/ domingo 31 de mayo de 2020

La salud social con buenas prácticas

La racionalidad o nuestro sentido de conservación, indica que nuestros pasos han de dirigirse al fortalecimiento de una “cultura de la salud”. Cultivar un estilo de vida activo, saludable, creativo, cooperativo y solidario, en donde no tenga cabida el alimento, la palabra, el pensamiento, o la acción “chatarra”, es decir a todo aquello que no nutra o beneficie al bien común o personal. Suena raro una “dieta” de este tipo, pero será parte de la “normalidad diferente”, del bien vivir y el bien ser.

Sin duda que abrir esa puerta, nos ofrece más oportunidades en la vida y de vida para la presente y futuras generaciones.

Recordando lo mencionado en este espacio, en noviembre de hace seis años: El “pergamino de vida” en las personas se puede observar con base en la “inscripción de sus cuerpos”. No nos referimos a los tatuajes en la piel, nos referimos a algo más profundo e indeleble, a las huellas y marcas que quedan registrados por los estilos de vida saludables y los de riesgos (por ejemplo: adicciones y la inactividad física, entre otros factores). Ambos estilos de vida dejan marcas y efectos con rutas diferentes en el área física, psicológica, social, en el entorno y espiritual.

Lo anterior invita hacer suposiciones ¿A qué acervo histórico-cultural echar mano para contribuir a la esfera del bien común y personal en salud física, emocional, espiritual? ¿Cuáles hábitos – costumbres - rutinas abonan a las buenas prácticas y a su vez a la salud comunitaria, familiar e individual?

La comprensión del contexto y necesidad de evolucionar son ideas claras, como “el que se adapte a su entorno sobrevivirá“. Vivimos frente a retos y oportunidades del cambio de paradigmas en la cotidianidad vinculados a la nueva normalidad.

Asomémonos al pensamiento de dos expertos del tema del adulto mayor constituyen rasgos predominantes de la humanidad que permanecerán y trasciende del ciclo de vida y la edad cronológica:

“El énfasis en un ideal joven y un imaginario asentado en la productividad van unidos. La belleza, la lozanía […] como atributos” (Northcott, 1975).

“Deben formar parte de la comunidad […] y ser competentes para establecer lazos de empatía con los demás” (Hunt, 2009).

Coincidiremos que un cambio personal, a una vida activa y saludable, es un proceso propio. Pudiera argumentarse: el sujeto de cambio es el principal protagonista, ninguna persona logra cambiar a otra persona, nadie puede cambiar por nosotros, cada persona deberá culminar su propia ruta para constituir su transformación personal en el tema de la salud. Acudamos a expertos.

Tomemos la ruta de transformarnos en un valioso “cuerpo-territorio”, veamos nuestro cuerpo, como un territorio que se cuida y defiende en tiempo y forma. Hace quince días, se comentó con la reapertura de la economía: que se base en una economía con defensa de la vida, generando el buen vivir y el buen ser.

Focalicemos, seamos participativos y corresponsables, no dejemos para mañana la defensa de la vida, iniciemos con propias acciones. Prioricemos la activación física, salud preventiva, funcionalidad, correcta alimentación, pero, también la fraternidad, solidaridad y cooperación.

Concluyendo, frente a cualquier crisis o problema existe una oportunidad de cambio, en este caso, a una vida activa y saludable. En el contexto actual, quienes estén en espacios con semáforo rojo, no querer pasarse de listo, la factura llega y puede tener un costo muy alto… Quédate en casa, sana distancia y cumplamos lo que indiquen las Autoridades.


hazael.ruiz@hotmail.com


La racionalidad o nuestro sentido de conservación, indica que nuestros pasos han de dirigirse al fortalecimiento de una “cultura de la salud”. Cultivar un estilo de vida activo, saludable, creativo, cooperativo y solidario, en donde no tenga cabida el alimento, la palabra, el pensamiento, o la acción “chatarra”, es decir a todo aquello que no nutra o beneficie al bien común o personal. Suena raro una “dieta” de este tipo, pero será parte de la “normalidad diferente”, del bien vivir y el bien ser.

Sin duda que abrir esa puerta, nos ofrece más oportunidades en la vida y de vida para la presente y futuras generaciones.

Recordando lo mencionado en este espacio, en noviembre de hace seis años: El “pergamino de vida” en las personas se puede observar con base en la “inscripción de sus cuerpos”. No nos referimos a los tatuajes en la piel, nos referimos a algo más profundo e indeleble, a las huellas y marcas que quedan registrados por los estilos de vida saludables y los de riesgos (por ejemplo: adicciones y la inactividad física, entre otros factores). Ambos estilos de vida dejan marcas y efectos con rutas diferentes en el área física, psicológica, social, en el entorno y espiritual.

Lo anterior invita hacer suposiciones ¿A qué acervo histórico-cultural echar mano para contribuir a la esfera del bien común y personal en salud física, emocional, espiritual? ¿Cuáles hábitos – costumbres - rutinas abonan a las buenas prácticas y a su vez a la salud comunitaria, familiar e individual?

La comprensión del contexto y necesidad de evolucionar son ideas claras, como “el que se adapte a su entorno sobrevivirá“. Vivimos frente a retos y oportunidades del cambio de paradigmas en la cotidianidad vinculados a la nueva normalidad.

Asomémonos al pensamiento de dos expertos del tema del adulto mayor constituyen rasgos predominantes de la humanidad que permanecerán y trasciende del ciclo de vida y la edad cronológica:

“El énfasis en un ideal joven y un imaginario asentado en la productividad van unidos. La belleza, la lozanía […] como atributos” (Northcott, 1975).

“Deben formar parte de la comunidad […] y ser competentes para establecer lazos de empatía con los demás” (Hunt, 2009).

Coincidiremos que un cambio personal, a una vida activa y saludable, es un proceso propio. Pudiera argumentarse: el sujeto de cambio es el principal protagonista, ninguna persona logra cambiar a otra persona, nadie puede cambiar por nosotros, cada persona deberá culminar su propia ruta para constituir su transformación personal en el tema de la salud. Acudamos a expertos.

Tomemos la ruta de transformarnos en un valioso “cuerpo-territorio”, veamos nuestro cuerpo, como un territorio que se cuida y defiende en tiempo y forma. Hace quince días, se comentó con la reapertura de la economía: que se base en una economía con defensa de la vida, generando el buen vivir y el buen ser.

Focalicemos, seamos participativos y corresponsables, no dejemos para mañana la defensa de la vida, iniciemos con propias acciones. Prioricemos la activación física, salud preventiva, funcionalidad, correcta alimentación, pero, también la fraternidad, solidaridad y cooperación.

Concluyendo, frente a cualquier crisis o problema existe una oportunidad de cambio, en este caso, a una vida activa y saludable. En el contexto actual, quienes estén en espacios con semáforo rojo, no querer pasarse de listo, la factura llega y puede tener un costo muy alto… Quédate en casa, sana distancia y cumplamos lo que indiquen las Autoridades.


hazael.ruiz@hotmail.com