/ lunes 21 de enero de 2019

La reconstrucción del Estado mexicano

México no es un país pobre, es un país de pobres. Hechos lamentables como el de Tlahuelilpan muestran el costo de la marginación y el riesgo que corren sus vidas.

En el México de hoy persisten realidades contradictorias: una parte tiene niveles de bienestar comparables a los que existen en naciones desarrolladas y otra vive en la pobreza, en una precariedad centenaria: en Chiapas, Oaxaca y Guerrero más de 65 por ciento de sus pobladores son pobres y trabajan en la informalidad.

En sus comunidades no hay empresas en donde encontrar un empleo formal con acceso a seguridad social.

Por otro lado, hay regiones plenamente integradas a los mercados internacionales, que fabrican productos demandados en los mercados de Estados Unidos, Europa o Asia. Si bien gran parte de las exportaciones son maquila de bajo valor agregado, ello es suficiente para que tengan un ingreso superior al resto del país.

Normalmente son entidades industrializadas o con servicios más especializados, como la Ciudad de México. Gracias a ello pueden tener un mayor nivel de bienestar.

¿Cuál es la realidad de México? Todas las citadas. Son el resultado de un modelo económico que no genera bienestar con bases productivas para todos.

La fragmentación de México es resultado del colapso del Estado de bienestar asistencialista que existió hasta los años 70 del siglo XX. Su descomposición dio paso a un Estado de liberalización económica dogmática que tiene sumida a la economía en un crecimiento de 2 por ciento.

¿Por qué ambos modelos fracasaron? Fueron operados por un Estado corporativo que veló por los intereses que lo llevaron al poder, no por un proyecto de país de mediano y largo plazos incluyente para todos.

Durante los últimos 70 años, el Estado corporativo pudo mimetizarse para garantizar su prevalencia, el corporativismo llego a negar sus raíces para sobrevivir y responder a los intereses para los que fue creado.

El problema que México enfrenta en estos momentos es que ello ha propiciado contradicciones que atentan contra la estabilidad social, que han roto los lazos solidarios de un país históricamente caracterizado por la fraternidad y calidez de su gente. Así lo ha demostrado en más de una ocasión, algo especialmente visible cuando los desastres naturales han rebasado a las instituciones públicas: empresas y sociedad han debido hacerse cargo de resolver la emergencia.

Las contradicciones que atentan contra la viabilidad del Estado mexicano lo han puesto como Estado capturado y se corre el riesgo de que dichos intereses lo transformen en un Estado fallido, un riesgo que no debe correr la población de la economía 15 del mundo, mexicanos que a inicios de la década de los años 80 formaron parte de una economía que era la octava del mundo y que en la década de los 70 del siglo pasado disfrutó de un crecimiento económico superior al 6 por ciento con una inflación inferior a 2.5 por ciento. Una estabilidad macroeconómica basada en productividad.

Hoy, en la nueva etapa de globalización, México debe encontrar su propio modelo de desarrollo. El objetivo no debe ser otro que el de generar crecimiento y bienestar social, México lo requiere, los mexicanos lo merecen. Perdonar la corrupción puede llevar a preservar al Estado corporativo que desvirtúo el destino del país.

México no es un país pobre, es un país de pobres. Hechos lamentables como el de Tlahuelilpan muestran el costo de la marginación y el riesgo que corren sus vidas.

En el México de hoy persisten realidades contradictorias: una parte tiene niveles de bienestar comparables a los que existen en naciones desarrolladas y otra vive en la pobreza, en una precariedad centenaria: en Chiapas, Oaxaca y Guerrero más de 65 por ciento de sus pobladores son pobres y trabajan en la informalidad.

En sus comunidades no hay empresas en donde encontrar un empleo formal con acceso a seguridad social.

Por otro lado, hay regiones plenamente integradas a los mercados internacionales, que fabrican productos demandados en los mercados de Estados Unidos, Europa o Asia. Si bien gran parte de las exportaciones son maquila de bajo valor agregado, ello es suficiente para que tengan un ingreso superior al resto del país.

Normalmente son entidades industrializadas o con servicios más especializados, como la Ciudad de México. Gracias a ello pueden tener un mayor nivel de bienestar.

¿Cuál es la realidad de México? Todas las citadas. Son el resultado de un modelo económico que no genera bienestar con bases productivas para todos.

La fragmentación de México es resultado del colapso del Estado de bienestar asistencialista que existió hasta los años 70 del siglo XX. Su descomposición dio paso a un Estado de liberalización económica dogmática que tiene sumida a la economía en un crecimiento de 2 por ciento.

¿Por qué ambos modelos fracasaron? Fueron operados por un Estado corporativo que veló por los intereses que lo llevaron al poder, no por un proyecto de país de mediano y largo plazos incluyente para todos.

Durante los últimos 70 años, el Estado corporativo pudo mimetizarse para garantizar su prevalencia, el corporativismo llego a negar sus raíces para sobrevivir y responder a los intereses para los que fue creado.

El problema que México enfrenta en estos momentos es que ello ha propiciado contradicciones que atentan contra la estabilidad social, que han roto los lazos solidarios de un país históricamente caracterizado por la fraternidad y calidez de su gente. Así lo ha demostrado en más de una ocasión, algo especialmente visible cuando los desastres naturales han rebasado a las instituciones públicas: empresas y sociedad han debido hacerse cargo de resolver la emergencia.

Las contradicciones que atentan contra la viabilidad del Estado mexicano lo han puesto como Estado capturado y se corre el riesgo de que dichos intereses lo transformen en un Estado fallido, un riesgo que no debe correr la población de la economía 15 del mundo, mexicanos que a inicios de la década de los años 80 formaron parte de una economía que era la octava del mundo y que en la década de los 70 del siglo pasado disfrutó de un crecimiento económico superior al 6 por ciento con una inflación inferior a 2.5 por ciento. Una estabilidad macroeconómica basada en productividad.

Hoy, en la nueva etapa de globalización, México debe encontrar su propio modelo de desarrollo. El objetivo no debe ser otro que el de generar crecimiento y bienestar social, México lo requiere, los mexicanos lo merecen. Perdonar la corrupción puede llevar a preservar al Estado corporativo que desvirtúo el destino del país.

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