/ miércoles 23 de junio de 2021

La necesaria representatividad

En la primera legislatura de su administración en 1962, el presidente Adolfo López Mateos propuso y fue aprobada por el Congreso la Reforma Electoral que con los diputados de partido abrió la puerta a una más amplia representatividad y pluralidad democrática en el Poder Legislativo. En los considerandos de su iniciativa López Mateos consideraba que los votos no ganadores eran sufragios perdidos, que sin embargo deberían significar una parte importante de la voluntad de los ciudadanos.

Los diputados de partido fueron un primer paso para las sucesivas reformas electorales que con Luis Echeverría y la de 1989 ampliaron las bases para captar el voto ciudadano hoy traducido en los diputados y senadores plurinominales. México no es el único país que ha adoptado este sistema de amplia representatividad, como lo demuestran los numerosos ejemplos de votación sobre listas presentadas por los diversos partidos que obtienen asientos en congresos o parlamentos según el número de votos alcanzado en las urnas.

Dentro de las tres reformas constitucionales anunciadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador en la segunda mitad de su administración, destaca la intención de suprimir los 200 diputados plurinominales y seguramente los 32 senadores que resultan del mismo sistema. El lunes pasado mismo, en su conferencia mañanera, López Obrador persiste y firma el propósito de desaparecer a los legisladores plurinominales, producto del método perfeccionado con las últimas modificaciones y actualmente en vigor. Persiste y firma. La iniciativa será enviada al Congreso no obstante que en las últimas elecciones legislativas el partido Morena y sus dos aliados principales, Verde Ecologista y del Trabajo no alcanzan la mayoría calificada que permite reformas a la Constitución.

El empeño de López Obrador va adelante pese a que la idea de la supresión de los plurinominales ha encontrado un rechazo general en la opinión pública del país y que, incluso, en un primer momento provocó una declaración del dirigente del PT, Alberto Anaya, sobre su negativa a acompañar el proyecto del presidente relativo a los diputados plurinominales. Aunque pronto el sempiterno líder petista, cual San Pedro arrepentido de haber negado la voluntad de su Señor, se desdijo de su dicho inicial, López Obrador no cuenta con un apoyo generalizado de las fuerzas políticas, incluso la de sus adictos para llevar adelante la totalidad de las propuestas contenidas en sus tres anunciadas reformas constitucionales.

La supuesta desaparición de los diputados de partido podría ser tomada como una más de las ocurrencias de López Obrador desde su campaña política. Pero no es tal. Con esa modificación constitucional López Obrador espera consolidar una mayoría legislativa basada en la eliminación de una parte importante de los diputados de oposición como son los plurinominales surgidos de los partidos de oposición.

En la primera legislatura de su administración en 1962, el presidente Adolfo López Mateos propuso y fue aprobada por el Congreso la Reforma Electoral que con los diputados de partido abrió la puerta a una más amplia representatividad y pluralidad democrática en el Poder Legislativo. En los considerandos de su iniciativa López Mateos consideraba que los votos no ganadores eran sufragios perdidos, que sin embargo deberían significar una parte importante de la voluntad de los ciudadanos.

Los diputados de partido fueron un primer paso para las sucesivas reformas electorales que con Luis Echeverría y la de 1989 ampliaron las bases para captar el voto ciudadano hoy traducido en los diputados y senadores plurinominales. México no es el único país que ha adoptado este sistema de amplia representatividad, como lo demuestran los numerosos ejemplos de votación sobre listas presentadas por los diversos partidos que obtienen asientos en congresos o parlamentos según el número de votos alcanzado en las urnas.

Dentro de las tres reformas constitucionales anunciadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador en la segunda mitad de su administración, destaca la intención de suprimir los 200 diputados plurinominales y seguramente los 32 senadores que resultan del mismo sistema. El lunes pasado mismo, en su conferencia mañanera, López Obrador persiste y firma el propósito de desaparecer a los legisladores plurinominales, producto del método perfeccionado con las últimas modificaciones y actualmente en vigor. Persiste y firma. La iniciativa será enviada al Congreso no obstante que en las últimas elecciones legislativas el partido Morena y sus dos aliados principales, Verde Ecologista y del Trabajo no alcanzan la mayoría calificada que permite reformas a la Constitución.

El empeño de López Obrador va adelante pese a que la idea de la supresión de los plurinominales ha encontrado un rechazo general en la opinión pública del país y que, incluso, en un primer momento provocó una declaración del dirigente del PT, Alberto Anaya, sobre su negativa a acompañar el proyecto del presidente relativo a los diputados plurinominales. Aunque pronto el sempiterno líder petista, cual San Pedro arrepentido de haber negado la voluntad de su Señor, se desdijo de su dicho inicial, López Obrador no cuenta con un apoyo generalizado de las fuerzas políticas, incluso la de sus adictos para llevar adelante la totalidad de las propuestas contenidas en sus tres anunciadas reformas constitucionales.

La supuesta desaparición de los diputados de partido podría ser tomada como una más de las ocurrencias de López Obrador desde su campaña política. Pero no es tal. Con esa modificación constitucional López Obrador espera consolidar una mayoría legislativa basada en la eliminación de una parte importante de los diputados de oposición como son los plurinominales surgidos de los partidos de oposición.