/ martes 7 de abril de 2020

Las faces de la crisis

No aludo a las fases o etapas de la vigente situación crítica sino a sus FACES, que es el plural de faz, esto es, los rostros o caras que presenta el insólito fenómeno que nos aqueja, el cual origina comportamientos disímbolos, unos alentadores, otros inquietantes y otros más esperanzadores. En una misma cuadra de esta ciudad constaté los contrastaste de algunas de estas faces.


A media mañana del domingo, un músico que diariamente sale a ganar unos pesos ejecutando melodías virtuosamente extraídas de su trompeta, nos empezó a alegrar con las notas de Bésame Mucho. Al finalizar fue premiado con múltiples recompensas monetarias que caían generosamente desde los balcones de los edificios. De pronto, de las ventanas de un cuarto piso un equipo de sonido inundó la calle con música de mariachi a la que se incorporó el trompetista deleitándonos con nuestro entrañable Cielito Lindo ejecutado con sin igual maestría. Los aplausos, los “bravo” resonaron de inmediato acompañados de una nueva cascada de monedas y hasta un pequeño envoltorio de billetes que con la habilidad de un fildeador experto, capturaba en el aire con su sombrero. Les aseguro que nunca hubo tanta solidaridad ni tales muestras de regocijo compartido por parte de los vecinos con los artistas ambulantes. Fue esta una vivencia conmovedora en su dimensión humana y en lo económico parecería que la emergencia ha sido más productiva para el diligente músico que sus recorridos previos.


Empero, en la misma cuadra, horas antes, otra música se desbordaba exultante e insultante hasta las cuatro de la madrugada desde un departamento en que se solazaba un grupo numeroso de personas según lo constataba el destemplado coro que desvelaba al vecindario. Tal conducta, es la muestra de otra faz de la crisis: la de la irresponsabilidad que propicia la multiplicación de los contagios. No acaba de entenderse que QUEDARSE EN CASA, significa no salir de ella, así se trate de una convivencia familiar o amistosa en un domicilio particular y por muy significativo que sea el motivo de la reunión. Uno solo de los asistentes a ese jolgorio pudo esparcir el virus entre los contertulios quienes a su vez se convertirían en involuntarios aspersores de la epidemia. Fue ese tipo de comportamiento desaprensivo e indolente el origen de la devastación causada en Italia por el coronavirus.


Hay que reconocer que otro rostro de la actitud frente a la pandemia es el que aparece en Suecia que, como excepción a las medidas adoptadas en Europa, ha mantenido su vida normal, cuidando más la continuidad de su actividad económica y su vida social, que la eventual tasa se morbilidad. El resultado comparativo llama la atención: Italia tiene 6 veces la población de Suecia pero presenta 18 veces más enfermos, y de estos, en Italia ha muerto el 12%, en tanto que en Suecia ha fallecido el 6.6%. Por otra parte, si se compara a Suecia con Alemania, que sí se cerró, tenemos que la segunda cuenta con una población 8 veces superior a la de Suecia y su número de contagiados es 14 veces mayor, de modo que proporcionalmente se han enfermado más alemanes. La otra cara es que de los suecos que adquirieron el mal, se ha muerto el 6.6% en tanto que de los germanos ha fallecido solo el 1.5%. Ciertamente hay muchas variables en juego, pero no queda clara cuál es la mejor estrategia y para quién. ¿Qué tanta actividad económica conviene preservar y qué efecto puede tener sobre la letalidad para salir mejor librados? Es una cuestión que solo el tiempo habrá de revelarnos. Exigir, como algunos notables lo hacen, un programa emergente sin siquiera precisar su contenido, suena más a protagonismo que a colaboración sincera. Evidentemente, ellos tampoco tienen una fórmula mágica porque simplemente no existe, ni en medicina ni en economía.


De cualquier modo, algunos replanteamientos políticos y económicos ya despuntan: la necesidad de fortalecer políticas nacionalistas en tanto no exista una regulación auténticamente global, como fortalecer la producción nacional de bienes estratégicos. Es muy esperanzador ver que científicos mexicanos del IPN, la UNAM y el CONACYT se aprestan a diseñar ventiladores de fabricación nacional que nos permitan la autosuficiencia en tiempos en que las naciones se protegen, como Turquía lo hizo, reteniendo equipo médico fabricado en su país que había sido vendido a España. Igualmente importante es la producción nacional de combustible.


En el frente internacional urgen reglas que aseguren una convivencia ordenada sometiendo el poder económico al bienestar global. Entre las medidas requeridas está la supresión de las agencias calificadoras que emplean su influencia para descarrilar cualquier esfuerzo económico nacionalista como lo hacen con México. Su nefasta conducta fue cómplice de la debacle económica de 2008 y seguirán haciendo daño mientras no se cree un procedimiento gubernativamente concertado para evaluar la viabilidad de empresas y países.




eduardoandrade1948@gmail.com.mx

No aludo a las fases o etapas de la vigente situación crítica sino a sus FACES, que es el plural de faz, esto es, los rostros o caras que presenta el insólito fenómeno que nos aqueja, el cual origina comportamientos disímbolos, unos alentadores, otros inquietantes y otros más esperanzadores. En una misma cuadra de esta ciudad constaté los contrastaste de algunas de estas faces.


