/ domingo 26 de enero de 2020

Mochila segura

Una vez más, una tragedia – en el Colegio Cervantes de Torreón Coahuila-, sacudió la consciencia de millones de padres mexicanos: consciencias o inconsciencias… lo cierto es que esta “realidad” nos sobrepasó ante una niñez mexicana que asiste a la escuela con mochilas supuestamente seguras ¡nos tomamos el tiempo de revisarlas? Ahora vemos que pueden ser peligrosas; el caso es que la causa es de dos partes, tanto al salir de casa, como al ingresar a la escuela –se dice que la revisión no es la solución, y es cierto: el problema no está en lo que llevan ahí nuestros niños, sino en lo que traen dentro de su cabeza y de su corazón… problemas emocionales, miedos, maltrato, pesar, incomprensión y rencor; incluso bulling de sus propios compañeros, envidia, discriminación… Ufff…


No sabemos qué tan útil serían los arcos de seguridad y la revisión de pertenencias y cuerpos al arribar a la institución educativa – a la manera del acceso a un centro cultural o deportivo o un avión-, pero como medida preventiva, podría disminuir el riesgo.


Es verdad que debemos asumir las responsabilidades compartidas; nos toca revisar mochilas en casa, ver que en ellas se encuentren los útiles precisos para las tareas escolares; pero más importante aun es cerciorarnos lo que nuestros niños y jóvenes traen en sus cabezas, e su corazón, en sus emociones y sentimientos.


Hoy, la reacción de un adolescente de once años capaz de ingresar con un arma –o más-, a la escuela y disparar en contra de su profesora y quitarse la vida, nos hizo girar, ubicarnos en el México actual y respecto a la responsabilidad por estar y soportar un país tan violento como el que tenemos.


Somos culpables todos pues! No hemos hecho lo correcto, nos hemos equivocado al evadir, al no prevenir, ante la falta de tiempo para la convivencia, al no propiciar pláticas familiares, al permitir la falta de respeto y no asumir el rol que los tutores juegan en la familia, ante la ausencia de límites y autoridad; valores que se han perdido y que nos llevan hoy a presenciar actos irracionales de un inocente atormentado y desesperado que no halló otro recurso más que la muerte.


Alerta a escuelas públicas o privadas, a profesores y padres de familia, a los propios escolapios como semáforos sensibles para encender alarmas de solidaridad afectiva y efectiva.


Hoy, la sociedad mexicana es copartícipe de esta omisión; nos hemos segado ante causas generadoras de riesgos sociales, humanos, indolentes ante la carencia de urgentes medidas preventivas, años ha…


Estamos conscientes de que la violencia que nuestro México padece es una tragedia que todos los días arroja datos de víctimas, información fría y despiadada sobre víctimas que han sufrido cruentos eventos a manos del “crimen organizado”; igualmente, todos los días en México y en el mundo, miles de niños y jóvenes son víctimas de bandas criminógenas, no para victimarlos, sino para utilizarlos y propiciar un triste destino.


“Nuestros niños”, esos a los que supuestamente cuidamos y por los que velamos en casa, se enfrentan también a desventuras emocionales tan peligrosas como el propio crimen organizado –en este caso el abuelo y el padre por ejemplo-, abandono, maltrato, falta de afectividad y ahora, con el agravante de las aventuras online que, bien orientadas pueden ser muy favorables, pero sin supervisión de los padres, pueden ser letales…


Así las cosas, la mochila debe ser segura, sí, pero revisada, rectificada y dedicada por parte de los padres, a manera de que sea una mochila segura con salud, amor, dedicación, disposición, afectividad por parte de los padres y atención, vocación, profesionalismo, honestidad y compromiso por parte de la escuela… los niños también pueden ayudar a detectar problemas en sus compañeros, y atreverse a decirlo.


