/ jueves 25 de junio de 2020

México en el Consejo de Seguridad de la ONU

En estos momentos históricos para el mundo, pandemia covid 19 de por medio, con todas sus consecuencias presentes y futuras, la llegada de México -Estado y Gobierno obviamente incluidos- al Consejo de Seguridad de la ONU tiene un significado muy especial como lo ha señalado con razón de sobra el canciller Marcelo Ebrard, a saber, reconocimiento del gran prestigio internacional de México y de su política social y diplomática.

Tenemos defectos, por supuesto, y nunca se ha votado que yo sepa por seres angélicos que sólo se alimenten de “Pan” divino. El embajador de México ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente, aseguró al respecto que la participación de México como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se apegará al derecho internacional, pero sobre todo a los principios de política exterior mexicana (supongo que sin olvidar los fundamentos de la Doctrina Estrada) en la que se establece que frente a una amenaza a la paz se privilegiará el dialogo y la solución pacífica de los conflictos.

El embajador De la Fuente dijo que también será parte de la agenda que impulsará ese organismo la igualdad jurídica de los estados, ya que todos deben ser iguales, y la autodeterminación de los pueblos. Afirmó que se retomará la iniciativa franco-mexicana para acotar el derecho de veto y que éste no operará cuando haya circunstancias de crímenes de lesa humanidad o atrocidad masiva. Se promoverá también, recogiendo un clamor universal, la igualdad de género que México tiene tutelada y consagrada en su Constitución.

Ahora bien, en mi calidad de universitario no puedo pasar por alto que la gran trayectoria política y cultural del embajador De la Fuente tiene su origen, inspiración y razón de ser en la Universidad (UNAM), de la que fue ilustrísimo rector, situándola privilegiadamente a nivel nacional e internacional. Hay una vinculación estrechísima entre él y nuestra Máxima Casa de Estudios. Me refiero a principios culturales y a valores humanistas. Todo lo que el embajador ha promovido, promueve y promoverá se halla en el ideario universitario y, más en concreto, en su Facultad de Derecho. No es posible entender el mundo en que vivimos, convivimos y existimos, sus problemas e ingentes necesidades, sin una clara conciencia del sentido trascendente del ser humano, que es por naturaleza y constante conquista histórica epicentro y motor de esos valores -que se traducen en el Derecho- y que le dan una proyección universal, incluso cósmica como diría José Vasconcelos.

El mundo va apreciando poco a poco, de una manera u otra, lo que significa la Raza Cósmica vasconceliana. Se trata de una exaltación del hombre y de su dignidad, de su destino que no por cierto “manifiesto”, que fue y ha seguido siendo el nefasto impulsor de una política imperialista y colonialista; sea trata de una reubicación del hombre en la historia -recordando aquí “El Puesto del Hombre en el Cosmos”, de Max Scheler, y su formidable tesis sobre la percepción del prójimo-.

En suma, lo que ha hecho el embajador y Profesor Emérito de la Universidad Juan Ramón de la Fuente sería inconcebible sin el impulso de la Universidad y de sus valores. Yo estoy convencido de que él seguirá luchando desde la ONU por la reivindicación del hombre, del ser humano, de su humanidad, de sus derechos consubstanciales que deben ser permanentemente reconocidos y respetados por el orden internacional, so riesgo de caer en el pozo obscuro de la discordia y de la aniquilación. Por eso su gran tarea es y será negar esto, exaltando siempre el espíritu bueno, noble y generoso de su Universidad, de nuestra Universidad. Así mido y dimensiono el papel de México en el Consejo de Seguridad de la ONU.


@RaulCarranca

www.facebook.com/despacho.raulcarranca

En estos momentos históricos para el mundo, pandemia covid 19 de por medio, con todas sus consecuencias presentes y futuras, la llegada de México -Estado y Gobierno obviamente incluidos- al Consejo de Seguridad de la ONU tiene un significado muy especial como lo ha señalado con razón de sobra el canciller Marcelo Ebrard, a saber, reconocimiento del gran prestigio internacional de México y de su política social y diplomática.

Tenemos defectos, por supuesto, y nunca se ha votado que yo sepa por seres angélicos que sólo se alimenten de “Pan” divino. El embajador de México ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente, aseguró al respecto que la participación de México como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se apegará al derecho internacional, pero sobre todo a los principios de política exterior mexicana (supongo que sin olvidar los fundamentos de la Doctrina Estrada) en la que se establece que frente a una amenaza a la paz se privilegiará el dialogo y la solución pacífica de los conflictos.

El embajador De la Fuente dijo que también será parte de la agenda que impulsará ese organismo la igualdad jurídica de los estados, ya que todos deben ser iguales, y la autodeterminación de los pueblos. Afirmó que se retomará la iniciativa franco-mexicana para acotar el derecho de veto y que éste no operará cuando haya circunstancias de crímenes de lesa humanidad o atrocidad masiva. Se promoverá también, recogiendo un clamor universal, la igualdad de género que México tiene tutelada y consagrada en su Constitución.

Ahora bien, en mi calidad de universitario no puedo pasar por alto que la gran trayectoria política y cultural del embajador De la Fuente tiene su origen, inspiración y razón de ser en la Universidad (UNAM), de la que fue ilustrísimo rector, situándola privilegiadamente a nivel nacional e internacional. Hay una vinculación estrechísima entre él y nuestra Máxima Casa de Estudios. Me refiero a principios culturales y a valores humanistas. Todo lo que el embajador ha promovido, promueve y promoverá se halla en el ideario universitario y, más en concreto, en su Facultad de Derecho. No es posible entender el mundo en que vivimos, convivimos y existimos, sus problemas e ingentes necesidades, sin una clara conciencia del sentido trascendente del ser humano, que es por naturaleza y constante conquista histórica epicentro y motor de esos valores -que se traducen en el Derecho- y que le dan una proyección universal, incluso cósmica como diría José Vasconcelos.

El mundo va apreciando poco a poco, de una manera u otra, lo que significa la Raza Cósmica vasconceliana. Se trata de una exaltación del hombre y de su dignidad, de su destino que no por cierto “manifiesto”, que fue y ha seguido siendo el nefasto impulsor de una política imperialista y colonialista; sea trata de una reubicación del hombre en la historia -recordando aquí “El Puesto del Hombre en el Cosmos”, de Max Scheler, y su formidable tesis sobre la percepción del prójimo-.

En suma, lo que ha hecho el embajador y Profesor Emérito de la Universidad Juan Ramón de la Fuente sería inconcebible sin el impulso de la Universidad y de sus valores. Yo estoy convencido de que él seguirá luchando desde la ONU por la reivindicación del hombre, del ser humano, de su humanidad, de sus derechos consubstanciales que deben ser permanentemente reconocidos y respetados por el orden internacional, so riesgo de caer en el pozo obscuro de la discordia y de la aniquilación. Por eso su gran tarea es y será negar esto, exaltando siempre el espíritu bueno, noble y generoso de su Universidad, de nuestra Universidad. Así mido y dimensiono el papel de México en el Consejo de Seguridad de la ONU.


@RaulCarranca

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