jovencita y, otro, a una mujer, en el baño de ¡sus propias instalaciones!

El escándalo de los constantes ataques contra las mujeres llevó a una manifestación, incluso, con tintes violentos. Se les aplacó con unas mesas de trabajo de las que no se ha visto que salga una estrategia concreta.

Orta parece incapaz de manejar a unas fuerzas desprestigiadas, a las que se tendrían que reformar. Más allá de la capacitación y el entrenamiento, que muchos tienen, habría que mejorarles las condiciones de trabajo, a fin de conformar auténticos guardianes que velen por la seguridad de la ciudadanía.

Por lo pronto, sin mayores cambios tangibles, seguiremos en el terror.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq