/ viernes 20 de mayo de 2022

Más allá de la medicina de bikini 

por Cynthia Ramírez Manríquez, Directora de comunicación de AMIIF


Cuando el primer libro completo de anatomía humana, The historie of man de John Banister, apareció en 1578, los órganos reproductivos femeninos estaban ausentes de sus páginas, por ser considerados indecentes. En la Inglaterra de mediados del siglo XIX, el uso del espéculo para examinar la salud reproductiva de las mujeres causó controversia, en parte por el temor a que el instrumento pudiera inducir en las pacientes una “forma de histeria”. Con ejemplos como estos, tomados de publicaciones canónicas, campañas de salud pública y testimonios de pacientes, el libro Unwell Women: Misdiagnosis and Myth in a Man-Made World, de Elinor Cleghorn, nos recuerda que, en la historia de la medicina occidental, los factores sociales y culturales –las creencias religiosas, los prejuicios y lo mitos– han tenido un papel determinante no menor al del propio conocimiento científico.

A lo largo del libro, sin sugerir que la historia se repita, Cleghorn exhibe la manera en que los mitos de siglos anteriores en torno al cuerpo de la mujer se expresan hasta hoy en la tendencia a no investigar de manera diferenciada las enfermedades que afectan primordialmente a las mujeres o a desestimar la importancia del dolor y otros síntomas.

Y, precisamente para cambiar esas tendencias es que existen proyectos de investigación como el de “Impacto de las enfermedades no transmisibles en las mujeres mexicanas”. Una colaboración académica entre el Instituto Nacional de Salud Pública y el George Institute, auspiciado por AMIIF, que evaluará la carga económica y de salud generada por las enfermedades no transmisibles (ENT) y su efecto diferenciado para hombres y mujeres en nuestro país.

La agenda de salud global respecto a la salud de las mujeres se ha centrado en nuestra salud sexual y reproductiva, que no está mal, pero es necesario incluir el resto de nuestro cuerpo y entender cómo las enfermedades cardíacas, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes nos afectan.

A medida que profundizamos en nuestra comprensión de cómo funciona el cuerpo humano, sabemos que las mujeres y los hombres responden de manera diferente a las enfermedades y a las posibles intervenciones. También estamos comenzando a comprender que los sistemas de salud responden de manera diferente a mujeres y hombres, de modo que tanto el acceso a la atención como la calidad de la atención difieren. Sin embargo, con demasiada frecuencia, no existe una delimitación de género en los datos de salud, y eso complica la manera en la que se toman las decisiones de salud pública de un país.

Con este estudio, uno de los primeros en su tipo en México y en Latinoamérica, tendremos información sobre cómo, desde una perspectiva de género, la carga de las ENT difiere entre mujeres y hombres, podremos comprender el contexto político y del sistema de salud que genera las desventajas experimentadas por las mujeres y, más importante aún, se podrán formular recomendaciones de intervención para solucionarlas.

*Se habla de “medicina de bikini” porque, durante mucho tiempo, el enfoque de la investigación y la práctica médica respecto a las mujeres parecía estar casi exclusivamente enfocado en las áreas del cuerpo que cubrirías con un bikini.

por Cynthia Ramírez Manríquez, Directora de comunicación de AMIIF


Cuando el primer libro completo de anatomía humana, The historie of man de John Banister, apareció en 1578, los órganos reproductivos femeninos estaban ausentes de sus páginas, por ser considerados indecentes. En la Inglaterra de mediados del siglo XIX, el uso del espéculo para examinar la salud reproductiva de las mujeres causó controversia, en parte por el temor a que el instrumento pudiera inducir en las pacientes una “forma de histeria”. Con ejemplos como estos, tomados de publicaciones canónicas, campañas de salud pública y testimonios de pacientes, el libro Unwell Women: Misdiagnosis and Myth in a Man-Made World, de Elinor Cleghorn, nos recuerda que, en la historia de la medicina occidental, los factores sociales y culturales –las creencias religiosas, los prejuicios y lo mitos– han tenido un papel determinante no menor al del propio conocimiento científico.

A lo largo del libro, sin sugerir que la historia se repita, Cleghorn exhibe la manera en que los mitos de siglos anteriores en torno al cuerpo de la mujer se expresan hasta hoy en la tendencia a no investigar de manera diferenciada las enfermedades que afectan primordialmente a las mujeres o a desestimar la importancia del dolor y otros síntomas.

Y, precisamente para cambiar esas tendencias es que existen proyectos de investigación como el de “Impacto de las enfermedades no transmisibles en las mujeres mexicanas”. Una colaboración académica entre el Instituto Nacional de Salud Pública y el George Institute, auspiciado por AMIIF, que evaluará la carga económica y de salud generada por las enfermedades no transmisibles (ENT) y su efecto diferenciado para hombres y mujeres en nuestro país.

La agenda de salud global respecto a la salud de las mujeres se ha centrado en nuestra salud sexual y reproductiva, que no está mal, pero es necesario incluir el resto de nuestro cuerpo y entender cómo las enfermedades cardíacas, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes nos afectan.

A medida que profundizamos en nuestra comprensión de cómo funciona el cuerpo humano, sabemos que las mujeres y los hombres responden de manera diferente a las enfermedades y a las posibles intervenciones. También estamos comenzando a comprender que los sistemas de salud responden de manera diferente a mujeres y hombres, de modo que tanto el acceso a la atención como la calidad de la atención difieren. Sin embargo, con demasiada frecuencia, no existe una delimitación de género en los datos de salud, y eso complica la manera en la que se toman las decisiones de salud pública de un país.

Con este estudio, uno de los primeros en su tipo en México y en Latinoamérica, tendremos información sobre cómo, desde una perspectiva de género, la carga de las ENT difiere entre mujeres y hombres, podremos comprender el contexto político y del sistema de salud que genera las desventajas experimentadas por las mujeres y, más importante aún, se podrán formular recomendaciones de intervención para solucionarlas.

*Se habla de “medicina de bikini” porque, durante mucho tiempo, el enfoque de la investigación y la práctica médica respecto a las mujeres parecía estar casi exclusivamente enfocado en las áreas del cuerpo que cubrirías con un bikini.