/ viernes 12 de abril de 2019

Los intereses y la educación

La nueva reforma educativa enfrenta un dilema que será determinante para el futuro de México: ¿Qué es lo que prevalecerá? ¿Un proyecto incluyente funcional progresista y justo o la férrea defensa de privilegios e intereses?

La historia de México es la arena donde se han enfrentado desde su formación dos fuerzas, la construcción de un Estado nacional y de instituciones que cuiden lo público, lo que nos pertenece y a lo que pertenecemos todos los mexicanos contra el dominio de los grupos que, más allá de la razón defienden sus intereses. Así, el México independiente sucumbió ante los señores de iglesia y caudillos la Reforma que se trató de cómo el Estado mexicano se sobreponía al gran terrateniente y extranjeras que era la guerra, y después a las intervenciones financieras; lo mismo en la Revolución, donde una constitución social puso fin a un régimen de explotación y apropiación de los pocos a lo de los muchos.

Hoy, la 4T enfrenta este dilema nuevamente: la construcción de un sistema educativo en el cual los recursos sean para la educación y no para el privilegio. La evidencia de esto es la ausencia de dos cosas: de una iniciativa alternativa que no haya sido considerada en el dictamen y que plasme en ella un mejor sistema que se encuentra en el dictamen, la realidad es que no la hay.

La segunda evidencia es la falta de una crítica madura, objetiva y sólida al contenido del dictamen, lo que hay es la descalificación, pero que lleva de fondo la aspiración política y el beneficio económico. Si hablamos de educación, el interés público está en el dictamen, lo demás pues es eso, es lo demás, es lo que no es la educación, es lo otro, lo que es inconfesable, lo que no se presume. Esto se explica de manera sencilla, el volumen de recursos y el valor político que genera el número tan alto de estudiantes, maestros y su posibilidad de influencia, hay tanto dinero y tanto poder que para muchos bien vale crear una crisis constitucional, aunque esto tenga gran costo para el país.

Nuestro sueño honesto es que prevalezca la racionalidad pública y la defensa de un futuro para los mexicanos, la educación hoy dista mucho de ser el principal problema nacional, pero es sin duda la principal solución nacional. Pronto se decantará quien está de qué lado de la historia.

@Luis__Humberto

La nueva reforma educativa enfrenta un dilema que será determinante para el futuro de México: ¿Qué es lo que prevalecerá? ¿Un proyecto incluyente funcional progresista y justo o la férrea defensa de privilegios e intereses?

La historia de México es la arena donde se han enfrentado desde su formación dos fuerzas, la construcción de un Estado nacional y de instituciones que cuiden lo público, lo que nos pertenece y a lo que pertenecemos todos los mexicanos contra el dominio de los grupos que, más allá de la razón defienden sus intereses. Así, el México independiente sucumbió ante los señores de iglesia y caudillos la Reforma que se trató de cómo el Estado mexicano se sobreponía al gran terrateniente y extranjeras que era la guerra, y después a las intervenciones financieras; lo mismo en la Revolución, donde una constitución social puso fin a un régimen de explotación y apropiación de los pocos a lo de los muchos.

Hoy, la 4T enfrenta este dilema nuevamente: la construcción de un sistema educativo en el cual los recursos sean para la educación y no para el privilegio. La evidencia de esto es la ausencia de dos cosas: de una iniciativa alternativa que no haya sido considerada en el dictamen y que plasme en ella un mejor sistema que se encuentra en el dictamen, la realidad es que no la hay.

La segunda evidencia es la falta de una crítica madura, objetiva y sólida al contenido del dictamen, lo que hay es la descalificación, pero que lleva de fondo la aspiración política y el beneficio económico. Si hablamos de educación, el interés público está en el dictamen, lo demás pues es eso, es lo demás, es lo que no es la educación, es lo otro, lo que es inconfesable, lo que no se presume. Esto se explica de manera sencilla, el volumen de recursos y el valor político que genera el número tan alto de estudiantes, maestros y su posibilidad de influencia, hay tanto dinero y tanto poder que para muchos bien vale crear una crisis constitucional, aunque esto tenga gran costo para el país.

Nuestro sueño honesto es que prevalezca la racionalidad pública y la defensa de un futuro para los mexicanos, la educación hoy dista mucho de ser el principal problema nacional, pero es sin duda la principal solución nacional. Pronto se decantará quien está de qué lado de la historia.

@Luis__Humberto

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