/ miércoles 4 de diciembre de 2019

Los ánimos se caldean

La violencia no cede y asusta a todos aquellos que aspiramos a vivir en paz. En el fin de semana, 127 homicidios, la cifra más alta de que se tenga memoria. Ciudades que vivían en paz, como Villa Unión en Coahuila, se convierten en el centro de balaceras que dejan más de una veintena de cadáveres.

Los ánimos caldeados no son exclusivos de los delincuentes. La respuesta iracunda está a flor de piel. Se vio en la marcha de las mujeres, en la que un grupúsculo vandalizó lo que encontró a su paso. Hubo un intento de disculpa a estos hechos, por la escasa disposición que ha habido, para escuchar quejas y argumentos justificados –en cuanto al alto porcentaje de ataques contra la mujer-.

Ni creo, ni jamás estaré de acuerdo con el uso de la violencia y siempre me parecerá condenable, provenga de donde provenga. ¿Sirvió de algo para destacar la solicitud de las compañeras, desesperadas por vivir en el acoso, el abuso, la agresión y la hostilidad?

Destacaron las imágenes de las “Atilas” destruyendo cristales, mobiliario público y monumentos, mientras se perdió la esencia de la petición que, autoridades y sociedad en general, tendrían que escuchar y solucionar.

Detener la violencia de género equivale a esfumar el machismo, lo cual implica la puesta en marcha de legislación de avanzada, políticas públicas y un cambio de mentalidad en una sociedad patriarcal a rajatabla.

El brutal asesinato de Abril Pérez Sagaón –aún sin esclarecer-, conmovió los cimientos de un Poder Judicial, liderado por jueces nacidos con las mismas taras hereditarias, que sus antepasados. O, ¿provienen de una educación diferente a la mayoría de sus congéneres?

Igual que liberaron al energúmeno que la atacó con un bat, mientras dormía, lo deben haber hecho en otros tantos casos de violencia conyugal. Habría que conocer sus antecedentes familiares para concientizarse que deben ser parte de ese impresionante núcleo, al que le enseñaban que el “hombre” es primero, es el que decide, manda y al que se supedita la esposa, las hijas.

En esta urgente necesidad de cambio, también la mujer tiene que despertar y entender que los celos no son prueba de amor, que la manipulación y el control emocional, tampoco. Impresionantes las estadísticas de jovencitas a las que los novios golpean y ¡acaban casándose con ellos!

Deshacerse de tabúes ancestrales lleva tiempo. Es de aplaudir que la generación actual exija sus derechos y obligue a una metamorfosis más rápida, mediante la protesta pacífica y fundamentada.

El ambiente poco ayuda. Nos habituamos a escuchar y ver las innumerables masacres, sin que nos hagan mella. De aquí la escalada de barbarie del crimen organizado, capaz de matar y quemar a mujeres y niños, como lo hicieron en Bavispe (Sonora).

La violencia verbal, que ejerce el actual tlatoani, divide a los mexicanos y anima a grupos de resentidos a exhibir sus complejos y frustraciones, agrediendo a quienes, desde el púlpito mañanero, se condena.

Fue palpable en el par de concentraciones dominicales. Un alto porcentaje se expresó de acuerdo a sus creencias y simpatías; otro se dedicó a ofender e insultar, sin fundamento alguno.

Los ataques a dos periodistas es el mejor ejemplo: si desde las mañaneras se critica a los comunicadores, quienes los siguen consideran que pueden hacer lo mismo.

La violencia nos cubre como un banco de niebla, caldea los ánimos, agravia y ofende. A como dé lugar, hay que detenerla.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

La violencia no cede y asusta a todos aquellos que aspiramos a vivir en paz. En el fin de semana, 127 homicidios, la cifra más alta de que se tenga memoria. Ciudades que vivían en paz, como Villa Unión en Coahuila, se convierten en el centro de balaceras que dejan más de una veintena de cadáveres.

Los ánimos caldeados no son exclusivos de los delincuentes. La respuesta iracunda está a flor de piel. Se vio en la marcha de las mujeres, en la que un grupúsculo vandalizó lo que encontró a su paso. Hubo un intento de disculpa a estos hechos, por la escasa disposición que ha habido, para escuchar quejas y argumentos justificados –en cuanto al alto porcentaje de ataques contra la mujer-.

Ni creo, ni jamás estaré de acuerdo con el uso de la violencia y siempre me parecerá condenable, provenga de donde provenga. ¿Sirvió de algo para destacar la solicitud de las compañeras, desesperadas por vivir en el acoso, el abuso, la agresión y la hostilidad?

Destacaron las imágenes de las “Atilas” destruyendo cristales, mobiliario público y monumentos, mientras se perdió la esencia de la petición que, autoridades y sociedad en general, tendrían que escuchar y solucionar.

Detener la violencia de género equivale a esfumar el machismo, lo cual implica la puesta en marcha de legislación de avanzada, políticas públicas y un cambio de mentalidad en una sociedad patriarcal a rajatabla.

El brutal asesinato de Abril Pérez Sagaón –aún sin esclarecer-, conmovió los cimientos de un Poder Judicial, liderado por jueces nacidos con las mismas taras hereditarias, que sus antepasados. O, ¿provienen de una educación diferente a la mayoría de sus congéneres?

Igual que liberaron al energúmeno que la atacó con un bat, mientras dormía, lo deben haber hecho en otros tantos casos de violencia conyugal. Habría que conocer sus antecedentes familiares para concientizarse que deben ser parte de ese impresionante núcleo, al que le enseñaban que el “hombre” es primero, es el que decide, manda y al que se supedita la esposa, las hijas.

En esta urgente necesidad de cambio, también la mujer tiene que despertar y entender que los celos no son prueba de amor, que la manipulación y el control emocional, tampoco. Impresionantes las estadísticas de jovencitas a las que los novios golpean y ¡acaban casándose con ellos!

Deshacerse de tabúes ancestrales lleva tiempo. Es de aplaudir que la generación actual exija sus derechos y obligue a una metamorfosis más rápida, mediante la protesta pacífica y fundamentada.

El ambiente poco ayuda. Nos habituamos a escuchar y ver las innumerables masacres, sin que nos hagan mella. De aquí la escalada de barbarie del crimen organizado, capaz de matar y quemar a mujeres y niños, como lo hicieron en Bavispe (Sonora).

La violencia verbal, que ejerce el actual tlatoani, divide a los mexicanos y anima a grupos de resentidos a exhibir sus complejos y frustraciones, agrediendo a quienes, desde el púlpito mañanero, se condena.

Fue palpable en el par de concentraciones dominicales. Un alto porcentaje se expresó de acuerdo a sus creencias y simpatías; otro se dedicó a ofender e insultar, sin fundamento alguno.

Los ataques a dos periodistas es el mejor ejemplo: si desde las mañaneras se critica a los comunicadores, quienes los siguen consideran que pueden hacer lo mismo.

La violencia nos cubre como un banco de niebla, caldea los ánimos, agravia y ofende. A como dé lugar, hay que detenerla.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq