/ martes 9 de julio de 2019

La insufrible autocensura

Juan hizo un silencio y no mencionó la injusticia, por eso, semanas después lo fusilaron. Era muy difícil arrepentirse de una reserva del pasado, y eso le pasó por callar…

Un ser humano se desenvuelve a través del acto de habla, actuar -o- contenerse. Nos desplegamos con el lenguaje y con el silencio. A veces, somos demasiados inactivos frente a las cosas más importantes. Muchos de nuestros silencios o nuestras neutralidades no vienen de una amenaza externa, normas sociales o la coacción. Al parecer, existe algo entre el que dirán y miedos propios que van paralizando nuestras vidas. Erasmo de Rotterdam ya nos enseñaba, con cinismo e ironía, de la supuesta necesidad de mentir, callar o desbordase en elogios para lograr la vida en sociedad. Este pensador estaba haciendo una crítica en varios aspectos, uno de ellos la autocensura.

Creo que todas las personas que tenemos el honor de escribir para este diario, nos hemos detenido en algún comentario, en una crítica, en el uso de groserías y en tratar de balancear el texto. Esto nos demuestra las complejidades de hablar, escribir o actuar con libertad. Existe una sombra que nos limita sin causa alguna -o- un censor interno que tampoco tiene razón de ser. Ese fenómeno llama la atención, pues, éste es un fantasma que habita en la mente de demasiadas personas. Creen que por decir lo que piensan o actuar como estiman pertinente algo malo pasará. Por supuesto, que hay leyes que ponen un freno a la libertad de expresión, y normas de convivencia que deben detener nuestras pulsiones, pero ¿Hasta dónde llega la censura auto impuesta?

La autocensura es común en el ámbito laboral y en materia política. En México no estamos acostumbrados a desenvolvernos conforme a la letra de la ley en nuestros trabajos. Es común escuchar de quien trata de ser afable con el superior jerárquico, pues piensa que así se satisface el principio de estabilidad en el empleo. También hay muchos que mueren de ganas por mentarle la madre al jefe, pero no hacen ni dicen nada. En mi óptica, es simplemente expresar la queja o molestia de manera clara.

Existe a quien le da vergüenza decir que comulga con cierto partido político, llámese PT, PVEM, PAN, PRI o Morena. Hoy en día, es casi imposible encontrar a una persona que diga que milita en el PRI, aunque ese partido político tenga más de nueve gubernaturas. La mayoría de las personas quieren caer en el campo de lo políticamente correcto, y sostener una máscara respecto de las cosas que cree o piensa. Lo anterior, detiene la acción política, la creación de un Estado democrático y, sobre todo, la verdadera discusión de las ideas.

El absurdo de la autocensura está en el ámbito de lo privado. Esa esfera en donde se piensa que hay mayor libertad de expresión y de actuar, pero en realidad, es un espacio mas restringido. Los clichés sociales construyeron el cómo y cuándo se considera que estamos en un lugar de confort, y allí se limita más la capacidad de diálogo. Se prefiere el silencio. Se rezagan los problemas; y la mayoría de las personas son incapaces de hablar lo importante. Todo por el tema que ya mencionado.

Debemos deshacernos del problema de autocensura, permitir la discusión de los temas de Estado en el centro de la mesa (sin elefantes imaginarios), en la esperanza de que aprendamos a ser una sociedad más libre, que pueda generar un diálogo civil, una discusión democrática, y donde debatir o disentir no sea un sinónimo de estar en conflicto.

Doctor en Derecho

@jangulonobara

Juan hizo un silencio y no mencionó la injusticia, por eso, semanas después lo fusilaron. Era muy difícil arrepentirse de una reserva del pasado, y eso le pasó por callar…

Un ser humano se desenvuelve a través del acto de habla, actuar -o- contenerse. Nos desplegamos con el lenguaje y con el silencio. A veces, somos demasiados inactivos frente a las cosas más importantes. Muchos de nuestros silencios o nuestras neutralidades no vienen de una amenaza externa, normas sociales o la coacción. Al parecer, existe algo entre el que dirán y miedos propios que van paralizando nuestras vidas. Erasmo de Rotterdam ya nos enseñaba, con cinismo e ironía, de la supuesta necesidad de mentir, callar o desbordase en elogios para lograr la vida en sociedad. Este pensador estaba haciendo una crítica en varios aspectos, uno de ellos la autocensura.

Creo que todas las personas que tenemos el honor de escribir para este diario, nos hemos detenido en algún comentario, en una crítica, en el uso de groserías y en tratar de balancear el texto. Esto nos demuestra las complejidades de hablar, escribir o actuar con libertad. Existe una sombra que nos limita sin causa alguna -o- un censor interno que tampoco tiene razón de ser. Ese fenómeno llama la atención, pues, éste es un fantasma que habita en la mente de demasiadas personas. Creen que por decir lo que piensan o actuar como estiman pertinente algo malo pasará. Por supuesto, que hay leyes que ponen un freno a la libertad de expresión, y normas de convivencia que deben detener nuestras pulsiones, pero ¿Hasta dónde llega la censura auto impuesta?

La autocensura es común en el ámbito laboral y en materia política. En México no estamos acostumbrados a desenvolvernos conforme a la letra de la ley en nuestros trabajos. Es común escuchar de quien trata de ser afable con el superior jerárquico, pues piensa que así se satisface el principio de estabilidad en el empleo. También hay muchos que mueren de ganas por mentarle la madre al jefe, pero no hacen ni dicen nada. En mi óptica, es simplemente expresar la queja o molestia de manera clara.

Existe a quien le da vergüenza decir que comulga con cierto partido político, llámese PT, PVEM, PAN, PRI o Morena. Hoy en día, es casi imposible encontrar a una persona que diga que milita en el PRI, aunque ese partido político tenga más de nueve gubernaturas. La mayoría de las personas quieren caer en el campo de lo políticamente correcto, y sostener una máscara respecto de las cosas que cree o piensa. Lo anterior, detiene la acción política, la creación de un Estado democrático y, sobre todo, la verdadera discusión de las ideas.

El absurdo de la autocensura está en el ámbito de lo privado. Esa esfera en donde se piensa que hay mayor libertad de expresión y de actuar, pero en realidad, es un espacio mas restringido. Los clichés sociales construyeron el cómo y cuándo se considera que estamos en un lugar de confort, y allí se limita más la capacidad de diálogo. Se prefiere el silencio. Se rezagan los problemas; y la mayoría de las personas son incapaces de hablar lo importante. Todo por el tema que ya mencionado.

Debemos deshacernos del problema de autocensura, permitir la discusión de los temas de Estado en el centro de la mesa (sin elefantes imaginarios), en la esperanza de que aprendamos a ser una sociedad más libre, que pueda generar un diálogo civil, una discusión democrática, y donde debatir o disentir no sea un sinónimo de estar en conflicto.

Doctor en Derecho

@jangulonobara

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