/ lunes 17 de febrero de 2020

México: el gigante con pies de barro II

La semana que recién terminó mostró la fragilidad estructural de la economía mexicana a través de los resultados de su mercado laboral.

Tanto el IMSS como el Inegi permitieron observar la prevalencia de las condiciones de marginalidad en las que se encuentran millones de trabajadores y empresas en México. Una tendencia que se gestó desde 1982, pero que se exacerbó a partir de 2008.

Lamentablemente la situación no se modificó en 2019. De acuerdo con el IMSS, en el mes de diciembre se tenían registrados 8.72 millones de trabajadores que ganaban entre uno y dos salarios mínimos, es decir, 42.7 por ciento del total de trabajadores registrados ante la institución.

Además, entre diciembre de 2018 y el mismo mes del año pasado, el número de trabajadores que reciben entre uno y dos salarios mínimos se elevó en 812.7 mil. Si se recuerda, el total de trabajadores contabilizados por el IMSS solamente creció en 342 mil.

En otras palabras, el incremento en el rango de bajos salarios fue atribuible a la desaparición de empleo bien remunerado registrado ante el IMSS, particularmente el que paga más de cinco salarios mínimos.

Lo anterior se confirma con lo publicado por el Inegi para el último trimestre de 2019 en comparación con el cierre de 2018. Se debe recordar que la medición del Inegi considera la situación del empleo ante el IMSS, como lo que ocurrió en el resto del mercado, formal e informal.

De acuerdo con el Inegi, en el último año se registró una reducción de la ocupación en los rangos de ingreso superiores a tres salarios mínimos: se perdieron 2.4 millones de puestos de trabajo.

En contraste, se crearon 4.9 millones empleos de bajo ingreso, que cuando mucho ganan hasta dos salario. Al finalizar 2019, 57 por ciento de la población ocupada no recibe ingresos o recibe, cuando mucho, dos salarios mínimos como ingreso.

Durante 2019, 53.1 por ciento de la ocupación creada no tuvo acceso a una institución de salud, ello elevó a 34.4 millones el total de mexicanos en dicha situación.

Al cierre del año pasado, 13.7 millones de trabajadores no tuvieron prestaciones sociales diferentes al acceso a instituciones de salud: 327.4 mil más que en 2018.

Buena parte de esto es atribuible a la informalidad: al finalizar 2019 había 31.3 millones de personas en esa situación, 621.2 mil más que en el cuarto trimestre de 2018.

El número de trabajadores sin contrato por escrito fue de 16.5 millones, 392.3 mil más que al finalizar 2018.

¿Cómo es posible que se observe tal precarización de su mercado laboral?

Desde 1982 México dejó de crear medianas y grandes empresas formales capaces de hacer crecer su economía y generar empleo bien remunerado.

La válvula de escape social a la crisis en México ha sido la informalidad y los micronegocios.

La disputa ideológica que ha prevalecido durante medio siglo en México propició la separación de los proyectos público-privado-académico-social y ciudadano. Ello ha impedido la creación de un proyecto de nación de mediano y largo plazos.

Sin empresas sólidas no hay empleo que genere bienestar. Para lograrlo se necesita una visión de Estado Desarrollador que integre en un solo proyecto al México de Progreso Social que históricamente nunca ha logrado nacer.

La semana que recién terminó mostró la fragilidad estructural de la economía mexicana a través de los resultados de su mercado laboral.

Tanto el IMSS como el Inegi permitieron observar la prevalencia de las condiciones de marginalidad en las que se encuentran millones de trabajadores y empresas en México. Una tendencia que se gestó desde 1982, pero que se exacerbó a partir de 2008.

Lamentablemente la situación no se modificó en 2019. De acuerdo con el IMSS, en el mes de diciembre se tenían registrados 8.72 millones de trabajadores que ganaban entre uno y dos salarios mínimos, es decir, 42.7 por ciento del total de trabajadores registrados ante la institución.

Además, entre diciembre de 2018 y el mismo mes del año pasado, el número de trabajadores que reciben entre uno y dos salarios mínimos se elevó en 812.7 mil. Si se recuerda, el total de trabajadores contabilizados por el IMSS solamente creció en 342 mil.

En otras palabras, el incremento en el rango de bajos salarios fue atribuible a la desaparición de empleo bien remunerado registrado ante el IMSS, particularmente el que paga más de cinco salarios mínimos.

Lo anterior se confirma con lo publicado por el Inegi para el último trimestre de 2019 en comparación con el cierre de 2018. Se debe recordar que la medición del Inegi considera la situación del empleo ante el IMSS, como lo que ocurrió en el resto del mercado, formal e informal.

De acuerdo con el Inegi, en el último año se registró una reducción de la ocupación en los rangos de ingreso superiores a tres salarios mínimos: se perdieron 2.4 millones de puestos de trabajo.

En contraste, se crearon 4.9 millones empleos de bajo ingreso, que cuando mucho ganan hasta dos salario. Al finalizar 2019, 57 por ciento de la población ocupada no recibe ingresos o recibe, cuando mucho, dos salarios mínimos como ingreso.

Durante 2019, 53.1 por ciento de la ocupación creada no tuvo acceso a una institución de salud, ello elevó a 34.4 millones el total de mexicanos en dicha situación.

Al cierre del año pasado, 13.7 millones de trabajadores no tuvieron prestaciones sociales diferentes al acceso a instituciones de salud: 327.4 mil más que en 2018.

Buena parte de esto es atribuible a la informalidad: al finalizar 2019 había 31.3 millones de personas en esa situación, 621.2 mil más que en el cuarto trimestre de 2018.

El número de trabajadores sin contrato por escrito fue de 16.5 millones, 392.3 mil más que al finalizar 2018.

¿Cómo es posible que se observe tal precarización de su mercado laboral?

Desde 1982 México dejó de crear medianas y grandes empresas formales capaces de hacer crecer su economía y generar empleo bien remunerado.

La válvula de escape social a la crisis en México ha sido la informalidad y los micronegocios.

La disputa ideológica que ha prevalecido durante medio siglo en México propició la separación de los proyectos público-privado-académico-social y ciudadano. Ello ha impedido la creación de un proyecto de nación de mediano y largo plazos.

Sin empresas sólidas no hay empleo que genere bienestar. Para lograrlo se necesita una visión de Estado Desarrollador que integre en un solo proyecto al México de Progreso Social que históricamente nunca ha logrado nacer.