/ viernes 10 de enero de 2020

La música

La semana pasada leí un articulo que me llamó mucho la atención, en el que se habla de luces, sombras y oscuridad en la educación. Si bien coincidimos, en algunos argumentos, ideas como que se incluyó en el texto constitucional como prioridad a la música “sin argumentos”, calificándolo de un despropósito. La afirmación para los que estamos en la práctica y nos hemos especializado en educación (tengo un posdoctorado en la materia, he coordinado el Máster en Educación y Gobierno en la Universidad de Alcalá, por lo que creo que puedo opinar del tema) nos parece que negarle importancia a la música es un despropósito usando el término como un eufemismo.

La importancia de la música en la educación es evidente. Desde la antigüedad, tanto griegos como chinos incluyeron la música como parte fundamental de la educación. Dewey y Piaget coincidieron en su valor cognoscitivo y formativo.

En la actualidad, prácticamente todas las tendencias van a la integralidad en la formación donde la música es primordial. La evidencia sobre el impacto de la música en la educación es vastísima: ayuda al desarrollo del lenguaje, mejora las capacidades sociales, fortalece la formación neuronal al desarrollar la capacidad en ambos hemisferios cerebrales y mejora el desempeño en las pruebas de manera sustantiva.

Un estudio de Christopher Johnson de la Universidad de Kansas, reveló que los estudiantes de educación básica con educación musical tenían resultados 22 por ciento más altos en lenguaje y 20 por ciento más altos en matemáticas en pruebas estandarizadas comparado con quienes no tuvieron programas que incluyeron música.

Este tipo de afirmaciones en las que se descalifica el papel de la música, provienen de un error conceptual grave que es considerar que la educación artística o física no son actividades cognoscitivas o que son perimetrales cuando realmente son esenciales para el desarrollo de la persona y de la educación. Einstein afirmó: “si no fuera físico, probablemente sería músico. A menudo pienso en música. Vivo mis sueños en música. Veo mi vida en términos musicales. No puedo decir que se habría podido hacer una pieza creativa de importancia en la música, pero sí sé que lo más alegría me da en la vida es mi violín”.

La Reforma Constitucional se basó en una consulta muy amplia, en foros en todo el país donde en prácticamente todas las entidades, las y los maestros, así como familias, pusieron sobre la mesa también la importancia de la música. El problema no es si la música se incluyó en la Constitución, el verdadero problema es si tendremos la capacidad de llevar educación artística y musical a las escuelas de la Ciudad. XXX Twitter: @LuisH_Fernandez

La semana pasada leí un articulo que me llamó mucho la atención, en el que se habla de luces, sombras y oscuridad en la educación. Si bien coincidimos, en algunos argumentos, ideas como que se incluyó en el texto constitucional como prioridad a la música “sin argumentos”, calificándolo de un despropósito. La afirmación para los que estamos en la práctica y nos hemos especializado en educación (tengo un posdoctorado en la materia, he coordinado el Máster en Educación y Gobierno en la Universidad de Alcalá, por lo que creo que puedo opinar del tema) nos parece que negarle importancia a la música es un despropósito usando el término como un eufemismo.

La importancia de la música en la educación es evidente. Desde la antigüedad, tanto griegos como chinos incluyeron la música como parte fundamental de la educación. Dewey y Piaget coincidieron en su valor cognoscitivo y formativo.

En la actualidad, prácticamente todas las tendencias van a la integralidad en la formación donde la música es primordial. La evidencia sobre el impacto de la música en la educación es vastísima: ayuda al desarrollo del lenguaje, mejora las capacidades sociales, fortalece la formación neuronal al desarrollar la capacidad en ambos hemisferios cerebrales y mejora el desempeño en las pruebas de manera sustantiva.

Un estudio de Christopher Johnson de la Universidad de Kansas, reveló que los estudiantes de educación básica con educación musical tenían resultados 22 por ciento más altos en lenguaje y 20 por ciento más altos en matemáticas en pruebas estandarizadas comparado con quienes no tuvieron programas que incluyeron música.

Este tipo de afirmaciones en las que se descalifica el papel de la música, provienen de un error conceptual grave que es considerar que la educación artística o física no son actividades cognoscitivas o que son perimetrales cuando realmente son esenciales para el desarrollo de la persona y de la educación. Einstein afirmó: “si no fuera físico, probablemente sería músico. A menudo pienso en música. Vivo mis sueños en música. Veo mi vida en términos musicales. No puedo decir que se habría podido hacer una pieza creativa de importancia en la música, pero sí sé que lo más alegría me da en la vida es mi violín”.

La Reforma Constitucional se basó en una consulta muy amplia, en foros en todo el país donde en prácticamente todas las entidades, las y los maestros, así como familias, pusieron sobre la mesa también la importancia de la música. El problema no es si la música se incluyó en la Constitución, el verdadero problema es si tendremos la capacidad de llevar educación artística y musical a las escuelas de la Ciudad. XXX Twitter: @LuisH_Fernandez

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