/ miércoles 13 de octubre de 2021

México-EU, una nueva etapa

Socios iguales serían las palabras clave para comprender y sobre todo esperar los resultados de la nueva etapa de cooperación entre México y Estados Unidos, el llamado Entendimiento Bicentenario al que en principio se llegó con la reunión de alto nivel del viernes pasado, encabezada por el secretario de Estado de la Unión Americana, Antony Blinken, y el canciller Marcelo Ebrard. Fue el encargado de la política exterior del gobierno de Joe Biden quien empleó estos términos para significar el respeto a la soberanía de ambas naciones y dar así el carácter que deberá campear en el nuevo instrumento de colaboración mutua con la auténtica corresponsabilidad que ha faltado en acuerdos y convenios anteriores. El acuerdo Bicentenario sustituirá a la Iniciativa Mérida firmada por los presidentes Georges Bush y Felipe Calderón. La Iniciativa Mérida dio pié a la declarada guerra del gobierno de México contra la delincuencia organizada cuyas consecuencias de cientos de miles de muertos se siguen padeciendo en nuestro país. Ni la continuación de esa guerra ni la política de abrazos, no balazos han logrado reducir la creciente delincuencia que sigue presente en nuestros días.

Con ese acuerdo se alude a los 200 años del inicio de relaciones entre México y Estados Unidos que a raíz de nuestra independencia dio paso al federalismo liberal, finalmente vencedor sobre el centralismo conservador y definió el camino que hasta la actualidad guía la política de nuestro país. Desde la presencia del primer plenipotenciario norteamericano, Joel Poinsett, las relaciones entre México y Estados Unidos han pasado ciertamente por momentos difíciles, agravios, desencuentros y reencuentros que deben estar superados como hechos irreversibles de la historia. Pero no cabe duda que el acuerdo que en diciembre definirá los cómos de los qués de este instrumento, requirió de un fino trabajo de la diplomacia mexicana correspondido por la voluntad del gobierno del presidente Biden para terminar con las subordinaciones que en otros tiempos han determinado algunos de los pasajes de esa relación. Tres apartados establecen las acciones bilaterales que deberán seguirse para cumplir los propósitos del acuerdo: seguridad en la frontera entre los dos países, salud y desarrollo y el combate a la delincuencia internacional en el que tanto México como Estados Unidos asumen las responsabilidades que les corresponden, siempre sobre la base, como lo señaló el secretario Blinken de un pleno respeto a la soberanía y a la autodeterminación para fijar las políticas que más convengan a los intereses de cada país. Como se ve, la novedad de este acuerdo es la igualdad de las dos partes. Los recursos asignados a la Iniciativa Mérida continuarán fluyendo para apoyar los programas que derivan del acuerdo general. En lo que hace al combate a la delincuencia, es obvio que ambos países deberán atacar tanto causas como efectos, lo mismo contra el poder económico de las bandas que con el uso de la fuerza si se considera necesario para abatirlas. Se contará también con la plena colaboración de Estados Unidos para controlar el tráfico de armas a nuestro país, que ha sido un factor importante para dar poder a la delincuencia.

De cumplirse ese principio de igualdad con la conciencia de las diferencias de los dos países, las palabras cooperación, ayuda mutua, apoyo para el desarrollo y solución de los problemas podrán cobrar vigencia plena y no ser meros términos retóricos para disfrazar subordinaciones. Con lo logrado en el acuerdo de Entendimiento Bicentenario, el canciller Marcelo Ebrard inscribe a la diplomacia mexicana en la historia de los mejores momentos de la relación con el exterior y confirma que esta política se convierte en lo mejor y más destacado del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Desde el México independiente, cancilleres y diplomáticos mexicanos se han destacado en la defensa de los principios de soberanía, autodeterminación, respeto al derecho ajeno y solución pacífica de los conflictos. Durante la Reforma del Siglo XIX México luchó para defender nuestra soberanía de los intentos norteamericanos por el dominio pleno de la política del Continente. Ya en el Siglo XX el canciller Genaro Estrada, en el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, sentó las bases de lo que sería la política exterior de México, válidas hasta el presente, al proclamar la no intervención en los asuntos de otros estados, la abstención de calificar a otros gobiernos y la soberanía y la autodeterminación como normas para la convivencia. Destacados cancilleres mexicanos han dado realce a la política exterior como Jaime Torres Bodet, quien sería también director de la UNESCO; Luis Padilla Nervo en el reconocimiento a las luchas por la independencia y contra el colonialismo. Destacan también cancilleres como Manuel Tello que en abierta oposición a la política norteamericana permitió al gobierno de Adolfo López Mateos mantener un criterio independiente de la Organización de Estados Americanos. Secretarios de Relaciones Exteriores como Jorge Castañeda en la administración de José López Portillo continuaron el acercamiento de nuestro país con diversas regiones del mundo, en una política de apertura iniciada por López Mateos y continuada en otros gobiernos como el de Luis Echeverría. La labor del canciller Marcelo Ebrard puede alcanzar los valores de otras épocas de la diplomacia mexicana a condición, que ya se vislumbra, de materializarse los propósitos de la relación con Estados Unidos de una colaboración franca y abierta con respeto mutuo a la soberanía y la autodeterminación. sdelrio1934@gmail.com


