/ martes 30 de junio de 2020

Los tiktokers y Trump

Por: Laura Coronado Contreras

Tras el desangelado rally de Tulsa organizado para su reelección, el presidente Trump ha sido testigo del poder de las redes sociales. Tras anunciar un éxito rotundo con “casi un millón de solicitudes de registro”, el mandatario estadounidense y su equipo miraban incrédulos, a los menos de 7 mil asistentes al evento, frente a los 19 mil lugares que se esperaban.

Contrario a lo que mencionaba Aristóteles de que “la victoria tiene muchas madres” pero “la derrota es huérfana”, en los últimos días el equipo de campaña parece emular a la popular canción, culpando a la noche, la playa o la lluvia. En sus primeras declaraciones han atribuido este revés al temor de los simpatizantes por contraer Covid, la reacción del Ejecutivo ante el racismo, las protestas alrededor del estadio y un descenso en las encuestas. Otros han dejado ver un “frente de batalla” inesperado: las plataformas digitales, que siempre habían beneficiado al candidato.

En la víspera del evento, usuarios de la muy popular red TikTok convocaban a registrarse a sabiendas de que no asistirían. ¿Estábamos frente a un grito de guerra? ¿Se trataba de una broma? ¿Una nueva forma de activismo? O incluso, un delito como el sabotaje. Al tratarse de un movimiento sin un líder específico y ajeno al Partido Demócrata, encontramos dos escenarios: perfiles como el de “Grandma” que abiertamente llamaban a “dejar solo a Trump” o aquellos que se burlaban de los pocos filtros para registrarse bailando la “Macarena” con sus boletos como fondo de pantalla.

Es así que vemos ciertas conductas que podrían calificarse como un entorpecimiento intencionado, y hasta malicioso, para que no pudiera presentarse como un “líder indiscutible” y también, videos que eran un ejercicio de la propia libertad de expresión a través de una protesta digital no violenta. Jean Cocteau decía que “la juventud sabe lo que no quiere, antes de saber lo que quiere” y los llamados “centenials” empiezan a tomar la voz ante un mundo que vive un 2020 sumamente convulso. ¿Tendrán mayor incidencia política que sus predecesores, los millennials, que han sido catalogados como apáticos o frívolos?

Trump ha librado una fuerte batalla en contra de las redes tomando acciones jurídicas para evitar lo que le parece censura o condiciones propicias para hacerle fraude. Ello no deja de ser llamativo cuando ha sido uno de los principales promotores para convertir al ciberespacio en una “arena política”. ¿Cómo olvidar que ha tuiteado más de 17 mil veces en su vida o que posee el récord de hacerlo 161 veces en un día?

Tras casi cuatro años de mandato, el presidente Trump parece minimizar que el electorado sigue mostrando cansancio a los políticos tradicionales, algo que le ayudó a ganar en 2016, pero cuya etiqueta ahora lo incluye también a él. Las plataformas no son buenas ni malas, sólo reflejan lo que viven sus usuarios.

Quizás, en lugar de buscar a los culpables y criminalizar a las redes sociales, él y su equipo deberían recordar la obra de Lope de Vega que simboliza la fuerza de la unidad del pueblo: “¿Quién mató al Comendador?; Fuenteovejuna, Señor; ¿Quién es Fuenteovejuna?; Todo el pueblo, a una.”

*Investigadora de la Universidad Anáhuac México. Autora de “La Libertad de Expresión en el Ciberespacio” por Tirant Lo Blanch. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT. @soylaucoronado

Por: Laura Coronado Contreras

Tras el desangelado rally de Tulsa organizado para su reelección, el presidente Trump ha sido testigo del poder de las redes sociales. Tras anunciar un éxito rotundo con “casi un millón de solicitudes de registro”, el mandatario estadounidense y su equipo miraban incrédulos, a los menos de 7 mil asistentes al evento, frente a los 19 mil lugares que se esperaban.

Contrario a lo que mencionaba Aristóteles de que “la victoria tiene muchas madres” pero “la derrota es huérfana”, en los últimos días el equipo de campaña parece emular a la popular canción, culpando a la noche, la playa o la lluvia. En sus primeras declaraciones han atribuido este revés al temor de los simpatizantes por contraer Covid, la reacción del Ejecutivo ante el racismo, las protestas alrededor del estadio y un descenso en las encuestas. Otros han dejado ver un “frente de batalla” inesperado: las plataformas digitales, que siempre habían beneficiado al candidato.

En la víspera del evento, usuarios de la muy popular red TikTok convocaban a registrarse a sabiendas de que no asistirían. ¿Estábamos frente a un grito de guerra? ¿Se trataba de una broma? ¿Una nueva forma de activismo? O incluso, un delito como el sabotaje. Al tratarse de un movimiento sin un líder específico y ajeno al Partido Demócrata, encontramos dos escenarios: perfiles como el de “Grandma” que abiertamente llamaban a “dejar solo a Trump” o aquellos que se burlaban de los pocos filtros para registrarse bailando la “Macarena” con sus boletos como fondo de pantalla.

Es así que vemos ciertas conductas que podrían calificarse como un entorpecimiento intencionado, y hasta malicioso, para que no pudiera presentarse como un “líder indiscutible” y también, videos que eran un ejercicio de la propia libertad de expresión a través de una protesta digital no violenta. Jean Cocteau decía que “la juventud sabe lo que no quiere, antes de saber lo que quiere” y los llamados “centenials” empiezan a tomar la voz ante un mundo que vive un 2020 sumamente convulso. ¿Tendrán mayor incidencia política que sus predecesores, los millennials, que han sido catalogados como apáticos o frívolos?

Trump ha librado una fuerte batalla en contra de las redes tomando acciones jurídicas para evitar lo que le parece censura o condiciones propicias para hacerle fraude. Ello no deja de ser llamativo cuando ha sido uno de los principales promotores para convertir al ciberespacio en una “arena política”. ¿Cómo olvidar que ha tuiteado más de 17 mil veces en su vida o que posee el récord de hacerlo 161 veces en un día?

Tras casi cuatro años de mandato, el presidente Trump parece minimizar que el electorado sigue mostrando cansancio a los políticos tradicionales, algo que le ayudó a ganar en 2016, pero cuya etiqueta ahora lo incluye también a él. Las plataformas no son buenas ni malas, sólo reflejan lo que viven sus usuarios.

Quizás, en lugar de buscar a los culpables y criminalizar a las redes sociales, él y su equipo deberían recordar la obra de Lope de Vega que simboliza la fuerza de la unidad del pueblo: “¿Quién mató al Comendador?; Fuenteovejuna, Señor; ¿Quién es Fuenteovejuna?; Todo el pueblo, a una.”

*Investigadora de la Universidad Anáhuac México. Autora de “La Libertad de Expresión en el Ciberespacio” por Tirant Lo Blanch. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT. @soylaucoronado

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