/ domingo 19 de abril de 2020

“Lo único a lo que debemos temer es al miedo mismo”.

Habrá muertes por doquier, no se permitirá velar, se incinerará automáticamente sin servicio religioso, sea quien sea… Asi es en todas partes, habrá prioridad para hospitalización: mujeres jóvenes, hombres jóvenes, mujeres maduras, hombres maduros, y adiós personas mayores de 65 años; las cifras estimadas son terribles, hablan del equivalente de muertos similar a los que hubo en tiempos de la Revolución Mexicana, porque la gente está en los mercados, en el metro, en las calles… lo mejor, en caso de temperatura alta, paracetamol para que regule la temperatura del cuerpo y bebidas calientes…

Estos son los dichos de un representante del gobierno que tuvo “el infortunio”, según comentó, de participar en una reunión del Consejo de Salud mexicano y, bueno… son las voces que hemos escuchado desde hace meses en el mundo, en los países más afectados por la pandémica situación que nomás no vemos para cuándo se vaya a controlar en nuestro país porque, las versiones son encontradas, no se ve claridad ni decisiones atinadas, el semblante de los líderes se nota inacertivo y, ahora sí, muy preocupados…

Vayamos, sin embargo, al tema de nuestros adultos mayores, quienes a decir de la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica del Consejo de Salubridad General”, están sentenciados para resignarse a morir en caso de saturarse el sistema de salud; independientemente de la baja en sus defensas producto de la edad -sabemos que el 95% de los fallecidos en Europa tenían más de 65 años-, se ha planteado su desatención en caso de escasez de ventiladores u otros insumos, a fin de dar prioridad a los jóvenes, tal cual lo señala el documento: “En un primer momento se deberá recurrir al principio vida-por completarse. Ello quiere decir que pacientes más jóvenes han de recibir atención de cuidados intensivos sobre pacientes de mayor edad”.

Independientemente del valor que tiene cualquier vida, parece un acto de discriminación determinar la atención médica que cualquier persona merece de acuerdo a la edad; dividir en categorías por “los años vividos”: de 0 a 12 años, llevan preferencia; de 1 a 49; de 50 a 60; de 61 a 75 y mayores de 75; por supuesto, sobre todos tiene prioridad el personal de salud que lidia con los contagiados. Ahora que, dice la Guía, “si el principio vida-por-completar no desempata a los pacientes, entonces la decisión sobre quién recibirá el acceso a los recursos escasos deberá tomarse al azar” (un volado). Finalmente, si se padece alguna enfermedad crónico-degenerativa, como diabetes, hipertensión, insuficiencia renal, obesidad o problemas cardiacos, igualmente la situación es de exclusión y/ó sentencia…

Aunado a lo anterior, consideremos el tiempo que gran parte de los mexicanos tenemos “encerrados” y que hoy sabemos, permaneceremos así cuando menos hasta el mes de Junio: evidentemente se empieza a considerar el tema de la ansiedad, y hoy sabemos que en Wuhan, China, en donde comenzó todo esto hace cinco meses, cuatro de cada diez habitantes presentan síntomas de ansiedad, derivada del confinamiento vivido; esto lo concluye un estudio realizado por la Sociedad China de Psicología.

En afán de evitar este padecimiento, expertos en psicología recomiendan dormir a la hora acostumbrada, hacer ejercicio, comer bien, tomar líquidos, realizar actividades poco comunes con el fin de distraernos, convivir en familia, etcétera. Sin embargo, el miedo y la ansiedad del momento es difícil de evitar y combatir; recomiendan también vivirlo procurando reconocer nuestro sentir... consecuencias emocionales, igual de severas que el propio “coronavirus” cuya sentencia e incertidumbre merma la salud física y mental…

Y en torno a la salud física y mental de los mexicanos, cuyo “líder” habría de ser el Pejidente Andrés López, hemos de reconocer que le dio trabajo pero, finalmente optó por encerrarse en Palacio y no hacer más giras hasta que pase el peor momento de la pandemia, es decir, por ahí del 1 de junio, si las cosas van como se plantean en el mejor de los casos; después de un mes de declarada la emergencia sanitaria, el presidente reconoció la necesidad de quedarse en casa atendiendo el curso de la pandemia -como debió haberlo hecho hace semanas-, pero se logró e intentará enmendar con ello los errores que lo han llevado al descrédito y al juicio no solo de sus conciudadanos sino de políticos nacionales e internacionales, lo cual inevitablemente acarrea un costo político que pretenderá de minimizar.

Tenemos idea de que esto podrá pasar para el mes de Junio; mientras tanto, hemos de seguir lidiando con una rutina lo más parecido a lo normal, dentro de la anormalidad pero, ¿cómo le hacemos para soportar veros a distancia y sin abrazos –en el mejor de los casos-, o solo a través de una videollamada expresando nuestro amor y la necesidad de estar cerca? ¿cómo aguantar el nudo en la garganta y hacernos ver “fuertes”, cuando ya no se puede más? ¿cómo podríamos permitir que a una persona mayor de cierta edad se le sacrifique a cambio de otra vida? ¿podremos permitir “un volado” que decida la suerte entre la vida o la muerte? ¿qué afectaciones tendrán nuestros jóvenes y niños que asumirán el liderazgo en el futuro?

