/ jueves 14 de diciembre de 2023

México todavía no está preparado para dejar las energías fósiles

Recientemente se llevó a cabo la conferencia sobre el cambio climático de la ONU, mejor conocido como COP28, en donde el uso y mantenimiento de las energías fósiles fue el tema más álgido y que seguramente levantó más de una ceja.

Si bien el propio secretario de la ONU, Antonio Guterres, declaró que el éxito de esta COP28 dependería de un nuevo acuerdo para eliminar el uso de energías fósiles como el petróleo y el carbón lo más rápido posible para evitar un cambio climático desastroso, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), del que México es aliado, complicó el camino para establecer fechas.

Incluso, se llegó a rumorar que la OPEP envió correos a los países miembros y aliados para rechazar cualquier meta que se estableciera sobre reducir el uso de las energías fósiles, o en su caso, en reducir la producción petrolera. Según la OPEP, la demanda de petróleo seguirá creciendo al menos hasta 2045, por lo que no ve “realista” establecer una fecha para poner fin a la era de los combustibles fósiles.

Y es que los países desarrollados como Francia o Suiza se sienten con la capacidad de ya no seguir utilizando estos combustibles, de los cuales ya sacaron provecho; mientras las economías emergentes o como alguna vez escuché “con capacidades diferentes” aún no están tan listos para dar un abrupto salto a la transición energética.

En el caso de México, se va avanzando a esta transición, pero no a la medida que quisieran algunos. Antes de lograr esa afamada transición energética, se deben atender otros temas que son igual de importantes como el gasto en salud, la educación y el pago de pensiones.

Si bien las finanzas públicas han reducido su dependencia de los ingresos petroleros, aún son significativos para el país. En 2022, aportaron 1.48 billones de pesos, lo que significó 22.4% del total de ingresos que tuvo el gobierno. Recordemos que los recursos en el país son escasos y quitar abruptamente esta entrada de ingresos es poco conveniente.

Algunos dirían y quizá tengan razón en decir que México debería dejar de gastar dinero en salvar a Pemex, en la refinería Dos Bocas y en el Tren Maya (que primero usará diésel y después tendrá un sistema híbrido) y mejor invertir en tecnología para avanzar en la transición energética. Pero hasta ahora nadie nos dice qué pasará con otras industrias como la automotriz que mantiene un alto crecimiento en la venta de autos tradicionales, con la industria del gas, la electricidad y la petroquímica en general.

Definitivamente es importante atender el tema del cambio climático y de hecho hasta en la Ley General de Cambio Climático (LGCC), México está obligado a cumplir con el Acuerdo de París 2015; pero hacerlo de una manera abrupta y bajo los intereses de otras naciones, creo que no es lo adecuado.

Cada economía debería analizar y entender sus propias necesidades y a partir de ahí, sí establecer metas que favorezcan al medio ambiente.

Recientemente se llevó a cabo la conferencia sobre el cambio climático de la ONU, mejor conocido como COP28, en donde el uso y mantenimiento de las energías fósiles fue el tema más álgido y que seguramente levantó más de una ceja.

Si bien el propio secretario de la ONU, Antonio Guterres, declaró que el éxito de esta COP28 dependería de un nuevo acuerdo para eliminar el uso de energías fósiles como el petróleo y el carbón lo más rápido posible para evitar un cambio climático desastroso, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), del que México es aliado, complicó el camino para establecer fechas.

Incluso, se llegó a rumorar que la OPEP envió correos a los países miembros y aliados para rechazar cualquier meta que se estableciera sobre reducir el uso de las energías fósiles, o en su caso, en reducir la producción petrolera. Según la OPEP, la demanda de petróleo seguirá creciendo al menos hasta 2045, por lo que no ve “realista” establecer una fecha para poner fin a la era de los combustibles fósiles.

Y es que los países desarrollados como Francia o Suiza se sienten con la capacidad de ya no seguir utilizando estos combustibles, de los cuales ya sacaron provecho; mientras las economías emergentes o como alguna vez escuché “con capacidades diferentes” aún no están tan listos para dar un abrupto salto a la transición energética.

En el caso de México, se va avanzando a esta transición, pero no a la medida que quisieran algunos. Antes de lograr esa afamada transición energética, se deben atender otros temas que son igual de importantes como el gasto en salud, la educación y el pago de pensiones.

Si bien las finanzas públicas han reducido su dependencia de los ingresos petroleros, aún son significativos para el país. En 2022, aportaron 1.48 billones de pesos, lo que significó 22.4% del total de ingresos que tuvo el gobierno. Recordemos que los recursos en el país son escasos y quitar abruptamente esta entrada de ingresos es poco conveniente.

Algunos dirían y quizá tengan razón en decir que México debería dejar de gastar dinero en salvar a Pemex, en la refinería Dos Bocas y en el Tren Maya (que primero usará diésel y después tendrá un sistema híbrido) y mejor invertir en tecnología para avanzar en la transición energética. Pero hasta ahora nadie nos dice qué pasará con otras industrias como la automotriz que mantiene un alto crecimiento en la venta de autos tradicionales, con la industria del gas, la electricidad y la petroquímica en general.

Definitivamente es importante atender el tema del cambio climático y de hecho hasta en la Ley General de Cambio Climático (LGCC), México está obligado a cumplir con el Acuerdo de París 2015; pero hacerlo de una manera abrupta y bajo los intereses de otras naciones, creo que no es lo adecuado.

Cada economía debería analizar y entender sus propias necesidades y a partir de ahí, sí establecer metas que favorezcan al medio ambiente.