/ sábado 30 de noviembre de 2019

Los LeBaron y una nueva expedición punitiva

La derecha mexicana está intentando por todos los medios a su alcance socavar al gobierno de López Obrador. En ese afán, el conservadurismo ha recurrido en primer término al ataque mediático que pretende la satanización del Presidente y de las acciones de la administración obradorista.

Pero a pesar del gran esfuerzo realizado en ese ámbito, es claro que el Presidente sigue gozando del más amplio y enfático apoyo popular. Éste no ha bajado, desde el primer día de diciembre de 2018, del 70 por ciento.

En sus propósitos subversivos y desestabilizadores, la derecha también ha desarrollado ingentes esfuerzos por crear un movimiento castrense dispuesto a la aventura del golpe de Estado. Sólo que a las primeras muestras públicas de ese esfuerzo organizativo, los altos mandos del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional salieron al paso de los sediciosos, y éstos no tuvieron más remedio que recular en espera de mejores tiempos para la aventura golpista.

Del fracaso de la satanización mediática y del golpismo en ciernes, el conservadurismo decidió jugar su carta maestra: la demanda de una intervención militar de Estados Unidos en México como la única medida capaz de lograr el derrocamiento de López Obrador.

La fase inicial de este macabro plan corrió a cargo de la tristemente célebre familia LeBarón, la que sin tapujos ni rubores y con todas sus letras solicitó a Donald Trump el envío a territorio mexicano de policías y soldados yanquis so pretexto, en una nueva expedición punitiva, de aprehender a los autores materiales e intelectuales del asesinato de nueve miembros de esa familia.

Ni tardo ni perezoso, el jefe del imperio dio comienzo a la tarea solicitada. Y empezó por calificar como organizaciones terroristas a los cárteles mexicanos del narcotráfico. Recuérdese que el combate al narco y al terrorismo es el pretexto perfecto para las aventuras militares de Washington.

La demanda lebaronesca de una invasión militar de México por las fuerzas armadas yanquis generó una enorme repulsa en el pueblo mexicano. Tan amplia y categórica que hasta los más conspicuos miembros y voceros del conservadorismo empezaron a deslindarse de tan criminal y antimexicana demanda.

Digamos que a los impulsores de la solicitud de una intervención militar yanqui para derrocar a López Obrador se les pasó la mano y decidieron rectificar más rápido que aprisa. Porque una cosa es ser calificado de antiobradorista y otra ser señalado como traidor a la patria.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

mentorferrer@gmail.com


La derecha mexicana está intentando por todos los medios a su alcance socavar al gobierno de López Obrador. En ese afán, el conservadurismo ha recurrido en primer término al ataque mediático que pretende la satanización del Presidente y de las acciones de la administración obradorista.

Pero a pesar del gran esfuerzo realizado en ese ámbito, es claro que el Presidente sigue gozando del más amplio y enfático apoyo popular. Éste no ha bajado, desde el primer día de diciembre de 2018, del 70 por ciento.

En sus propósitos subversivos y desestabilizadores, la derecha también ha desarrollado ingentes esfuerzos por crear un movimiento castrense dispuesto a la aventura del golpe de Estado. Sólo que a las primeras muestras públicas de ese esfuerzo organizativo, los altos mandos del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional salieron al paso de los sediciosos, y éstos no tuvieron más remedio que recular en espera de mejores tiempos para la aventura golpista.

Del fracaso de la satanización mediática y del golpismo en ciernes, el conservadurismo decidió jugar su carta maestra: la demanda de una intervención militar de Estados Unidos en México como la única medida capaz de lograr el derrocamiento de López Obrador.

La fase inicial de este macabro plan corrió a cargo de la tristemente célebre familia LeBarón, la que sin tapujos ni rubores y con todas sus letras solicitó a Donald Trump el envío a territorio mexicano de policías y soldados yanquis so pretexto, en una nueva expedición punitiva, de aprehender a los autores materiales e intelectuales del asesinato de nueve miembros de esa familia.

Ni tardo ni perezoso, el jefe del imperio dio comienzo a la tarea solicitada. Y empezó por calificar como organizaciones terroristas a los cárteles mexicanos del narcotráfico. Recuérdese que el combate al narco y al terrorismo es el pretexto perfecto para las aventuras militares de Washington.

La demanda lebaronesca de una invasión militar de México por las fuerzas armadas yanquis generó una enorme repulsa en el pueblo mexicano. Tan amplia y categórica que hasta los más conspicuos miembros y voceros del conservadorismo empezaron a deslindarse de tan criminal y antimexicana demanda.

Digamos que a los impulsores de la solicitud de una intervención militar yanqui para derrocar a López Obrador se les pasó la mano y decidieron rectificar más rápido que aprisa. Porque una cosa es ser calificado de antiobradorista y otra ser señalado como traidor a la patria.

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