/ martes 18 de mayo de 2021

La torita

Enfundado en las faldas y usando el nombre de su hija, Félix Salgado Macedonio violenta nuevamente los derechos de las mujeres y se burla de la ley. Él es quien está en campaña; quien tiene la voz cantante; incluso le puso su apodo, pero en diminutivo “la torita”, hasta en eso la hace menos.

Félix no es el primero en usar a su hija, esposa, hermana o persona cercana para llegar al poder. Juanito, el de Iztapalapa, se hizo popular cuando López Obrador lo usó en 2009 para que llegara Clara Brugada. Aunque desde antes lo hacían los partidos para burlar la ley de cuotas de género en las diputaciones. En Chiapas, en 2018, se llegó al punto de hacer renunciar a todas las mujeres integrantes de las planillas municipales para que se quedaran los señores. A esta trampa a la ley se le ha llamado con el nombre en femenino y diminutivo de ese personaje de Iztapalapa, o del gobernador de Chiapas, pero me niego a llamarles así pues reproduce los mismos estereotipos de género que debemos acabar.

Se supone que esa práctica se acabaría con la emblemática sentencia 12624 del TEPJF en el 2011 y las reformas subsecuentes, que establecieron la obligación de registrar fórmulas completas, para evitar la simulación. Lo cierto, es que a cada nueva medida legislativa, jurisdiccional o administrativa que construimos para el reconocimiento de nuestros derechos políticos, ellos se encargan de idear una nueva forma de darle la vuelta a la ley y seguir detentando el poder. Sucede en los congresos, donde el poder real se concentra en las juntas de coordinación política controladas en su mayoría por hombres, nombrados por sus partidos, dirigidos por hombres. Sucede también en los cargos ejecutivos, donde se ejercen múltiples formas de violencia para que las mujeres no sean quienes gobiernen.

En esa lógica, Evelyn funge como prestanombres, finge realizar actos de campaña y asume las obligaciones como si fueran suyas, sin embargo los beneficios serán en realidad para su padre. Es una candidata vehículo que sirve para que Félix se dirija a su objetivo, ser gobernador de Guerrero. Es una carcacha, un vehículo desvencijado, pero todavía útil, que recorre los maltratados, inseguros y empobrecidos pueblos de Guerrero, presumiendo al macho violentador que lo conduce.

Algunos argumentarán que si aún con la trampa gana, será por la “voluntad democrática” del pueblo de Guerrero, pero en un Estado democrático de derecho, Félix ni si quiera debió ser candidato pues debería estar rindiendo cuentas ante la ley por las denuncias de abuso sexual que hay en su contra. Imperó el pacto de impunidad y complicidades que protege a violentadores y les permite llegar a gobernar.

Félix no aspira a ser el poder detrás del trono, pues él lo considera suyo. Es a lo que llamo visión patrimonialista del poder. Los señores de la política se siguen sintiendo dueños de las posiciones de poder y deciden a quien poner en la silla. Mientras no modifiquemos esta realidad, la paridad seguirá siendo una aspiración de las mujeres de llegar al poder para acabar con el pacto patriarcal y transformar la vida de todas las mujeres.

Las múltiples acciones para el reconocimiento pleno de nuestros derechos políticos se enfrentan diariamente a resistencias y diversas formas de violencia. Sin embargo, estoy convencida que es tiempo de mujeres, hemos roto los límites de la masa crítica y estamos en el espacio público, dispuestas a defender cada uno de nuestros derechos, hacerlos válidos para todas, y para que el poder público atienda las demandas y necesidades de las mujeres. De eso se trata la paridad.

Enfundado en las faldas y usando el nombre de su hija, Félix Salgado Macedonio violenta nuevamente los derechos de las mujeres y se burla de la ley. Él es quien está en campaña; quien tiene la voz cantante; incluso le puso su apodo, pero en diminutivo “la torita”, hasta en eso la hace menos.

Félix no es el primero en usar a su hija, esposa, hermana o persona cercana para llegar al poder. Juanito, el de Iztapalapa, se hizo popular cuando López Obrador lo usó en 2009 para que llegara Clara Brugada. Aunque desde antes lo hacían los partidos para burlar la ley de cuotas de género en las diputaciones. En Chiapas, en 2018, se llegó al punto de hacer renunciar a todas las mujeres integrantes de las planillas municipales para que se quedaran los señores. A esta trampa a la ley se le ha llamado con el nombre en femenino y diminutivo de ese personaje de Iztapalapa, o del gobernador de Chiapas, pero me niego a llamarles así pues reproduce los mismos estereotipos de género que debemos acabar.

Se supone que esa práctica se acabaría con la emblemática sentencia 12624 del TEPJF en el 2011 y las reformas subsecuentes, que establecieron la obligación de registrar fórmulas completas, para evitar la simulación. Lo cierto, es que a cada nueva medida legislativa, jurisdiccional o administrativa que construimos para el reconocimiento de nuestros derechos políticos, ellos se encargan de idear una nueva forma de darle la vuelta a la ley y seguir detentando el poder. Sucede en los congresos, donde el poder real se concentra en las juntas de coordinación política controladas en su mayoría por hombres, nombrados por sus partidos, dirigidos por hombres. Sucede también en los cargos ejecutivos, donde se ejercen múltiples formas de violencia para que las mujeres no sean quienes gobiernen.

En esa lógica, Evelyn funge como prestanombres, finge realizar actos de campaña y asume las obligaciones como si fueran suyas, sin embargo los beneficios serán en realidad para su padre. Es una candidata vehículo que sirve para que Félix se dirija a su objetivo, ser gobernador de Guerrero. Es una carcacha, un vehículo desvencijado, pero todavía útil, que recorre los maltratados, inseguros y empobrecidos pueblos de Guerrero, presumiendo al macho violentador que lo conduce.

Algunos argumentarán que si aún con la trampa gana, será por la “voluntad democrática” del pueblo de Guerrero, pero en un Estado democrático de derecho, Félix ni si quiera debió ser candidato pues debería estar rindiendo cuentas ante la ley por las denuncias de abuso sexual que hay en su contra. Imperó el pacto de impunidad y complicidades que protege a violentadores y les permite llegar a gobernar.

Félix no aspira a ser el poder detrás del trono, pues él lo considera suyo. Es a lo que llamo visión patrimonialista del poder. Los señores de la política se siguen sintiendo dueños de las posiciones de poder y deciden a quien poner en la silla. Mientras no modifiquemos esta realidad, la paridad seguirá siendo una aspiración de las mujeres de llegar al poder para acabar con el pacto patriarcal y transformar la vida de todas las mujeres.

Las múltiples acciones para el reconocimiento pleno de nuestros derechos políticos se enfrentan diariamente a resistencias y diversas formas de violencia. Sin embargo, estoy convencida que es tiempo de mujeres, hemos roto los límites de la masa crítica y estamos en el espacio público, dispuestas a defender cada uno de nuestros derechos, hacerlos válidos para todas, y para que el poder público atienda las demandas y necesidades de las mujeres. De eso se trata la paridad.

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