A media mañana del domingo, un músico que diariamente sale a ganar unos pesos ejecutando melodías virtuosamente extraídas de su trompeta, nos empezó a alegrar con las notas de Bésame Mucho. Al finalizar fue premiado con múltiples recompensas monetarias que caían generosamente desde los balcones de los edificios. De pronto, de las ventanas de un cuarto piso un equipo de sonido inundó la calle con música de mariachi a la que se incorporó el trompetista deleitándonos con nuestro entrañable Cielito Lindo ejecutado con sin igual maestría. Los aplausos, los “bravo” resonaron de inmediato acompañados de una nueva cascada de monedas y hasta un pequeño envoltorio de billetes que con la habilidad de un fildeador experto, capturaba en el aire con su sombrero. Les aseguro que nunca hubo tanta solidaridad ni tales muestras de regocijo compartido por parte de los vecinos con los artistas ambulantes. Fue esta una vivencia conmovedora en su dimensión humana y en lo económico parecería que la emergencia ha sido más productiva para el diligente músico que sus recorridos previos.


Empero, en la misma cuadra, horas antes, otra música se desbordaba exultante e insultante hasta las cuatro de la madrugada desde un departamento en que se solazaba un grupo numeroso de personas según lo constataba el destemplado coro que desvelaba al vecindario. Tal conducta, es la muestra de otra faz de la crisis: la de la irresponsabilidad que propicia la multiplicación de los contagios. No acaba de entenderse que QUEDARSE EN CASA, significa no salir de ella, así se trate de una convivencia familiar o amistosa en un domicilio particular y por muy significativo que sea el motivo de la reunión. Uno solo de los asistentes a ese jolgorio pudo esparcir el virus entre los contertulios quienes a su vez se convertirían en involuntarios aspersores de la epidemia. Fue ese tipo de comportamiento desaprensivo e indolente el origen de la devastación causada en Italia por el coronavirus.


Hay que reconocer que otro rostro de la actitud frente a la pandemia es el que aparece en Suecia que, como excepción a las medidas adoptadas en Europa, ha mantenido su vida normal, cuidando más la continuidad de su actividad económica y su vida social, que la eventual tasa se morbilidad. El resultado comparativo llama la atención: Italia tiene 6 veces la población de Suecia pero presenta 18 veces más enfermos, y de estos, en Italia ha muerto el 12%, en tanto que en Suecia ha fallecido el 6.6%. Por otra parte, si se compara a Suecia con Alemania, que sí se cerró, tenemos que la segunda cuenta con una población 8 veces superior a la de Suecia y su número de contagiados es 14 veces mayor, de modo que proporcionalmente se han enfermado más alemanes. La otra cara es que de los suecos que adquirieron el mal, se ha muerto el 6.6% en tanto que de los germanos ha fallecido solo el 1.5%. Ciertamente hay muchas variables en juego, pero no queda clara cuál es la mejor estrategia y para quién. ¿Qué tanta actividad económica conviene preservar y qué efecto puede tener sobre la letalidad para salir mejor librados? Es una cuestión que solo el tiempo habrá de revelarnos. Exigir, como algunos notables lo hacen, un programa emergente sin siquiera precisar su contenido, suena más a protagonismo que a colaboración sincera. Evidentemente, ellos tampoco tienen una fórmula mágica porque simplemente no existe, ni en medicina ni en economía.


De cualquier modo, algunos replanteamientos políticos y económicos ya despuntan: la necesidad de fortalecer políticas nacionalistas en tanto no exista una regulación auténticamente global, como fortalecer la producción nacional de bienes estratégicos. Es muy esperanzador ver que científicos mexicanos del IPN, la UNAM y el CONACYT se aprestan a diseñar ventiladores de fabricación nacional que nos permitan la autosuficiencia en tiempos en que las naciones se protegen, como Turquía lo hizo, reteniendo equipo médico fabricado en su país que había sido vendido a España. Igualmente importante es la producción nacional de combustible.


En el frente internacional urgen reglas que aseguren una convivencia ordenada sometiendo el poder económico al bienestar global. Entre las medidas requeridas está la supresión de las agencias calificadoras que emplean su influencia para descarrilar cualquier esfuerzo económico nacionalista como lo hacen con México. Su nefasta conducta fue cómplice de la debacle económica de 2008 y seguirán haciendo daño mientras no se cree un procedimiento gubernativamente concertado para evaluar la viabilidad de empresas y países.




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