/ martes 19 de febrero de 2019

Mejoremos nuestras policías

México vive una crisis de seguridad pública, miles de homicidios y más de cuarenta mil desaparecidos, números que nos colocan en un tipo de guerra sin nombre. En los últimos doce años, la única respuesta ha sido voltear a las fuerzas armadas para solucionar el problema. Hoy en día, se propone la creación de una guardia nacional. Antes de argumentar todos los inconvenientes de ésta y discutir los posibles beneficios, parece que lo más razonable es empezar por realizar un debate sobre nuestras policías y el ambiente en el que se desarrollan.

Nuestras fuerzas del orden tienen un régimen laboral distinto al resto de los trabajadores en México, en general tienen menos derechos. La Constitución General no les reconoce un verdadero derecho de estabilidad en el empleo. Imagínese usted: un policía llega a su trabajo, es despedido de manera arbitraria, puede demostrar en proceso judicial que fue víctima de un acto ilegal, sin embargo, no tiene derecho a ser reinstalado en su trabajo. Esto no parece un ambiente propicio para aspirar a ser policía. En muchos casos, se les considera como trabajadores de confianza, es decir, ni por asomo, hay estabilidad en el empleo; y no gozan de todos los derechos laborales que tienen el resto de los servidores públicos. De nueva cuenta, no hay un entorno para generar un servicio civil de carrera en nuestras policías.

El maltrato constitucional y legal se puede arreglar a través de las reformas correspondientes, debemos repensar ese régimen laboral. El siguiente problema son los sueldos: nuestras fuerzas del orden tienen remuneraciones muy bajas para el tipo de trabajo que desarrollan. Los policías necesitan mejores salarios, prestaciones, seguro médico, seguro de vida y protección legal. A mayor abundamiento, en muchos casos estos tienen que pagar sus herramientas de trabajo. En suma: no existen condiciones de trabajo para que nuestras policías puedan desarrollar sus funciones.

Nuestras policías tienen muchos problemas, por ejemplo: violación a derechos humanos, espacios de corrupción e insuficiencia. Perdón por la verdad de Perogrullo: la mejor forma de resolver un inconveniente es solucionarlo. El Estado mexicano está llamado a solventar los vicios de las fuerzas del orden y también a generar las condiciones laborales ideales.

En los últimos doce años, el Estado mexicano no se ha comprometido con sus policías. Falta esa gran reforma, el análisis de los entornos de corrupción y las soluciones. Debemos cerrar la brecha entre la sociedad y las policías. Los vicios que tenemos en seguridad pública llegarán a cualquier institución que se genere mientras no se modifiquen las causas. La propuesta constitucional de creación de la Guardia Nacional se olvida por completo de nuestras policías y de las causas que provocaron sus fallas. Necesitamos políticas públicas de largo aliento para enfrentar los grandes problemas, dejarse llevar por la urgencia no es una buena idea. Aquí la prioridad es mejorar las condiciones de nuestras policías.

A pesar de ello, el debate parlamentario en estos días parece concentrarse exclusivamente en la Guardia Nacional. Así, la primera víctima será la Policía Federal. No es argumento sostener que la misma se integra a la Guardia. Las condiciones de reclutamiento de unas y otras son muy distintas. Lo que nos deja ver esto es que parece que se deposita una fe ciega en una institución que no existe todavía, y que las que ya existían están condenadas a seguir en el abandono.

Dr. En Derecho

México vive una crisis de seguridad pública, miles de homicidios y más de cuarenta mil desaparecidos, números que nos colocan en un tipo de guerra sin nombre. En los últimos doce años, la única respuesta ha sido voltear a las fuerzas armadas para solucionar el problema. Hoy en día, se propone la creación de una guardia nacional. Antes de argumentar todos los inconvenientes de ésta y discutir los posibles beneficios, parece que lo más razonable es empezar por realizar un debate sobre nuestras policías y el ambiente en el que se desarrollan.

Nuestras fuerzas del orden tienen un régimen laboral distinto al resto de los trabajadores en México, en general tienen menos derechos. La Constitución General no les reconoce un verdadero derecho de estabilidad en el empleo. Imagínese usted: un policía llega a su trabajo, es despedido de manera arbitraria, puede demostrar en proceso judicial que fue víctima de un acto ilegal, sin embargo, no tiene derecho a ser reinstalado en su trabajo. Esto no parece un ambiente propicio para aspirar a ser policía. En muchos casos, se les considera como trabajadores de confianza, es decir, ni por asomo, hay estabilidad en el empleo; y no gozan de todos los derechos laborales que tienen el resto de los servidores públicos. De nueva cuenta, no hay un entorno para generar un servicio civil de carrera en nuestras policías.

El maltrato constitucional y legal se puede arreglar a través de las reformas correspondientes, debemos repensar ese régimen laboral. El siguiente problema son los sueldos: nuestras fuerzas del orden tienen remuneraciones muy bajas para el tipo de trabajo que desarrollan. Los policías necesitan mejores salarios, prestaciones, seguro médico, seguro de vida y protección legal. A mayor abundamiento, en muchos casos estos tienen que pagar sus herramientas de trabajo. En suma: no existen condiciones de trabajo para que nuestras policías puedan desarrollar sus funciones.

Nuestras policías tienen muchos problemas, por ejemplo: violación a derechos humanos, espacios de corrupción e insuficiencia. Perdón por la verdad de Perogrullo: la mejor forma de resolver un inconveniente es solucionarlo. El Estado mexicano está llamado a solventar los vicios de las fuerzas del orden y también a generar las condiciones laborales ideales.

En los últimos doce años, el Estado mexicano no se ha comprometido con sus policías. Falta esa gran reforma, el análisis de los entornos de corrupción y las soluciones. Debemos cerrar la brecha entre la sociedad y las policías. Los vicios que tenemos en seguridad pública llegarán a cualquier institución que se genere mientras no se modifiquen las causas. La propuesta constitucional de creación de la Guardia Nacional se olvida por completo de nuestras policías y de las causas que provocaron sus fallas. Necesitamos políticas públicas de largo aliento para enfrentar los grandes problemas, dejarse llevar por la urgencia no es una buena idea. Aquí la prioridad es mejorar las condiciones de nuestras policías.

A pesar de ello, el debate parlamentario en estos días parece concentrarse exclusivamente en la Guardia Nacional. Así, la primera víctima será la Policía Federal. No es argumento sostener que la misma se integra a la Guardia. Las condiciones de reclutamiento de unas y otras son muy distintas. Lo que nos deja ver esto es que parece que se deposita una fe ciega en una institución que no existe todavía, y que las que ya existían están condenadas a seguir en el abandono.

Dr. En Derecho

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