/ martes 21 de julio de 2020

Los otros 39 mil desaparecidos

Los libros de historia le dedicarán varios párrafos al año 2020. Esta anualidad será recordada por la pandemia, y por la peor caída de las economías en los últimos 75 años. Se narrará la desventura del mundo, de los países y de las personas, sobretodo, esas historias íntimas que ilustrarán el tamaño de la desgracia que estamos viviendo. Querido lector: ¿ cómo recuerda el terremoto de hace tres años ? Es posible que lo asocie a la desgracia del Colegio Rébsamen, esa tragedia, descrita en los periódicos nos permite reconstruir el pasado y tener memoria. En el caso de la pandemia ha sido muy distinto.


La historia del Covid-19 la hemos narrado en gráficas y números que aparecen puntuales todos los días a las siete de la noche. La crónica de miles de muertes la estamos relatando sin nombres, sin pasado, sin contexto. Como si se tratara del precio del petróleo, de la caída del producto interno bruto o de la fortaleza del peso. Todo son números, gráficas y su interpretación. Querido lector, no me mal interprete, por supuesto que esos datos, números y gráficas son de la mayor importancia para el país, pues, los datos permiten hacer la política pública de salubridad, pero hay algo que está faltando en la narrativa para hacer memoria del hecho. La historia no se trata de simples estadísticas.


Robert McNamara relató y guio parte de la guerra de Vietnam a través de gráficas y números. En algún momento se pensó que Estados Unidos de América ganaba esa guerra a golpe de contar cosas y personas. ¿Cuántos helicópteros utilizaban?, ¿cuántas balas se dispararon?, ¿cuántos fueron los caídos? Los números de McNamara no fueron los que indignaron al pueblo de los Estados Unidos de América. Las imágenes fotográficas, las historias de los soldados y los reportajes al pueblo de Vietnam (de ambos lados) levantaron la indignación de todo el mundo. La historia necesita de hechos y sentimientos que se recogen en reportajes, entrevistas e imágenes.


Nadie quiere imágenes desastrosas ni en México ni en cualquier otro país. Nadie, en su sano juicio, desea mayores complicaciones a la mitad de una pandemia y la caída de las economías. Pero nadie desea el olvido de las personas que han sufrido la brutalidad del 2020. No nos podemos olvidar de esos seres humanos y sus familias, allí es dónde hacen falta mayores narrativas y hechos concretos, tal y como sucedió en el terremoto de 2017. Allí están miles de historias, de recuerdos de héroes y de una sociedad solidaria. Allí están los hechos que nos hacen recordar. En este momento no tenemos hechos claros, nuestra mejor imagen son las gráficas que nos ofrecen a las 7 pm.


En otras partes del mundo, los periódicos están narrando las tragedias individuales, el drama del personal de salud con nombres, apellidos, contextos, imágenes y sonidos. Aquí tenemos muy pocas historias, y pocas líneas dedicadas a los dramas de carne y hueso. Tampoco tenemos una continuidad de esas tragedias que una a una, van conformando la gráfica de las siete de la noche. Es ridículo que en nuestro país asociemos la pandemia a un murciélago en un mercado en China. En este momento, ya hay 39 mil historias que contar para crear mayor conciencia de la gravedad del Covid-19, sin embargo, esas historias están en un punto ciego que pocos medios de comunicación están reportando. Ojalá empecemos a construir una narrativa pública sobre la pandemia a través de esas pequeñas historias, que al final, hacen la historia.


Doctor en Derecho

@jangulonobara

Los libros de historia le dedicarán varios párrafos al año 2020. Esta anualidad será recordada por la pandemia, y por la peor caída de las economías en los últimos 75 años. Se narrará la desventura del mundo, de los países y de las personas, sobretodo, esas historias íntimas que ilustrarán el tamaño de la desgracia que estamos viviendo. Querido lector: ¿ cómo recuerda el terremoto de hace tres años ? Es posible que lo asocie a la desgracia del Colegio Rébsamen, esa tragedia, descrita en los periódicos nos permite reconstruir el pasado y tener memoria. En el caso de la pandemia ha sido muy distinto.


La historia del Covid-19 la hemos narrado en gráficas y números que aparecen puntuales todos los días a las siete de la noche. La crónica de miles de muertes la estamos relatando sin nombres, sin pasado, sin contexto. Como si se tratara del precio del petróleo, de la caída del producto interno bruto o de la fortaleza del peso. Todo son números, gráficas y su interpretación. Querido lector, no me mal interprete, por supuesto que esos datos, números y gráficas son de la mayor importancia para el país, pues, los datos permiten hacer la política pública de salubridad, pero hay algo que está faltando en la narrativa para hacer memoria del hecho. La historia no se trata de simples estadísticas.


Robert McNamara relató y guio parte de la guerra de Vietnam a través de gráficas y números. En algún momento se pensó que Estados Unidos de América ganaba esa guerra a golpe de contar cosas y personas. ¿Cuántos helicópteros utilizaban?, ¿cuántas balas se dispararon?, ¿cuántos fueron los caídos? Los números de McNamara no fueron los que indignaron al pueblo de los Estados Unidos de América. Las imágenes fotográficas, las historias de los soldados y los reportajes al pueblo de Vietnam (de ambos lados) levantaron la indignación de todo el mundo. La historia necesita de hechos y sentimientos que se recogen en reportajes, entrevistas e imágenes.


Nadie quiere imágenes desastrosas ni en México ni en cualquier otro país. Nadie, en su sano juicio, desea mayores complicaciones a la mitad de una pandemia y la caída de las economías. Pero nadie desea el olvido de las personas que han sufrido la brutalidad del 2020. No nos podemos olvidar de esos seres humanos y sus familias, allí es dónde hacen falta mayores narrativas y hechos concretos, tal y como sucedió en el terremoto de 2017. Allí están miles de historias, de recuerdos de héroes y de una sociedad solidaria. Allí están los hechos que nos hacen recordar. En este momento no tenemos hechos claros, nuestra mejor imagen son las gráficas que nos ofrecen a las 7 pm.


En otras partes del mundo, los periódicos están narrando las tragedias individuales, el drama del personal de salud con nombres, apellidos, contextos, imágenes y sonidos. Aquí tenemos muy pocas historias, y pocas líneas dedicadas a los dramas de carne y hueso. Tampoco tenemos una continuidad de esas tragedias que una a una, van conformando la gráfica de las siete de la noche. Es ridículo que en nuestro país asociemos la pandemia a un murciélago en un mercado en China. En este momento, ya hay 39 mil historias que contar para crear mayor conciencia de la gravedad del Covid-19, sin embargo, esas historias están en un punto ciego que pocos medios de comunicación están reportando. Ojalá empecemos a construir una narrativa pública sobre la pandemia a través de esas pequeñas historias, que al final, hacen la historia.


Doctor en Derecho

@jangulonobara

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