/ jueves 5 de diciembre de 2019

La muerte en Estados Unidos

Comencemos con la parte de la vida: las áreas con tendencia demócrata solían parecerse a las áreas con tendencia republicana en términos de productividad, ingreso y educación.

Sin embargo, han venido bifurcándose rápidamente; las áreas azules se han vuelto más productivas, ricas y con un nivel educativo más alto. En la reñida elección presidencial en el año 2000, los condados que apoyaron a Al Gore más que a George W. Bush representaron sólo un poco más de la mitad de la producción económica nacional.

En las cerradas elecciones de 2016, los condados que apoyaron a Hillary Clinton representaron 64 por ciento de la producción, casi el doble del porcentaje representado por los partidarios de Trump.

La cuestión es que la división entre azul y rojo no sólo tiene que ver con el dinero. También se ha vuelto cada vez más una cuestión de vida o muerte.

No obstante, la brecha de mortalidad se ha ampliado de manera considerable en años recientes a consecuencia de una mayor mortalidad entre los estadounidenses en edad productiva.

Lo que no he visto enfatizado es la divergencia en la esperanza de vida dentro del país y su estrecha correlación con la orientación política. Es cierto, un artículo reciente del Times sobre el fenómeno observaba que la esperanza de vida en las áreas costeras sigue aumentando casi tan rápido como la esperanza de vida en otros países avanzados. No obstante, la división regional es mucho más profunda.

Un artículo de 2018 en The Journal of the American Medical Association expuso los resultados de una investigación de los cambios en la salud y la esperanza de vida en los estados estadounidenses entre 1990 y 2016.

La divergencia entre estados es abrumadora y, como dije, guarda una estrecha relación con la orientación política.

Analicé los estados que votaron por Donald Trump en comparación con los estados que votaron por Clinton en 2016 y calculé la esperanza de vida promedio según su población en ese año.

En 1990, los estados que hoy son rojos y azules tenían casi la misma esperanza de vida. No obstante, desde entonces, la esperanza de vida en los estados de Clinton ha aumentado más o menos a la par que en otros países avanzados, en contraste con la mejoría casi nula en las regiones que simpatizan con Trump. En este momento, los residentes de los estados azules pueden esperar vivir más que sus connacionales en estados rojos.

¿Todo esto tiene que ver con las muertes por desesperación en el este central del país? No. Pensemos en nuestros cuatro estados con mayor población. En 1990, Texas y Florida tenían una esperanza de vida superior a la de Nueva York y casi la misma que California; hoy, están muy por debajo.

¿Qué explica la divergencia? Ciertamente, las políticas públicas tienen algo que ver, en especial en los últimos años, dado que los estados azules expandieron Medicaid y redujeron de manera drástica la cantidad de personas sin seguro, en tanto que la mayoría de los estados rojos no lo hizo.

La creciente brecha en los niveles educativos seguramente también influyó: la gente con más estudios tiende a ser más saludable que las personas que han realizado menos estudios.

Comencemos con la parte de la vida: las áreas con tendencia demócrata solían parecerse a las áreas con tendencia republicana en términos de productividad, ingreso y educación.

Sin embargo, han venido bifurcándose rápidamente; las áreas azules se han vuelto más productivas, ricas y con un nivel educativo más alto. En la reñida elección presidencial en el año 2000, los condados que apoyaron a Al Gore más que a George W. Bush representaron sólo un poco más de la mitad de la producción económica nacional.

En las cerradas elecciones de 2016, los condados que apoyaron a Hillary Clinton representaron 64 por ciento de la producción, casi el doble del porcentaje representado por los partidarios de Trump.

La cuestión es que la división entre azul y rojo no sólo tiene que ver con el dinero. También se ha vuelto cada vez más una cuestión de vida o muerte.

No obstante, la brecha de mortalidad se ha ampliado de manera considerable en años recientes a consecuencia de una mayor mortalidad entre los estadounidenses en edad productiva.

Lo que no he visto enfatizado es la divergencia en la esperanza de vida dentro del país y su estrecha correlación con la orientación política. Es cierto, un artículo reciente del Times sobre el fenómeno observaba que la esperanza de vida en las áreas costeras sigue aumentando casi tan rápido como la esperanza de vida en otros países avanzados. No obstante, la división regional es mucho más profunda.

Un artículo de 2018 en The Journal of the American Medical Association expuso los resultados de una investigación de los cambios en la salud y la esperanza de vida en los estados estadounidenses entre 1990 y 2016.

La divergencia entre estados es abrumadora y, como dije, guarda una estrecha relación con la orientación política.

Analicé los estados que votaron por Donald Trump en comparación con los estados que votaron por Clinton en 2016 y calculé la esperanza de vida promedio según su población en ese año.

En 1990, los estados que hoy son rojos y azules tenían casi la misma esperanza de vida. No obstante, desde entonces, la esperanza de vida en los estados de Clinton ha aumentado más o menos a la par que en otros países avanzados, en contraste con la mejoría casi nula en las regiones que simpatizan con Trump. En este momento, los residentes de los estados azules pueden esperar vivir más que sus connacionales en estados rojos.

¿Todo esto tiene que ver con las muertes por desesperación en el este central del país? No. Pensemos en nuestros cuatro estados con mayor población. En 1990, Texas y Florida tenían una esperanza de vida superior a la de Nueva York y casi la misma que California; hoy, están muy por debajo.

¿Qué explica la divergencia? Ciertamente, las políticas públicas tienen algo que ver, en especial en los últimos años, dado que los estados azules expandieron Medicaid y redujeron de manera drástica la cantidad de personas sin seguro, en tanto que la mayoría de los estados rojos no lo hizo.

La creciente brecha en los niveles educativos seguramente también influyó: la gente con más estudios tiende a ser más saludable que las personas que han realizado menos estudios.

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