No es la mochila pues, es un triste y grave relejo de lo que hoy padecemos.

gamogui@hotmail.com


Una vez más, una tragedia – en el Colegio Cervantes de Torreón Coahuila-, sacudió la consciencia de millones de padres mexicanos: consciencias o inconsciencias… lo cierto es que esta “realidad” nos sobrepasó ante una niñez mexicana que asiste a la escuela con mochilas supuestamente seguras ¡nos tomamos el tiempo de revisarlas? Ahora vemos que pueden ser peligrosas; el caso es que la causa es de dos partes, tanto al salir de casa, como al ingresar a la escuela –se dice que la revisión no es la solución, y es cierto: el problema no está en lo que llevan ahí nuestros niños, sino en lo que traen dentro de su cabeza y de su corazón… problemas emocionales, miedos, maltrato, pesar, incomprensión y rencor; incluso bulling de sus propios compañeros, envidia, discriminación… Ufff…


No sabemos qué tan útil serían los arcos de seguridad y la revisión de pertenencias y cuerpos al arribar a la institución educativa – a la manera del acceso a un centro cultural o deportivo o un avión-, pero como medida preventiva, podría disminuir el riesgo.


Es verdad que debemos asumir las responsabilidades compartidas; nos toca revisar mochilas en casa, ver que en ellas se encuentren los útiles precisos para las tareas escolares; pero más importante aun es cerciorarnos lo que nuestros niños y jóvenes traen en sus cabezas, e su corazón, en sus emociones y sentimientos.


Hoy, la reacción de un adolescente de once años capaz de ingresar con un arma –o más-, a la escuela y disparar en contra de su profesora y quitarse la vida, nos hizo girar, ubicarnos en el México actual y respecto a la responsabilidad por estar y soportar un país tan violento como el que tenemos.


Somos culpables todos pues! No hemos hecho lo correcto, nos hemos equivocado al evadir, al no prevenir, ante la falta de tiempo para la convivencia, al no propiciar pláticas familiares, al permitir la falta de respeto y no asumir el rol que los tutores juegan en la familia, ante la ausencia de límites y autoridad; valores que se han perdido y que nos llevan hoy a presenciar actos irracionales de un inocente atormentado y desesperado que no halló otro recurso más que la muerte.


Alerta a escuelas públicas o privadas, a profesores y padres de familia, a los propios escolapios como semáforos sensibles para encender alarmas de solidaridad afectiva y efectiva.


Hoy, la sociedad mexicana es copartícipe de esta omisión; nos hemos segado ante causas generadoras de riesgos sociales, humanos, indolentes ante la carencia de urgentes medidas preventivas, años ha…


Estamos conscientes de que la violencia que nuestro México padece es una tragedia que todos los días arroja datos de víctimas, información fría y despiadada sobre víctimas que han sufrido cruentos eventos a manos del “crimen organizado”; igualmente, todos los días en México y en el mundo, miles de niños y jóvenes son víctimas de bandas criminógenas, no para victimarlos, sino para utilizarlos y propiciar un triste destino.


“Nuestros niños”, esos a los que supuestamente cuidamos y por los que velamos en casa, se enfrentan también a desventuras emocionales tan peligrosas como el propio crimen organizado –en este caso el abuelo y el padre por ejemplo-, abandono, maltrato, falta de afectividad y ahora, con el agravante de las aventuras online que, bien orientadas pueden ser muy favorables, pero sin supervisión de los padres, pueden ser letales…


Así las cosas, la mochila debe ser segura, sí, pero revisada, rectificada y dedicada por parte de los padres, a manera de que sea una mochila segura con salud, amor, dedicación, disposición, afectividad por parte de los padres y atención, vocación, profesionalismo, honestidad y compromiso por parte de la escuela… los niños también pueden ayudar a detectar problemas en sus compañeros, y atreverse a decirlo.


No es la mochila pues, es un triste y grave relejo de lo que hoy padecemos.

gamogui@hotmail.com