Seamos fuertes, sigamos resisitiendo…“Lo único que debemos temer, es al miedo mismo”.

gamogui@hotmail.com


Habrá muertes por doquier, no se permitirá velar, se incinerará automáticamente sin servicio religioso, sea quien sea… Asi es en todas partes, habrá prioridad para hospitalización: mujeres jóvenes, hombres jóvenes, mujeres maduras, hombres maduros, y adiós personas mayores de 65 años; las cifras estimadas son terribles, hablan del equivalente de muertos similar a los que hubo en tiempos de la Revolución Mexicana, porque la gente está en los mercados, en el metro, en las calles… lo mejor, en caso de temperatura alta, paracetamol para que regule la temperatura del cuerpo y bebidas calientes…

Estos son los dichos de un representante del gobierno que tuvo “el infortunio”, según comentó, de participar en una reunión del Consejo de Salud mexicano y, bueno… son las voces que hemos escuchado desde hace meses en el mundo, en los países más afectados por la pandémica situación que nomás no vemos para cuándo se vaya a controlar en nuestro país porque, las versiones son encontradas, no se ve claridad ni decisiones atinadas, el semblante de los líderes se nota inacertivo y, ahora sí, muy preocupados…

Vayamos, sin embargo, al tema de nuestros adultos mayores, quienes a decir de la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica del Consejo de Salubridad General”, están sentenciados para resignarse a morir en caso de saturarse el sistema de salud; independientemente de la baja en sus defensas producto de la edad -sabemos que el 95% de los fallecidos en Europa tenían más de 65 años-, se ha planteado su desatención en caso de escasez de ventiladores u otros insumos, a fin de dar prioridad a los jóvenes, tal cual lo señala el documento: “En un primer momento se deberá recurrir al principio vida-por completarse. Ello quiere decir que pacientes más jóvenes han de recibir atención de cuidados intensivos sobre pacientes de mayor edad”.

Independientemente del valor que tiene cualquier vida, parece un acto de discriminación determinar la atención médica que cualquier persona merece de acuerdo a la edad; dividir en categorías por “los años vividos”: de 0 a 12 años, llevan preferencia; de 1 a 49; de 50 a 60; de 61 a 75 y mayores de 75; por supuesto, sobre todos tiene prioridad el personal de salud que lidia con los contagiados. Ahora que, dice la Guía, “si el principio vida-por-completar no desempata a los pacientes, entonces la decisión sobre quién recibirá el acceso a los recursos escasos deberá tomarse al azar” (un volado). Finalmente, si se padece alguna enfermedad crónico-degenerativa, como diabetes, hipertensión, insuficiencia renal, obesidad o problemas cardiacos, igualmente la situación es de exclusión y/ó sentencia…

Aunado a lo anterior, consideremos el tiempo que gran parte de los mexicanos tenemos “encerrados” y que hoy sabemos, permaneceremos así cuando menos hasta el mes de Junio: evidentemente se empieza a considerar el tema de la ansiedad, y hoy sabemos que en Wuhan, China, en donde comenzó todo esto hace cinco meses, cuatro de cada diez habitantes presentan síntomas de ansiedad, derivada del confinamiento vivido; esto lo concluye un estudio realizado por la Sociedad China de Psicología.

En afán de evitar este padecimiento, expertos en psicología recomiendan dormir a la hora acostumbrada, hacer ejercicio, comer bien, tomar líquidos, realizar actividades poco comunes con el fin de distraernos, convivir en familia, etcétera. Sin embargo, el miedo y la ansiedad del momento es difícil de evitar y combatir; recomiendan también vivirlo procurando reconocer nuestro sentir... consecuencias emocionales, igual de severas que el propio “coronavirus” cuya sentencia e incertidumbre merma la salud física y mental…

Y en torno a la salud física y mental de los mexicanos, cuyo “líder” habría de ser el Pejidente Andrés López, hemos de reconocer que le dio trabajo pero, finalmente optó por encerrarse en Palacio y no hacer más giras hasta que pase el peor momento de la pandemia, es decir, por ahí del 1 de junio, si las cosas van como se plantean en el mejor de los casos; después de un mes de declarada la emergencia sanitaria, el presidente reconoció la necesidad de quedarse en casa atendiendo el curso de la pandemia -como debió haberlo hecho hace semanas-, pero se logró e intentará enmendar con ello los errores que lo han llevado al descrédito y al juicio no solo de sus conciudadanos sino de políticos nacionales e internacionales, lo cual inevitablemente acarrea un costo político que pretenderá de minimizar.

Tenemos idea de que esto podrá pasar para el mes de Junio; mientras tanto, hemos de seguir lidiando con una rutina lo más parecido a lo normal, dentro de la anormalidad pero, ¿cómo le hacemos para soportar veros a distancia y sin abrazos –en el mejor de los casos-, o solo a través de una videollamada expresando nuestro amor y la necesidad de estar cerca? ¿cómo aguantar el nudo en la garganta y hacernos ver “fuertes”, cuando ya no se puede más? ¿cómo podríamos permitir que a una persona mayor de cierta edad se le sacrifique a cambio de otra vida? ¿podremos permitir “un volado” que decida la suerte entre la vida o la muerte? ¿qué afectaciones tendrán nuestros jóvenes y niños que asumirán el liderazgo en el futuro?

Seamos fuertes, sigamos resisitiendo…“Lo único que debemos temer, es al miedo mismo”.

gamogui@hotmail.com


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