/ miércoles 17 de marzo de 2021

Necesitamos otra politica

VER.- El próximo 6 de junio, en nuestro país habrá elecciones para muchos cargos civiles, desde diputaciones federales y gubernaturas en diferentes estados, hasta diputaciones locales y presidencias municipales. El ambiente se ha enrarecido y han aparecido de nuevo tantos intereses, legítimos e ilegítimos.

Cuando servía como obispo en Chiapas, siempre solicitaban, casi sólo en tiempos electorales, platicar conmigo variados aspirantes a cargos públicos, y siempre les preguntaba qué les movía a postularse. La mayoría me respondían que era para servir al pueblo, para hacer algo por la comunidad, para que otros ya no robaran al erario público, etc. Sólo uno me confió que no sabía hacer otra cosa en su vida y que, si triunfaba, tendría un buen dinero para sí y los suyos…

En el actual proceso electoral, me he enterado de presiones de grupos mafiosos para influir en la designación de candidatos. Invierten mucho dinero para ganar una elección, y así tener “derecho” a intervenir en el gobierno, con amplia libertad para hacer lo que quieran. Una nota periodística refiere que el Presidente del país declaró textualmente el pasado 28 de febrero en Zacatecas: “Hay regiones en donde ellos deciden quién debe ser candidato y quién va a ser el presidente, y a los otros candidatos los amenazan y los hacen a un lado. Eso no se puede seguir permitiendo. Imagínense: si el presidente municipal de un pueblo llega apoyado por la delincuencia organizada, o por la delincuencia de cuello blanco, sencillamente va a ser un pelele, un títere, un empleado de quien dio el dinero para que ese candidato, en su momento, comprara los votos, traficara con la pobreza de la gente y llegara al cargo, no para servir al pueblo, sino para servir a esos grupos de intereses creados”. Esto es verdad y al gobierno compete hacer todo lo posible para que no siga sucediendo.

Llama la atención que haya tantas personas que anhelan contender por un cargo público, a pesar de presiones y amenazas incluso contra su vida. Hay muchos problemas y carencias; los recursos nunca alcanzan. ¿Qué les mueve, más allá de sus palabras y promesas? ¿Qué hacer para lograr una mejor política?

PENSAR

El Papa Francisco, en su visita de hace cinco años a nuestra patria, en Palacio Nacional, invitó a la clase política “a reflexionar sobre la propia responsabilidad a la hora de construir el México que queremos, el México que deseamos legar a las generaciones venideras. También a darnos cuenta de que un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este bien común que en este siglo XXI no goza de buen mercado. La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.




Obispo Emérito de San Crisdtobal de las Casas


VER.- El próximo 6 de junio, en nuestro país habrá elecciones para muchos cargos civiles, desde diputaciones federales y gubernaturas en diferentes estados, hasta diputaciones locales y presidencias municipales. El ambiente se ha enrarecido y han aparecido de nuevo tantos intereses, legítimos e ilegítimos.

Cuando servía como obispo en Chiapas, siempre solicitaban, casi sólo en tiempos electorales, platicar conmigo variados aspirantes a cargos públicos, y siempre les preguntaba qué les movía a postularse. La mayoría me respondían que era para servir al pueblo, para hacer algo por la comunidad, para que otros ya no robaran al erario público, etc. Sólo uno me confió que no sabía hacer otra cosa en su vida y que, si triunfaba, tendría un buen dinero para sí y los suyos…

En el actual proceso electoral, me he enterado de presiones de grupos mafiosos para influir en la designación de candidatos. Invierten mucho dinero para ganar una elección, y así tener “derecho” a intervenir en el gobierno, con amplia libertad para hacer lo que quieran. Una nota periodística refiere que el Presidente del país declaró textualmente el pasado 28 de febrero en Zacatecas: “Hay regiones en donde ellos deciden quién debe ser candidato y quién va a ser el presidente, y a los otros candidatos los amenazan y los hacen a un lado. Eso no se puede seguir permitiendo. Imagínense: si el presidente municipal de un pueblo llega apoyado por la delincuencia organizada, o por la delincuencia de cuello blanco, sencillamente va a ser un pelele, un títere, un empleado de quien dio el dinero para que ese candidato, en su momento, comprara los votos, traficara con la pobreza de la gente y llegara al cargo, no para servir al pueblo, sino para servir a esos grupos de intereses creados”. Esto es verdad y al gobierno compete hacer todo lo posible para que no siga sucediendo.

Llama la atención que haya tantas personas que anhelan contender por un cargo público, a pesar de presiones y amenazas incluso contra su vida. Hay muchos problemas y carencias; los recursos nunca alcanzan. ¿Qué les mueve, más allá de sus palabras y promesas? ¿Qué hacer para lograr una mejor política?

PENSAR

El Papa Francisco, en su visita de hace cinco años a nuestra patria, en Palacio Nacional, invitó a la clase política “a reflexionar sobre la propia responsabilidad a la hora de construir el México que queremos, el México que deseamos legar a las generaciones venideras. También a darnos cuenta de que un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este bien común que en este siglo XXI no goza de buen mercado. La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.




Obispo Emérito de San Crisdtobal de las Casas