Socios iguales serían las palabras clave para comprender y sobre todo esperar los resultados de la nueva etapa de cooperación entre México y Estados Unidos, el llamado Entendimiento Bicentenario al que en principio se llegó con la reunión de alto nivel del viernes pasado, encabezada por el secretario de Estado de la Unión Americana, Antony Blinken, y el canciller Marcelo Ebrard. Fue el encargado de la política exterior del gobierno de Joe Biden quien empleó estos términos para significar el respeto a la soberanía de ambas naciones y dar así el carácter que deberá campear en el nuevo instrumento de colaboración mutua con la auténtica corresponsabilidad que ha faltado en acuerdos y convenios anteriores. El acuerdo Bicentenario sustituirá a la Iniciativa Mérida firmada por los presidentes Georges Bush y Felipe Calderón. La Iniciativa Mérida dio pié a la declarada guerra del gobierno de México contra la delincuencia organizada cuyas consecuencias de cientos de miles de muertos se siguen padeciendo en nuestro país. Ni la continuación de esa guerra ni la política de abrazos, no balazos han logrado reducir la creciente delincuencia que sigue presente en nuestros días.

Con ese acuerdo se alude a los 200 años del inicio de relaciones entre México y Estados Unidos que a raíz de nuestra independencia dio paso al federalismo liberal, finalmente vencedor sobre el centralismo conservador y definió el camino que hasta la actualidad guía la política de nuestro país. Desde la presencia del primer plenipotenciario norteamericano, Joel Poinsett, las relaciones entre México y Estados Unidos han pasado ciertamente por momentos difíciles, agravios, desencuentros y reencuentros que deben estar superados como hechos irreversibles de la historia. Pero no cabe duda que el acuerdo que en diciembre definirá los cómos de los qués de este instrumento, requirió de un fino trabajo de la diplomacia mexicana correspondido por la voluntad del gobierno del presidente Biden para terminar con las subordinaciones que en otros tiempos han determinado algunos de los pasajes de esa relación. Tres apartados establecen las acciones bilaterales que deberán seguirse para cumplir los propósitos del acuerdo: seguridad en la frontera entre los dos países, salud y desarrollo y el combate a la delincuencia internacional en el que tanto México como Estados Unidos asumen las responsabilidades que les corresponden, siempre sobre la base, como lo señaló el secretario Blinken de un pleno respeto a la soberanía y a la autodeterminación para fijar las políticas que más convengan a los intereses de cada país. Como se ve, la novedad de este acuerdo es la igualdad de las dos partes. Los recursos asignados a la Iniciativa Mérida continuarán fluyendo para apoyar los programas que derivan del acuerdo general. En lo que hace al combate a la delincuencia, es obvio que ambos países deberán atacar tanto causas como efectos, lo mismo contra el poder económico de las bandas que con el uso de la fuerza si se considera necesario para abatirlas. Se contará también con la plena colaboración de Estados Unidos para controlar el tráfico de armas a nuestro país, que ha sido un factor importante para dar poder a la delincuencia.

De cumplirse ese principio de igualdad con la conciencia de las diferencias de los dos países, las palabras cooperación, ayuda mutua, apoyo para el desarrollo y solución de los problemas podrán cobrar vigencia plena y no ser meros términos retóricos para disfrazar subordinaciones. Con lo logrado en el acuerdo de Entendimiento Bicentenario, el canciller Marcelo Ebrard inscribe a la diplomacia mexicana en la historia de los mejores momentos de la relación con el exterior y confirma que esta política se convierte en lo mejor y más destacado del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Desde el México independiente, cancilleres y diplomáticos mexicanos se han destacado en la defensa de los principios de soberanía, autodeterminación, respeto al derecho ajeno y solución pacífica de los conflictos. Durante la Reforma del Siglo XIX México luchó para defender nuestra soberanía de los intentos norteamericanos por el dominio pleno de la política del Continente. Ya en el Siglo XX el canciller Genaro Estrada, en el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, sentó las bases de lo que sería la política exterior de México, válidas hasta el presente, al proclamar la no intervención en los asuntos de otros estados, la abstención de calificar a otros gobiernos y la soberanía y la autodeterminación como normas para la convivencia. Destacados cancilleres mexicanos han dado realce a la política exterior como Jaime Torres Bodet, quien sería también director de la UNESCO; Luis Padilla Nervo en el reconocimiento a las luchas por la independencia y contra el colonialismo. Destacan también cancilleres como Manuel Tello que en abierta oposición a la política norteamericana permitió al gobierno de Adolfo López Mateos mantener un criterio independiente de la Organización de Estados Americanos. Secretarios de Relaciones Exteriores como Jorge Castañeda en la administración de José López Portillo continuaron el acercamiento de nuestro país con diversas regiones del mundo, en una política de apertura iniciada por López Mateos y continuada en otros gobiernos como el de Luis Echeverría. La labor del canciller Marcelo Ebrard puede alcanzar los valores de otras épocas de la diplomacia mexicana a condición, que ya se vislumbra, de materializarse los propósitos de la relación con Estados Unidos de una colaboración franca y abierta con respeto mutuo a la soberanía y la autodeterminación. sdelrio1934@gmail.com


ÚLTIMASCOLUMNAS