/ viernes 27 de marzo de 2020

Momentos de unidad y solidaridad

Para los mexicanos, el 2020 se perfilaba como un año difícil y, por si algo más hiciera falta, ahora tenemos que hacer frente a la pandemia de Coronavirus, así como a sus consecuencias, en la salud, la economía y la pérdida de vidas humanas.


El Covid-19 se extiende hacia todas las regiones del mundo; pero gracias a las investigaciones y modelos estadísticos se encuentran identificados los grupos de población donde el impacto es mayor. También conocemos las experiencias de naciones que ya son catalogadas como casos de éxito por la forma en que han gestionado la pandemia -Corea del Sur, Japón, Singapur y China-; pero en contraparte, tenemos los ejemplos de Italia, España o Francia, cuya situación se encuentra desbordada. Entre estos polos, nuestro país tiene bastante que aprender y mucho por hacer.


En principio, el “optimismo” con que se conduce el Presidente no es suficiente para transmitir confianza a la sociedad. Cuando por parte del gobierno observamos contradicciones y desarticulación, la confianza es lo primero que se fractura entre la población.


Por esta razón, lamento que el Covid-19 nos haya llegado en este momento a los mexicanos. En primer lugar, porque la pandemia se presenta cuando el Presidente López Obrador registra una importante disminución de los niveles de aprobación a su gestión. Por ejemplo, en el mes de febrero de 2019 su aprobación rondaba el 81 %, frente a un 14 % de desaprobación. En esta semana ya aparecen encuestas, en donde la aprobación del presidente se redujo al 50% y continua en una tendencia a la baja.


Aquí sólo hay una lectura: el Presidente está siendo evaluado en función de las expectativas que no ha cumplido.


Y lo anterior, no sólo es resultado de los desaciertos en el tratamiento de los asuntos más urgentes de la agenda; sino también de otras crisis derivadas de temas tan lamentables como los feminicidios y la excesiva violencia en contra de las mujeres, que han causado la más amplia condena social.


En segundo lugar, porque desde meses atrás, el sistema de salud pública dio muestras de debilitamiento. Su máxima expresión la tuvo durante la crisis del desabasto de medicamentos, la suspensión de tratamientos a pacientes con enfermedades crónico degenerativas, los recortes al presupuesto, las carencias en infraestructura, la cancelación del Seguro Popular y la pésima instrumentación del nuevo INSABI.


Y en tercer lugar se encuentra la vertiente económica. El Covid-19 nos toma también en una coyuntura en que somos muy vulnerables por distintas circunstancias. No tenemos una economía sólida, tampoco hay confianza en los inversionistas; el sector empresarial no sólo está polarizado, sino que una buena parte prefiere invertir en el exterior y otros tantos se sienten amenazados y fiscalizados en exceso.


La economía decreció en el 2019, los signos de estancamiento son evidentes y para este año las perspectivas no nos favorecen, difícilmente se van a cumplir las metas de crecimiento propuestas. La situación se torna más compleja por las turbulencias financieras y la crisis económica también provocadas por el Covid-19 a nivel mundial.


Lo único cierto es que los tiempos más complicados están por llegar. En las siguientes semanas entraremos al pico más alto del Covid-19 y frente a esto, la solidaridad y la unidad de los mexicanos será fundamental para librar esta batalla, más allá de las acciones que el gobierno ponga en marcha.


En diversas ocasiones en este espacio he resaltado estos grandes valores que nos distinguen como Nación y que se han hecho patentes en medio de las tragedias o en los desastres naturales que ya nos tocó padecer. La solidaridad y la unidad son una gran fortaleza entre los mexicanos.


En los próximos días nuevamente estaremos a prueba y tengo la certeza de que saldremos adelante.


En realidad, esta solidaridad y unidad ya se ha empezado a hacer patente a través de una sociedad que comienza a organizarse, que utiliza las redes sociales para sumar apoyos a favor de las personas en situación de vulnerabilidad o para brindar un poco de ayuda a quienes, por las restricciones derivadas de la pandemia, están dejando de percibir ingresos.


Esto me confirma la extraordinaria capacidad de la sociedad civil de nuestro país para organizarse en momentos difíciles y que, seguramente, muy pronto la veremos en toda su plenitud.


Desde este espacio, quiero expresar mi más amplio reconocimiento a todo el personal médico, enfermeras y enfermeros, así como a los trabajadores de todo el sector salud, por su vocación y compromiso que están demostrando en esta crisis sanitaria. Su trabajo es invaluable en estos momentos.


La solidaridad de los mexicanos no tiene límites y por esta razón, confío en que, durante los próximos días, cada uno de nosotros mostrará su lado más humano y más generoso a quien lo necesite.




