/ martes 29 de enero de 2019

Miedo al uso de la fuerza pública

Es verdaderamente impresionante, fuera de serie, el nivel de credibilidad que ha sabido ganarse el presidente López Obrador. Sin duda es un gran maestro en el uso de los símbolos y de los medios de comunicación. Esa magia para la comunicación, para la identificación en especial con el mayoritario y vasto mundo de la gente que entusiasmada aplaude y sobrevalora la austeridad presidencial con su muy habilidoso despliegue de simbolismos, es con lo que AMLO ha logrado construirse una imagen de honestidad con un asombroso blindaje político que ahora le está posibilitando el incurrir en decisiones aberrantes o irracionales, causantes de graves perjuicios y, a pesar de ello, salir indemne.

En general, las encuestas que se han levantado en torno a su impactante decisión de cerrar los ductos para combatir el huachicoleo le han resultado sorprendentemente favorables, sin importar las graves molestias, daños y trastornos causados a la economía y a empresas grandes, medianas y pequeñas. En particular es de llamar la atención el resultado arrojado por una de las preguntas formuladas en una de tales encuestas.

Sin tomar en cuenta que el desabasto de gasolinas era o sigue siendo en algunos estados una situación novedosa, iniciada con el naciente sexenio y vinculada en forma directa a una decisión anunciada como combate contra el robo por el nuevo gobierno, ante la pregunta: “En su opinión, ¿quién es el principal responsable de la falta de gasolina en algunos estados del país?”, únicamente el 13% contestó que el gobierno de AMLO, el 31% culpó a los huachicoleros y ¡el 42% al extinto gobierno de EPN!

Es cierto que desde la época del presidente Fox se ha presentado el atraco a los ductos de Pemex y ha venido creciendo de manera alarmante, tanto por el desmesurado nivel lucrativo del negocio como por el creciente grado de impunidad con el que han estado operando, hasta alcanzar su máximo en el sexenio EPN. Sin duda los regímenes anteriores son culpables de amedrentarse, de ineptitud e indolencia para combatir esta creciente epidemia.

Peña Nieto, con quien alcanzó su devastadora cúspide el huachicoleo, adoleció a lo largo de su sexenio de un exagerado temor a recurrir al uso de la fuerza pública para controlar y neutralizar movimientos sociales que incurrían en graves actos de vandalismo. Quizás su dolorosa y frustrante experiencia en el caso de San Salvador Atenco, que le ocasionó considerables desgaste y desprestigio, lo inhibió drásticamente para volver a recurrir al uso de la fuerza pública.

Algo muy similar acontece con el presidente AMLO, quien también comparte un singular repudio por el uso de tal fuerza.

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell

Es verdaderamente impresionante, fuera de serie, el nivel de credibilidad que ha sabido ganarse el presidente López Obrador. Sin duda es un gran maestro en el uso de los símbolos y de los medios de comunicación. Esa magia para la comunicación, para la identificación en especial con el mayoritario y vasto mundo de la gente que entusiasmada aplaude y sobrevalora la austeridad presidencial con su muy habilidoso despliegue de simbolismos, es con lo que AMLO ha logrado construirse una imagen de honestidad con un asombroso blindaje político que ahora le está posibilitando el incurrir en decisiones aberrantes o irracionales, causantes de graves perjuicios y, a pesar de ello, salir indemne.

En general, las encuestas que se han levantado en torno a su impactante decisión de cerrar los ductos para combatir el huachicoleo le han resultado sorprendentemente favorables, sin importar las graves molestias, daños y trastornos causados a la economía y a empresas grandes, medianas y pequeñas. En particular es de llamar la atención el resultado arrojado por una de las preguntas formuladas en una de tales encuestas.

Sin tomar en cuenta que el desabasto de gasolinas era o sigue siendo en algunos estados una situación novedosa, iniciada con el naciente sexenio y vinculada en forma directa a una decisión anunciada como combate contra el robo por el nuevo gobierno, ante la pregunta: “En su opinión, ¿quién es el principal responsable de la falta de gasolina en algunos estados del país?”, únicamente el 13% contestó que el gobierno de AMLO, el 31% culpó a los huachicoleros y ¡el 42% al extinto gobierno de EPN!

Es cierto que desde la época del presidente Fox se ha presentado el atraco a los ductos de Pemex y ha venido creciendo de manera alarmante, tanto por el desmesurado nivel lucrativo del negocio como por el creciente grado de impunidad con el que han estado operando, hasta alcanzar su máximo en el sexenio EPN. Sin duda los regímenes anteriores son culpables de amedrentarse, de ineptitud e indolencia para combatir esta creciente epidemia.

Peña Nieto, con quien alcanzó su devastadora cúspide el huachicoleo, adoleció a lo largo de su sexenio de un exagerado temor a recurrir al uso de la fuerza pública para controlar y neutralizar movimientos sociales que incurrían en graves actos de vandalismo. Quizás su dolorosa y frustrante experiencia en el caso de San Salvador Atenco, que le ocasionó considerables desgaste y desprestigio, lo inhibió drásticamente para volver a recurrir al uso de la fuerza pública.

Algo muy similar acontece con el presidente AMLO, quien también comparte un singular repudio por el uso de tal fuerza.

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell

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