/ viernes 16 de febrero de 2018

La moviola

Gerardo Gil B.


Con todo y que es el blockbuster de la semana – el primero del año de hecho-, hay que reconocerle a Black Panther (Ryan Coogler,2016) el respeto que tiene por el universo de la ficción, que respeta lo que ha construido la mitología cinematográfica deMarvel, pero que no le impide tener un mundo propio.

Dicho en otras palabras, si uno desconoce en general loscánones en los que se sostiene la franquiciala película fluye de manera efectiva. Por el contrario, si el espectador es un celoso policía del respeto sobre la línea argumental, saldrá de la función satisfecho. Es un universo propio, dentro de un universo propio.

Lo que también tiene el filme, es un claro coqueteo liberal, presente en algunos personajes de Marvel cómics, que responden al contexto en el que fueron creados.

Black Panther, lo crean en 1966, Stan Lee y Jack Kirby, en medio de una década de fuertes conflictos raciales en Estados Unidos y precede por meses al partido Panteras Negras. En una época de corrección política, resurge este personaje. El asunto pues, no tiene desperdicio.

Así es que la nueva película de la ya larga saga se regodea en este contexto, pero llevada al mundo millennial. Lo que también salta a la vista, es que se siente un poco maniquea por momentos: T’Chala –Black Panther, pues-(Chadwick Boseman)reflexiona sobre la importancia de construir puentes en lugar de muros,pero no tiene empacho en hacerle caso a un agente del gobierno para que Wakanda, su rica pero escondida nación, salga del secreto en el que se ha mantenido por siglos. Unirse al concierto internacional, dirían los clásicos.

Por momentos, y sobre todo en los primeros minutos, el peso del discurso se siente demasiado, incluso a nivel estético, pero luego, para no decepcionar al respetable, inicia la acción y los dramas familiares que no faltan en el universo Marvel.

T’Chala, asume la posición que le toca como rey de Wakanda, luego de la muerte de su padre, en Capitán América: Civil War (Anthony y Joseph Russo, 2016), pero un acontecimiento del pasado, lo enfrentará con su primo, Erik Kilmonger (Michael B. Jordan). A esto, hay que agregarle la lucha por el adamantium, el poderoso metal que sobra en el terruñito de nuestro héroe.

El filme, con todo y que fluye sobre todo como vehículo de entretenimiento,refuerza y analiza la mitología de estos personajes (recomendable el libro Superhéroes. Del cómic al cine, de Tonio L. Alarcón, dónde se reflexiona incluso su propensión a la ausencia de dioses, ya que ellos son uno en sí mismo).

Pero tampoco es cosa de ponerse intensos, ya que el filme, no niega su origen de evasión y final post créditos, que a estas alturas es a lo que va el respetable.

Gerardo Gil B.


Con todo y que es el blockbuster de la semana – el primero del año de hecho-, hay que reconocerle a Black Panther (Ryan Coogler,2016) el respeto que tiene por el universo de la ficción, que respeta lo que ha construido la mitología cinematográfica deMarvel, pero que no le impide tener un mundo propio.

Dicho en otras palabras, si uno desconoce en general loscánones en los que se sostiene la franquiciala película fluye de manera efectiva. Por el contrario, si el espectador es un celoso policía del respeto sobre la línea argumental, saldrá de la función satisfecho. Es un universo propio, dentro de un universo propio.

Lo que también tiene el filme, es un claro coqueteo liberal, presente en algunos personajes de Marvel cómics, que responden al contexto en el que fueron creados.

Black Panther, lo crean en 1966, Stan Lee y Jack Kirby, en medio de una década de fuertes conflictos raciales en Estados Unidos y precede por meses al partido Panteras Negras. En una época de corrección política, resurge este personaje. El asunto pues, no tiene desperdicio.

Así es que la nueva película de la ya larga saga se regodea en este contexto, pero llevada al mundo millennial. Lo que también salta a la vista, es que se siente un poco maniquea por momentos: T’Chala –Black Panther, pues-(Chadwick Boseman)reflexiona sobre la importancia de construir puentes en lugar de muros,pero no tiene empacho en hacerle caso a un agente del gobierno para que Wakanda, su rica pero escondida nación, salga del secreto en el que se ha mantenido por siglos. Unirse al concierto internacional, dirían los clásicos.

Por momentos, y sobre todo en los primeros minutos, el peso del discurso se siente demasiado, incluso a nivel estético, pero luego, para no decepcionar al respetable, inicia la acción y los dramas familiares que no faltan en el universo Marvel.

T’Chala, asume la posición que le toca como rey de Wakanda, luego de la muerte de su padre, en Capitán América: Civil War (Anthony y Joseph Russo, 2016), pero un acontecimiento del pasado, lo enfrentará con su primo, Erik Kilmonger (Michael B. Jordan). A esto, hay que agregarle la lucha por el adamantium, el poderoso metal que sobra en el terruñito de nuestro héroe.

El filme, con todo y que fluye sobre todo como vehículo de entretenimiento,refuerza y analiza la mitología de estos personajes (recomendable el libro Superhéroes. Del cómic al cine, de Tonio L. Alarcón, dónde se reflexiona incluso su propensión a la ausencia de dioses, ya que ellos son uno en sí mismo).

Pero tampoco es cosa de ponerse intensos, ya que el filme, no niega su origen de evasión y final post créditos, que a estas alturas es a lo que va el respetable.