/ martes 16 de abril de 2019

La Suprema Corte no sabe comunicarse

En los últimos cuatro meses, se han presentado iniciativas de ley en el Senado de la República para restructurar el Poder Judicial de la Federación, el Consejo de la Judicatura o a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El senador Monreal destaca que las iniciativas se deben, en parte, a que la sociedad tiene una mala percepción de los jueces y de la Corte y en esto tiene razón. El problema es que la Suprema Corte de Justicia no sabe transmitir la importancia de su trabajo.

La academia, las barras, los colegios y, en general, el gremio de abogados no hemos recibido con agrado las iniciativas. El punto es que las personas involucradas en el medio judicial sabemos que hacen los jueces y la Corte y por ello, nos mostramos críticos a las propuestas que se han hecho. La legitimidad del poder judicial no emana del voto universal, libre y secreto, ni los jueces deben ser populares; sin embargo, esto no es sinónimo de que los jueces están alejados de la sociedad. Hoy, más que nunca, la Suprema Corte y el Consejo de la Judicatura Federal deben difundir qué hacen, en qué condiciones y cuál es la importancia concreta de su quehacer. Que nuestra sociedad los evalúe por sus méritos, y no por ideas preconcebidas, clichés (o solo por sus remuneraciones).

Dos ejemplos de mala comunicación: la Segunda Sala de la Corte reconfiguró los derechos de seguridad social en el trabajo doméstico casi a la par de la amplia difusión de la película Roma. Mientras que la película de Alfonso Cuarón y la actuación de Yalitza Aparicio permitieron visibilizar el trabajo doméstico y poner el tema en el centro del debate público, el Máximo Tribunal del país resolvía una sentencia que creaba un proyecto piloto en el IMSS para este ámbito.

La Corte no lo divulgó. Al menos, no con la fuerza necesaria para dar cuenta de su trascendencia en lo social y como contrapeso institucional.

La Primera Sala de la Corte declaró ilícito que la extinta Procuraduría General de la República interviniera cuentas bancarias sin que un juez lo autorizara previamente. Sobre esto, la PGR fue excelente para culpar a la Corte de todos sus fracasos en los procesos contra Javier Duarte y Elba Esther Gordillo, un ejercicio de comunicación exitoso, con mensajes simples y para la sociedad que dejó malparados a los jueces. La Corte no reaccionó.

Insisto: la función de un juez es contramayoritaria y, en general, la decisión no es bien recibida. Lo anterior no está peleado con explicar las razones de las sentencias y sus alcances en un lenguaje sencillo. El anuncio de radio que nos dice que la Constitución contiene nuestros derechos y la Corte los protege, no le dice nada a la sociedad. La Corte necesita traducir. La sociedad agradecería mucho que se ejemplificará con casos concretos qué es lo que hacen y en qué condiciones.

Los jueces necesitan crear un puente comunicativo con la sociedad y el pueblo de México. El diálogo que se ha establecido con la academia y con la sociedad civil está muy bien, pero hoy no es suficiente. Su legitimidad no puede emanar del diálogo en ciertos círculos; y tienen suficientes sentencias para dar cuenta de su relevancia en la vida del país a todo el pueblo de México, sólo falta que las expliquen.

Doctor en Derecho

@jangulonobara

En los últimos cuatro meses, se han presentado iniciativas de ley en el Senado de la República para restructurar el Poder Judicial de la Federación, el Consejo de la Judicatura o a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El senador Monreal destaca que las iniciativas se deben, en parte, a que la sociedad tiene una mala percepción de los jueces y de la Corte y en esto tiene razón. El problema es que la Suprema Corte de Justicia no sabe transmitir la importancia de su trabajo.

La academia, las barras, los colegios y, en general, el gremio de abogados no hemos recibido con agrado las iniciativas. El punto es que las personas involucradas en el medio judicial sabemos que hacen los jueces y la Corte y por ello, nos mostramos críticos a las propuestas que se han hecho. La legitimidad del poder judicial no emana del voto universal, libre y secreto, ni los jueces deben ser populares; sin embargo, esto no es sinónimo de que los jueces están alejados de la sociedad. Hoy, más que nunca, la Suprema Corte y el Consejo de la Judicatura Federal deben difundir qué hacen, en qué condiciones y cuál es la importancia concreta de su quehacer. Que nuestra sociedad los evalúe por sus méritos, y no por ideas preconcebidas, clichés (o solo por sus remuneraciones).

Dos ejemplos de mala comunicación: la Segunda Sala de la Corte reconfiguró los derechos de seguridad social en el trabajo doméstico casi a la par de la amplia difusión de la película Roma. Mientras que la película de Alfonso Cuarón y la actuación de Yalitza Aparicio permitieron visibilizar el trabajo doméstico y poner el tema en el centro del debate público, el Máximo Tribunal del país resolvía una sentencia que creaba un proyecto piloto en el IMSS para este ámbito.

La Corte no lo divulgó. Al menos, no con la fuerza necesaria para dar cuenta de su trascendencia en lo social y como contrapeso institucional.

La Primera Sala de la Corte declaró ilícito que la extinta Procuraduría General de la República interviniera cuentas bancarias sin que un juez lo autorizara previamente. Sobre esto, la PGR fue excelente para culpar a la Corte de todos sus fracasos en los procesos contra Javier Duarte y Elba Esther Gordillo, un ejercicio de comunicación exitoso, con mensajes simples y para la sociedad que dejó malparados a los jueces. La Corte no reaccionó.

Insisto: la función de un juez es contramayoritaria y, en general, la decisión no es bien recibida. Lo anterior no está peleado con explicar las razones de las sentencias y sus alcances en un lenguaje sencillo. El anuncio de radio que nos dice que la Constitución contiene nuestros derechos y la Corte los protege, no le dice nada a la sociedad. La Corte necesita traducir. La sociedad agradecería mucho que se ejemplificará con casos concretos qué es lo que hacen y en qué condiciones.

Los jueces necesitan crear un puente comunicativo con la sociedad y el pueblo de México. El diálogo que se ha establecido con la academia y con la sociedad civil está muy bien, pero hoy no es suficiente. Su legitimidad no puede emanar del diálogo en ciertos círculos; y tienen suficientes sentencias para dar cuenta de su relevancia en la vida del país a todo el pueblo de México, sólo falta que las expliquen.

Doctor en Derecho

@jangulonobara

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