/ sábado 20 de abril de 2024

Negro futuro para la presidenta de la Corte

A la ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) le está pasando lo que dicen que le pasa a quien cae en arenas movedizas: mientras más se mueve para salir del trance, más se hunde.

Para empezar, Norma Lucía Piña Hernández no tiene el necesario prestigio ético para encarar un conflicto político con el Poder Ejecutivo y, también y al mismo tiempo, con el Poder Legislativo.

La fama pública de la ministra presidenta no es la de una eminente jurista, sino sólo la de una burócrata exitosa, cuya motivación esencial es el enriquecimiento personal.

Además, se trata de una persona de arraigado pensamiento conservador, alejado por completo del sentir y de los intereses del pueblo.

Tampoco se puede decir que tenga experiencia política. Y ahora mismo se encuentra metida en una actividad de lucha por el poder, es decir, el alma de la política. ¿O dirá Norma Piña que no busca conservar y acrecentar su propio poder personal e institucional?

En materia de aliados, cosa consustancial a la actividad política, la ministra presidenta sólo puede contar con lo peor del priismo, del panismo y del perredismo.

Y si bien es cierto que tiene el apoyo de muchos medios de comunicación, hay que decir que éstos carecen de la influencia de épocas pasadas.

Y si se mira al futuro, las perspectivas para Norma Piña son simplemente desoladoras. Todo hace prever que la candidata presidencial del Prián, a la que respalda y en quien se respalda, no llegará a Palacio Nacional.

Y más o menos puede decirse lo mismo del próximo Congreso de la Unión. La coalición de la derecha no cuenta con la fuerza electoral para lograr la mayoría en el próximo Poder Legislativo. Y menos aún en la Cámara de Diputados que tiene la facultad exclusiva de la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación. Y ya se sabe que el destino del país y el destino del gobierno depende del destino del presupuesto.

Con Claudia Sheinbaum en la Presidencia de la República el futuro de Norma Piña se ve más oscuro todavía.

El proyecto conservador de Piña tendrá en el proyecto transformador de Sheinbaum un adversario más duro de lo que puede imaginar.


mentorferrer@gmail.com


A la ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) le está pasando lo que dicen que le pasa a quien cae en arenas movedizas: mientras más se mueve para salir del trance, más se hunde.

Para empezar, Norma Lucía Piña Hernández no tiene el necesario prestigio ético para encarar un conflicto político con el Poder Ejecutivo y, también y al mismo tiempo, con el Poder Legislativo.

La fama pública de la ministra presidenta no es la de una eminente jurista, sino sólo la de una burócrata exitosa, cuya motivación esencial es el enriquecimiento personal.

Además, se trata de una persona de arraigado pensamiento conservador, alejado por completo del sentir y de los intereses del pueblo.

Tampoco se puede decir que tenga experiencia política. Y ahora mismo se encuentra metida en una actividad de lucha por el poder, es decir, el alma de la política. ¿O dirá Norma Piña que no busca conservar y acrecentar su propio poder personal e institucional?

En materia de aliados, cosa consustancial a la actividad política, la ministra presidenta sólo puede contar con lo peor del priismo, del panismo y del perredismo.

Y si bien es cierto que tiene el apoyo de muchos medios de comunicación, hay que decir que éstos carecen de la influencia de épocas pasadas.

Y si se mira al futuro, las perspectivas para Norma Piña son simplemente desoladoras. Todo hace prever que la candidata presidencial del Prián, a la que respalda y en quien se respalda, no llegará a Palacio Nacional.

Y más o menos puede decirse lo mismo del próximo Congreso de la Unión. La coalición de la derecha no cuenta con la fuerza electoral para lograr la mayoría en el próximo Poder Legislativo. Y menos aún en la Cámara de Diputados que tiene la facultad exclusiva de la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación. Y ya se sabe que el destino del país y el destino del gobierno depende del destino del presupuesto.

Con Claudia Sheinbaum en la Presidencia de la República el futuro de Norma Piña se ve más oscuro todavía.

El proyecto conservador de Piña tendrá en el proyecto transformador de Sheinbaum un adversario más duro de lo que puede imaginar.


mentorferrer@gmail.com