/ martes 11 de junio de 2019

Las lecciones del 2 de junio

A casi un año que más de 30 millones de votos le dieron el triunfo a Andrés Manuel López Obrador, México celebraba la transición democrática, la victoria que puso el fin a un régimen político y el fraude institucionalizado con la esperanza de un cambio.

Sin embargo, las elecciones del pasado domingo 1 de junio en seis estados reconfiguran un escenario político completamente diferente al 2 de julio del 2018. Todo parece indicar que las preferencias electorales pueden variar significativamente. Estos son algunos razonamientos:

El PT, Morena y el Verde Ecologista obtienen triunfos significativos en Baja California, Puebla y Quintana Roo. La izquierda sigue siendo opción de cambio para el país.

En Durango, pese a obtener el mayor número de votaciones el PRI es un partido que continúa en decadencia. Más de 70 años de gobierno, dan cuenta del rechazo popular.

El PAN defiende su bastión en Aguascalientes y logra triunfar en Tamaulipas. En los otros estados se mantiene entre la segunda y tercera fuerza.

Mientras que PRD es otro partido con crisis de confianza y credibilidad ciudadana a pesar de las alianzas con el blanquiazul.

Quedaron atrás los triunfos contundentes de un partido hegemónico bajo el amparo y la maquinaria demoledora del poder.

Estas votaciones tienen otro importante componente a destacar: el abstencionismo. ¿A qué se debe tan baja participación?

De los seis estados donde hubo elecciones de 10 ciudadanos con posibilidad para votar, sólo tres acudieron a emitir su sufragio. El nivel más bajo de participación fue en Quintana Roo, sólo el 22 por ciento del electorado decidió acudir a las urnas.

Por lo anterior, debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Los partidos políticos cumplen con su oferta electoral y contribuyen a la democracia? ¿Se eligieron los mejores candidatos? ¿La ciudadanía confía en los partidos y sus aspirantes?

Habrá múltiples respuestas, pero la lección de los comicios del pasado 2 de junio es simple, los partidos políticos tienen que mirar hacia el electorado y diseñar propuestas políticas acordes a la realidad y a las necesidades ciudadanas. Los tiempos electorales están cambiando.

Es evidente que en estas elecciones hubo claroscuros para la izquierda, centro-izquierda y la derecha, debido a que el electorado examina la mejor opción y propuesta de gobierno.

De igual manera, quienes hacemos política todos los días, debemos recordar y cumplir el principio democrático de Abraham Lincoln: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Llegaron los tiempos donde el votante tiene la última palabra y volverá a expresarse en las urnas en un futuro no muy lejano. Su veredicto será infalible.

Senadora por el PT

A casi un año que más de 30 millones de votos le dieron el triunfo a Andrés Manuel López Obrador, México celebraba la transición democrática, la victoria que puso el fin a un régimen político y el fraude institucionalizado con la esperanza de un cambio.

Sin embargo, las elecciones del pasado domingo 1 de junio en seis estados reconfiguran un escenario político completamente diferente al 2 de julio del 2018. Todo parece indicar que las preferencias electorales pueden variar significativamente. Estos son algunos razonamientos:

El PT, Morena y el Verde Ecologista obtienen triunfos significativos en Baja California, Puebla y Quintana Roo. La izquierda sigue siendo opción de cambio para el país.

En Durango, pese a obtener el mayor número de votaciones el PRI es un partido que continúa en decadencia. Más de 70 años de gobierno, dan cuenta del rechazo popular.

El PAN defiende su bastión en Aguascalientes y logra triunfar en Tamaulipas. En los otros estados se mantiene entre la segunda y tercera fuerza.

Mientras que PRD es otro partido con crisis de confianza y credibilidad ciudadana a pesar de las alianzas con el blanquiazul.

Quedaron atrás los triunfos contundentes de un partido hegemónico bajo el amparo y la maquinaria demoledora del poder.

Estas votaciones tienen otro importante componente a destacar: el abstencionismo. ¿A qué se debe tan baja participación?

De los seis estados donde hubo elecciones de 10 ciudadanos con posibilidad para votar, sólo tres acudieron a emitir su sufragio. El nivel más bajo de participación fue en Quintana Roo, sólo el 22 por ciento del electorado decidió acudir a las urnas.

Por lo anterior, debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Los partidos políticos cumplen con su oferta electoral y contribuyen a la democracia? ¿Se eligieron los mejores candidatos? ¿La ciudadanía confía en los partidos y sus aspirantes?

Habrá múltiples respuestas, pero la lección de los comicios del pasado 2 de junio es simple, los partidos políticos tienen que mirar hacia el electorado y diseñar propuestas políticas acordes a la realidad y a las necesidades ciudadanas. Los tiempos electorales están cambiando.

Es evidente que en estas elecciones hubo claroscuros para la izquierda, centro-izquierda y la derecha, debido a que el electorado examina la mejor opción y propuesta de gobierno.

De igual manera, quienes hacemos política todos los días, debemos recordar y cumplir el principio democrático de Abraham Lincoln: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Llegaron los tiempos donde el votante tiene la última palabra y volverá a expresarse en las urnas en un futuro no muy lejano. Su veredicto será infalible.

Senadora por el PT