/ jueves 3 de junio de 2021

No al autoritarismo

La peor decisión es la indecisión

Benjamin Franklin



Los procesos históricos de alto calado representan oportunidades para reconfigurar el poder, posicionar a las formaciones políticas y definir la influencia de las clases y estamentos sociales. El domingo 6 de junio se vivirá uno de esos momentos históricos que, en el ámbito electoral, podrá presentar una nueva correlación de fuerzas en el escenario político/económico. No es para menos, estarán alrededor de 20 mil cargos en disputa y la continuidad de un proyecto.


Desde el inicio de la actual administración, AMLO mostró su animadversión y hasta desprecio por quienes hablaban y escribían cuestionando algunas de sus propuestas e iniciativas legislativas, justificándose como el único representante del pueblo frente a los neoliberales. Aunque había advertido que no era una persona de venganzas, el periodo electoral mostró las contradicciones entre sus dichos y hechos potenciados por los malos resultados, por lo que se volcó, no a la autocrítica en un contexto de pandemia, sino a confrontar las opiniones y denostar a los que evidenciaban los errores tachandolos de conservadores.


Ahora bien, en el 2018, con un grito de hartazgo, se creyó que al fin se atacarían las desigualdades, se enfrentarían los orígenes de los atrasos económicos bajo un nuevo modelo de desarrollo y se combatirían las múltiples violencias lejos de las ópticas punitivas y militaristas. Rápidamente se constató que AMLO no representaba a un gobierno de izquierda, en el sentido profundo de la lucha contra los privilegios. Lejos de ello, una de sus primeras acciones fue nombrar a un comité asesor integrado por los personajes más ricos del país. Y no por un asunto táctico, sino por una concepción demagógica de que él gobernaría para “todos los mexicanos”. Hoy los ricos son más ricos. Su frase efectista de “primero los pobres”, fue un vulgar desplante. Eso sí, en la pandemia fueron los pobres los que mayoritariamente murieron.


Así las cosas, la cita con las urnas implica un plebiscito y no puede haber neutralidades. Se está por la ruta del autoritarismo y la improvisación o por construir contrapesos, especialmente en la Cámara de Diputados, que detengan la dinámica de un proyecto unipersonal, con vetustas y viejas ideas, reproducidas bajo un gobierno vertical y centralista, que acumula poder y muestra la fragilidad de las incipientes y anémicas instituciones que han costado varias generaciones formar. Y que, nadie se confunda, votar por los partidos opositores no significa el deseo de volver a un pasado traumático y abusivo. De ninguna manera. Hoy necesitamos eliminar el neopresidencialismo y el neoecheverrismo que se ha implantado desde Palacio Nacional.

pedropenaloza@yahoo.com/@pedro_peanloz



La peor decisión es la indecisión

Benjamin Franklin



Los procesos históricos de alto calado representan oportunidades para reconfigurar el poder, posicionar a las formaciones políticas y definir la influencia de las clases y estamentos sociales. El domingo 6 de junio se vivirá uno de esos momentos históricos que, en el ámbito electoral, podrá presentar una nueva correlación de fuerzas en el escenario político/económico. No es para menos, estarán alrededor de 20 mil cargos en disputa y la continuidad de un proyecto.


Desde el inicio de la actual administración, AMLO mostró su animadversión y hasta desprecio por quienes hablaban y escribían cuestionando algunas de sus propuestas e iniciativas legislativas, justificándose como el único representante del pueblo frente a los neoliberales. Aunque había advertido que no era una persona de venganzas, el periodo electoral mostró las contradicciones entre sus dichos y hechos potenciados por los malos resultados, por lo que se volcó, no a la autocrítica en un contexto de pandemia, sino a confrontar las opiniones y denostar a los que evidenciaban los errores tachandolos de conservadores.


Ahora bien, en el 2018, con un grito de hartazgo, se creyó que al fin se atacarían las desigualdades, se enfrentarían los orígenes de los atrasos económicos bajo un nuevo modelo de desarrollo y se combatirían las múltiples violencias lejos de las ópticas punitivas y militaristas. Rápidamente se constató que AMLO no representaba a un gobierno de izquierda, en el sentido profundo de la lucha contra los privilegios. Lejos de ello, una de sus primeras acciones fue nombrar a un comité asesor integrado por los personajes más ricos del país. Y no por un asunto táctico, sino por una concepción demagógica de que él gobernaría para “todos los mexicanos”. Hoy los ricos son más ricos. Su frase efectista de “primero los pobres”, fue un vulgar desplante. Eso sí, en la pandemia fueron los pobres los que mayoritariamente murieron.


Así las cosas, la cita con las urnas implica un plebiscito y no puede haber neutralidades. Se está por la ruta del autoritarismo y la improvisación o por construir contrapesos, especialmente en la Cámara de Diputados, que detengan la dinámica de un proyecto unipersonal, con vetustas y viejas ideas, reproducidas bajo un gobierno vertical y centralista, que acumula poder y muestra la fragilidad de las incipientes y anémicas instituciones que han costado varias generaciones formar. Y que, nadie se confunda, votar por los partidos opositores no significa el deseo de volver a un pasado traumático y abusivo. De ninguna manera. Hoy necesitamos eliminar el neopresidencialismo y el neoecheverrismo que se ha implantado desde Palacio Nacional.

pedropenaloza@yahoo.com/@pedro_peanloz



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