/ sábado 13 de julio de 2019

La moviola

Su amigo fiel.


@lamoviola

En tiempos de la corrección política el punto de vista es el de Chucky. Esa es parte de la apuesta que se percibe en el remake del personaje creado por Don Mancini para el filme de 1988 Child’s Paly (Estados Unidos, Holland). El éxito fue sorpresivo pero acumuló seis secuelas. La última, en 2017.

El Child’s Play de 2019, ahora dirigido por Lars Klevberg, se siente descafeinado en cuanto a la propuesta del género serial killer policíaco, mezclado con horror, pero gana en dos aspectos no contemplados en la franquicia original: un airecillo de ciencia ficción al ubicar al cachetón y peligroso asesino de plástico perfumado, como un robot que desarrolla inteligencia artificial más que el asunto de la posesión y en la primera mitad, la mirada casi sentimental con asesinato de gato odioso de por medio del porqué el mejor amigo de Andy es así.

Estas dos líneas argumentales, le dan al personaje una nueva dimensión. No queda atrás la mezcla de filme policíaco sanguinolento y el horror- humor per se, pero importan más los personajes. En algún punto, Chucky (voz de Mark Hamill) incluso es una suerte de conciencia crítica del sufrido y ñoñazo Andy (Gabriel Bateman).

Karen (Aubrey Plaza) es la joven madre del preadolescente y marginal Andy, quien nada más no nada una y se viste como Elliot, -el sufrido niño de E.T, asunto que se parodia en el filme y de hecho es una aguda propuesta argumental-. Decide regalarle un muñeco que resulta ser el mentado Chucky, quien se encariña con su dueño y lo ve hacer berrinches por el maltrato del bobón amigovio de su madre Shane (David Lewis).

En algún punto de la película, la relación entre niño y monigote es más cercana en lo emocional que lo propuesto en la franquicia original. Deriva por momentos incluso en una buddy film. Chucky se convierte en el pegajoso amiguito de la infancia que no se va ni con indirectas. Por supuesto, hay también referencias a la cultura pop: Andy se hace de una runfla de vecinitos vándalos a la Stranger things, con plano que abarca a todo el grupito incluido para deshacerse del matón muñeco.

Se dan una serie de asesinatos relacionados con Andy y aparece el detective Mike (Bryan Tyree Henry). Lo demás, es lo de menos. La nueva versión de Chucky, resulta menos cínica pero se atreve a explorar en algún punto, el otro lado de la historia. A nuestro pelirrojo amigo, no lo mueve la venganza sino el despecho.

Por cierto, con la voz de Hamill, no se extraña a Brad Dourif.

En corto

Somos lenguaje. Cantinflas, Tin Tan, Resortes. Armando Ramírez fue un cronista urbano y legítimo, cercano a nuestra cultura. Periodista, escritor, guionista deja un legado indispensable hoy para vernos. Para entendernos.

Qué tanto es tantito.




Su amigo fiel.


@lamoviola

En tiempos de la corrección política el punto de vista es el de Chucky. Esa es parte de la apuesta que se percibe en el remake del personaje creado por Don Mancini para el filme de 1988 Child’s Paly (Estados Unidos, Holland). El éxito fue sorpresivo pero acumuló seis secuelas. La última, en 2017.

El Child’s Play de 2019, ahora dirigido por Lars Klevberg, se siente descafeinado en cuanto a la propuesta del género serial killer policíaco, mezclado con horror, pero gana en dos aspectos no contemplados en la franquicia original: un airecillo de ciencia ficción al ubicar al cachetón y peligroso asesino de plástico perfumado, como un robot que desarrolla inteligencia artificial más que el asunto de la posesión y en la primera mitad, la mirada casi sentimental con asesinato de gato odioso de por medio del porqué el mejor amigo de Andy es así.

Estas dos líneas argumentales, le dan al personaje una nueva dimensión. No queda atrás la mezcla de filme policíaco sanguinolento y el horror- humor per se, pero importan más los personajes. En algún punto, Chucky (voz de Mark Hamill) incluso es una suerte de conciencia crítica del sufrido y ñoñazo Andy (Gabriel Bateman).

Karen (Aubrey Plaza) es la joven madre del preadolescente y marginal Andy, quien nada más no nada una y se viste como Elliot, -el sufrido niño de E.T, asunto que se parodia en el filme y de hecho es una aguda propuesta argumental-. Decide regalarle un muñeco que resulta ser el mentado Chucky, quien se encariña con su dueño y lo ve hacer berrinches por el maltrato del bobón amigovio de su madre Shane (David Lewis).

En algún punto de la película, la relación entre niño y monigote es más cercana en lo emocional que lo propuesto en la franquicia original. Deriva por momentos incluso en una buddy film. Chucky se convierte en el pegajoso amiguito de la infancia que no se va ni con indirectas. Por supuesto, hay también referencias a la cultura pop: Andy se hace de una runfla de vecinitos vándalos a la Stranger things, con plano que abarca a todo el grupito incluido para deshacerse del matón muñeco.

Se dan una serie de asesinatos relacionados con Andy y aparece el detective Mike (Bryan Tyree Henry). Lo demás, es lo de menos. La nueva versión de Chucky, resulta menos cínica pero se atreve a explorar en algún punto, el otro lado de la historia. A nuestro pelirrojo amigo, no lo mueve la venganza sino el despecho.

Por cierto, con la voz de Hamill, no se extraña a Brad Dourif.

En corto

Somos lenguaje. Cantinflas, Tin Tan, Resortes. Armando Ramírez fue un cronista urbano y legítimo, cercano a nuestra cultura. Periodista, escritor, guionista deja un legado indispensable hoy para vernos. Para entendernos.

Qué tanto es tantito.




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