/ martes 19 de mayo de 2020

Ni dioses ni demonios

Alejandro Magno nació aproximadamente en el año 320 antes de Cristo. Éste se distinguió por sus logros militares, el uso del intelecto en estos y en la política. Nunca pudo disfrutar de todas sus victorias pues murió joven (para nuestros tiempos) y de mediana edad para su tiempo.


Algunas lecturas señalan que éste era de trato difícil, una persona muy complicada, y que también tuvo errores dentro de la estrategia en el campo de batalla. El punto es que Alejandro Magno era tan humano como todos nosotros. No más, no menos. Con todos los grises que puede tener una persona. A nuestros días, solo ha llegado el mito del poderoso conquistador que no logró regresar a reinar en paz.


Joseph Fouché fue un político francés que logró sobrevivir a la revolución francesa, a la época del terror, los tiempos de Napoleón Bonaparte y la reinstauración de la monarquía. Algunos autores señalan que se le decía el cocinero de la traición. La historia lo pinta como un político sin escrúpulos y dicen que inventó los servicios de inteligencia. En una de sus biografías, tal vez la más completa, se observa a un padre amoroso y un marido comprometido, es decir, un ser humano con fuertes sentimientos para los suyos. Fouché tenía miles de grises, pero las cosas se vuelven complicadas cuando viene el mito. El espacio del mito no acepta seres humanos con errores y con virtudes, todo es en blanco y negro para alimentar las historias que circundan a nuestros héroes y villanos.


Deberíamos reflexionar sobre esas personas que se erigen como nuestros héroes y villanos, tratar de hacer un juicio que admita los grises de los humanos, y aceptar que todos y todas son personas que se equivocan, aciertan, tienen miedo, fuerza, claridad y la mayoría de las veces ceguera. Todo esto viene a cuento para las afirmaciones a corta pisa sobre nuestros personajes históricos. En estos tiempos el discurso es dicotómico, tenemos personajes buenos y malos. No se quiere hacer un análisis pausado ni ver la humanidad de cada notable. La prisa por cambiar el presente nos está obligando a cambiar el pasado en el mismo tono y con la misma prisa.


En el caso de Porfirio Díaz, hay miles de textos sobre todos sus errores y los aciertos de su gestión. Nadie le puede quitar el adjetivo de dictador ni de arbitrario, sin embargo, hay muchas más cosas de éste, además de los resultados de su gestión. Sin embargo, hoy solo es un personaje malo con un tipo de gestión económica, se ha convertido en un mito y sus grises se han desvanecido. Y, lo mismo ha sucedido con el resto de nuestra historia y periodos, y ya nada admite una discusión que no se polarice.


Cuando era niño me gustaban las historias de policías y rateros, superhéroes y villanos, cosas que se dividían en dos bandos. Hoy me parece que las cosas y las personas merecen un estudio reflexionado. Esperemos que gane la reflexión sobre la prisa, y el gris sobre el blanco y negro. Nada se divide en dos partes, y a una reacción corresponden muchísimos efectos, tanto para la historia como para el presente. Un poco de pausa en estos tiempos de prisa.



Doctor en Derecho

@jangulonobara

Alejandro Magno nació aproximadamente en el año 320 antes de Cristo. Éste se distinguió por sus logros militares, el uso del intelecto en estos y en la política. Nunca pudo disfrutar de todas sus victorias pues murió joven (para nuestros tiempos) y de mediana edad para su tiempo.


Algunas lecturas señalan que éste era de trato difícil, una persona muy complicada, y que también tuvo errores dentro de la estrategia en el campo de batalla. El punto es que Alejandro Magno era tan humano como todos nosotros. No más, no menos. Con todos los grises que puede tener una persona. A nuestros días, solo ha llegado el mito del poderoso conquistador que no logró regresar a reinar en paz.


Joseph Fouché fue un político francés que logró sobrevivir a la revolución francesa, a la época del terror, los tiempos de Napoleón Bonaparte y la reinstauración de la monarquía. Algunos autores señalan que se le decía el cocinero de la traición. La historia lo pinta como un político sin escrúpulos y dicen que inventó los servicios de inteligencia. En una de sus biografías, tal vez la más completa, se observa a un padre amoroso y un marido comprometido, es decir, un ser humano con fuertes sentimientos para los suyos. Fouché tenía miles de grises, pero las cosas se vuelven complicadas cuando viene el mito. El espacio del mito no acepta seres humanos con errores y con virtudes, todo es en blanco y negro para alimentar las historias que circundan a nuestros héroes y villanos.


Deberíamos reflexionar sobre esas personas que se erigen como nuestros héroes y villanos, tratar de hacer un juicio que admita los grises de los humanos, y aceptar que todos y todas son personas que se equivocan, aciertan, tienen miedo, fuerza, claridad y la mayoría de las veces ceguera. Todo esto viene a cuento para las afirmaciones a corta pisa sobre nuestros personajes históricos. En estos tiempos el discurso es dicotómico, tenemos personajes buenos y malos. No se quiere hacer un análisis pausado ni ver la humanidad de cada notable. La prisa por cambiar el presente nos está obligando a cambiar el pasado en el mismo tono y con la misma prisa.


En el caso de Porfirio Díaz, hay miles de textos sobre todos sus errores y los aciertos de su gestión. Nadie le puede quitar el adjetivo de dictador ni de arbitrario, sin embargo, hay muchas más cosas de éste, además de los resultados de su gestión. Sin embargo, hoy solo es un personaje malo con un tipo de gestión económica, se ha convertido en un mito y sus grises se han desvanecido. Y, lo mismo ha sucedido con el resto de nuestra historia y periodos, y ya nada admite una discusión que no se polarice.


Cuando era niño me gustaban las historias de policías y rateros, superhéroes y villanos, cosas que se dividían en dos bandos. Hoy me parece que las cosas y las personas merecen un estudio reflexionado. Esperemos que gane la reflexión sobre la prisa, y el gris sobre el blanco y negro. Nada se divide en dos partes, y a una reacción corresponden muchísimos efectos, tanto para la historia como para el presente. Un poco de pausa en estos tiempos de prisa.



Doctor en Derecho

@jangulonobara

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