Presidente de la Academia Mexicana de Educación.

Para los mexicanos, el 2020 se perfilaba como un año difícil y, por si algo más hiciera falta, ahora tenemos que hacer frente a la pandemia de Coronavirus, así como a sus consecuencias, en la salud, la economía y la pérdida de vidas humanas.


El Covid-19 se extiende hacia todas las regiones del mundo; pero gracias a las investigaciones y modelos estadísticos se encuentran identificados los grupos de población donde el impacto es mayor. También conocemos las experiencias de naciones que ya son catalogadas como casos de éxito por la forma en que han gestionado la pandemia -Corea del Sur, Japón, Singapur y China-; pero en contraparte, tenemos los ejemplos de Italia, España o Francia, cuya situación se encuentra desbordada. Entre estos polos, nuestro país tiene bastante que aprender y mucho por hacer.


En principio, el “optimismo” con que se conduce el Presidente no es suficiente para transmitir confianza a la sociedad. Cuando por parte del gobierno observamos contradicciones y desarticulación, la confianza es lo primero que se fractura entre la población.


Por esta razón, lamento que el Covid-19 nos haya llegado en este momento a los mexicanos. En primer lugar, porque la pandemia se presenta cuando el Presidente López Obrador registra una importante disminución de los niveles de aprobación a su gestión. Por ejemplo, en el mes de febrero de 2019 su aprobación rondaba el 81 %, frente a un 14 % de desaprobación. En esta semana ya aparecen encuestas, en donde la aprobación del presidente se redujo al 50% y continua en una tendencia a la baja.


Aquí sólo hay una lectura: el Presidente está siendo evaluado en función de las expectativas que no ha cumplido.


Y lo anterior, no sólo es resultado de los desaciertos en el tratamiento de los asuntos más urgentes de la agenda; sino también de otras crisis derivadas de temas tan lamentables como los feminicidios y la excesiva violencia en contra de las mujeres, que han causado la más amplia condena social.


En segundo lugar, porque desde meses atrás, el sistema de salud pública dio muestras de debilitamiento. Su máxima expresión la tuvo durante la crisis del desabasto de medicamentos, la suspensión de tratamientos a pacientes con enfermedades crónico degenerativas, los recortes al presupuesto, las carencias en infraestructura, la cancelación del Seguro Popular y la pésima instrumentación del nuevo INSABI.


Y en tercer lugar se encuentra la vertiente económica. El Covid-19 nos toma también en una coyuntura en que somos muy vulnerables por distintas circunstancias. No tenemos una economía sólida, tampoco hay confianza en los inversionistas; el sector empresarial no sólo está polarizado, sino que una buena parte prefiere invertir en el exterior y otros tantos se sienten amenazados y fiscalizados en exceso.


La economía decreció en el 2019, los signos de estancamiento son evidentes y para este año las perspectivas no nos favorecen, difícilmente se van a cumplir las metas de crecimiento propuestas. La situación se torna más compleja por las turbulencias financieras y la crisis económica también provocadas por el Covid-19 a nivel mundial.


Lo único cierto es que los tiempos más complicados están por llegar. En las siguientes semanas entraremos al pico más alto del Covid-19 y frente a esto, la solidaridad y la unidad de los mexicanos será fundamental para librar esta batalla, más allá de las acciones que el gobierno ponga en marcha.


En diversas ocasiones en este espacio he resaltado estos grandes valores que nos distinguen como Nación y que se han hecho patentes en medio de las tragedias o en los desastres naturales que ya nos tocó padecer. La solidaridad y la unidad son una gran fortaleza entre los mexicanos.


En los próximos días nuevamente estaremos a prueba y tengo la certeza de que saldremos adelante.


En realidad, esta solidaridad y unidad ya se ha empezado a hacer patente a través de una sociedad que comienza a organizarse, que utiliza las redes sociales para sumar apoyos a favor de las personas en situación de vulnerabilidad o para brindar un poco de ayuda a quienes, por las restricciones derivadas de la pandemia, están dejando de percibir ingresos.


Esto me confirma la extraordinaria capacidad de la sociedad civil de nuestro país para organizarse en momentos difíciles y que, seguramente, muy pronto la veremos en toda su plenitud.


Desde este espacio, quiero expresar mi más amplio reconocimiento a todo el personal médico, enfermeras y enfermeros, así como a los trabajadores de todo el sector salud, por su vocación y compromiso que están demostrando en esta crisis sanitaria. Su trabajo es invaluable en estos momentos.


La solidaridad de los mexicanos no tiene límites y por esta razón, confío en que, durante los próximos días, cada uno de nosotros mostrará su lado más humano y más generoso a quien lo necesite.




Presidente de la Academia Mexicana de Educación.

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