/ lunes 18 de junio de 2018

La reconstrucción de México I

México cambiará en 2018, las circunstancias externas e internas lo hacen inevitable.

La imposición de nuevos aranceles de China a Estados Unidos ha puesto en claro que sigue viva la guerra comercial entre ambas potencias. La breve tregua ha terminado.

La ruptura en el G-7, el fuerte discurso de Trump contra Trudeau, la respuesta del parlamento canadiense en respaldo a su primer ministro, las declaraciones de Angela Merkel en contra de la postura proteccionista de Estados Unidos y la alianza entre China, Rusia y la India, forman parte de la serie de eventos globales que anuncian un profundo cambio en el marco institucional que ha prevalecido desde la Segunda Guerra Mundial y el cual se acentuó después del colapso de la Unión Soviética.

Todo ello ocurre al mismo tiempo que las tasas siguen incrementándose. La decisión de la Reserva Federal de elevarla tendrá eco mundial: en el corto plazo a través de los capitales especulativos y la variación en los tipos de cambio que ello implica. Después en los efectos negativos sobre la inversión y el consumo.

El resto del mundo deberá actuar en consecuencia si desean moderar la salida de capitales y estar atento a que en el segundo semestre podrían observarse nuevos movimientos del banco central norteamericano.

Para México no es una buena noticia porque el alza en las tasas de interés se da en un momento en donde la salida de recursos financieros ya había llevado la cotización a casi 21 pesos por dólar y provocado un incremento en la inflación de los productores.

La expectativa de una política monetaria más restrictiva se da al mismo tiempo en que la prospectiva respecto a la negociación del TLCAN es poco favorable. ¿Quién puede pensar que Trudeau y Trump se podrán sentar a negociar después de las fuertes declaraciones emitidas la semana pasada?

Si bien se anunció que la renegociación comenzará en julio se debe ser claro que ello ocurrirá en un nuevo contexto. Después de la imposición de aranceles que Estados Unidos decretó contra la importación de acero y aluminio de sus socios en América del Norte, de la respuesta de los mismos y de las fricciones con Canadá antes comentadas, debe ser claro que Trump seguirá presionando para obtener los resultados que desea.

Al mismo tiempo México tendrá que comenzar a renegociar incorporando la visión del próximo gobierno electo, un hecho que reclamará una intensa negociación interna para poder presentar un frente común a las presiones de Estados Unidos.

La tarea no será nada fácil porque se requiere una visión que vaya más allá del tema comercial.

Si México sigue pensando que se puede rescatar la filosofía del TLCAN vigente estará cometiendo un gran error. Trump quiere recuperar la producción de las manufacturas, las ventajas comparativas que delinearon la arquitectura del TLCAN no le son válidas. Tampoco lo es el multilateralismo que se construyó en los últimos 70 años.

México deberá cambiar: se requiere una visión que busque reconstruir la industria nacional, que la dote de nuevas capacidades productivas y que eleve los encadenamientos entre empresas que producen en el país. Justamente lo que se abandonó desde 1986.

México cambiará en 2018, las circunstancias externas e internas lo hacen inevitable.

La imposición de nuevos aranceles de China a Estados Unidos ha puesto en claro que sigue viva la guerra comercial entre ambas potencias. La breve tregua ha terminado.

La ruptura en el G-7, el fuerte discurso de Trump contra Trudeau, la respuesta del parlamento canadiense en respaldo a su primer ministro, las declaraciones de Angela Merkel en contra de la postura proteccionista de Estados Unidos y la alianza entre China, Rusia y la India, forman parte de la serie de eventos globales que anuncian un profundo cambio en el marco institucional que ha prevalecido desde la Segunda Guerra Mundial y el cual se acentuó después del colapso de la Unión Soviética.

Todo ello ocurre al mismo tiempo que las tasas siguen incrementándose. La decisión de la Reserva Federal de elevarla tendrá eco mundial: en el corto plazo a través de los capitales especulativos y la variación en los tipos de cambio que ello implica. Después en los efectos negativos sobre la inversión y el consumo.

El resto del mundo deberá actuar en consecuencia si desean moderar la salida de capitales y estar atento a que en el segundo semestre podrían observarse nuevos movimientos del banco central norteamericano.

Para México no es una buena noticia porque el alza en las tasas de interés se da en un momento en donde la salida de recursos financieros ya había llevado la cotización a casi 21 pesos por dólar y provocado un incremento en la inflación de los productores.

La expectativa de una política monetaria más restrictiva se da al mismo tiempo en que la prospectiva respecto a la negociación del TLCAN es poco favorable. ¿Quién puede pensar que Trudeau y Trump se podrán sentar a negociar después de las fuertes declaraciones emitidas la semana pasada?

Si bien se anunció que la renegociación comenzará en julio se debe ser claro que ello ocurrirá en un nuevo contexto. Después de la imposición de aranceles que Estados Unidos decretó contra la importación de acero y aluminio de sus socios en América del Norte, de la respuesta de los mismos y de las fricciones con Canadá antes comentadas, debe ser claro que Trump seguirá presionando para obtener los resultados que desea.

Al mismo tiempo México tendrá que comenzar a renegociar incorporando la visión del próximo gobierno electo, un hecho que reclamará una intensa negociación interna para poder presentar un frente común a las presiones de Estados Unidos.

La tarea no será nada fácil porque se requiere una visión que vaya más allá del tema comercial.

Si México sigue pensando que se puede rescatar la filosofía del TLCAN vigente estará cometiendo un gran error. Trump quiere recuperar la producción de las manufacturas, las ventajas comparativas que delinearon la arquitectura del TLCAN no le son válidas. Tampoco lo es el multilateralismo que se construyó en los últimos 70 años.

México deberá cambiar: se requiere una visión que busque reconstruir la industria nacional, que la dote de nuevas capacidades productivas y que eleve los encadenamientos entre empresas que producen en el país. Justamente lo que se abandonó desde 1986.

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