/ jueves 13 de junio de 2019

No al puño cerrado, si a la mano abierta

En una reciente conversación por teléfono con Trump, López Obrador le dijo en su Twitter: “No le levanto un puño cerrado, sino la mano abierta y franca”. Yendo por partes yo pienso que si desde el primer momento de esta crisis el gobierno hubiera condicionado el indiscutible derecho a la migración proveniente del sur de nuestra frontera —con absoluto respeto a la Constitución, a los derechos humanos y a los tratados o convenios internacionales—, la penosa, lamentable y desafortunada situación actual con Trump sería inconcebible.

Condicionar ese derecho a no dejar cruzar la frontera mexicana a quienes tengan claros y probados antecedentes -obviamente penales- de violencia. Labor difícil ésta pero necesaria. Porque ya pasado ese primer momento la solución al problema con Trump tiene un innegable matiz de claudicación, que es ceder ante una fuerte presión de aquél. A mi juicio pruebas evidentes de lo que digo son los twitters sibilinos de Trump —y de extraña traducción al español— en que se repite la misma idea: “Sin embargo, si por alguna razón desconocida que no la hay, siempre podemos volver a nuestra posición anterior, y muy lucrativa, de (amenazar con) aranceles; pero no creo que eso vaya a ser necesario”.

Ahora bien, Porfirio Muñoz Ledo, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, dijo en Tijuana que “en la frontera sur se nos pide cerrar la puerta para hacerle un obscuro favor a los Estados Unidos”, sosteniendo que la migración es un derecho humano que debe ser respetado; aunque con posterioridad añadió que celebraba el acuerdo puesto que “es lo mejor”. Muñoz Ledo remarcó que el del acuerdo “es un día de celebración, pero también de reflexión”. O sea, critica y no critica, aplaude y no aplaude. ¿Requerimientos de su delicada tarea política? Puede ser, ya que la política a ciertos niveles es eso…

Por mi parte insisto en que primero se eligió un camino, conforme a los indicios, y luego otro; siendo éste el que le da a lo convenido un matiz de claudicación frente a la presión de Trump. Yo no dudo que la voluntad política de López Obrador sea la de dar su mano abierta y franca. Lo que pasa es que la indecisión ha generado un serio problema que le permite y permitirá a Trump suponer que la determinación del gobierno mexicano es dudosa. Es decir, que hay debilidad y que su puño cerrado nos amedrentó. No obstante “no hay mal que no venga por bien”, dice Gracián en su Criticón. En otras palabras, sería suicida renunciar a la unidad que hoy México reclama.

Hay que aportar y contribuir con críticas razonadas y no cargadas de berrinche, que a la corta y larga es y será una bomba de tiempo en las manos de un Trump tramposo, indeciso y convenenciero. No hay que ser infantiles ni tampoco indecisos. ¿Qué mejor que una oposición, digamos, no interna sino externa, proveniente de distintos partidos, grupos o tendencias ideológicas? Unidad rica y variada a condición de que no sea uniformidad mezquina. A México le sobran generosidad y nobleza de espíritu.

Nuestra compleja y rica historia demuestra que siempre hubo enfrentamientos ideológicos, pero nunca antes un acuerdo general que propiciara desde distintos ángulos de pensamiento el mismo fin en beneficio del país. Podemos y debemos tenerlo ahora en virtud de las circunstancias que vivimos. Debemos hacer historia aunque a muchos les cueste un trabajo enorme dejar de ser mezquinos. Ese es su pan cotidiano en las redes sociales, que los enredan, y también fuera de ellas.

@RaulCarranca

www.facebook.com/despacho.raulcarranca

En una reciente conversación por teléfono con Trump, López Obrador le dijo en su Twitter: “No le levanto un puño cerrado, sino la mano abierta y franca”. Yendo por partes yo pienso que si desde el primer momento de esta crisis el gobierno hubiera condicionado el indiscutible derecho a la migración proveniente del sur de nuestra frontera —con absoluto respeto a la Constitución, a los derechos humanos y a los tratados o convenios internacionales—, la penosa, lamentable y desafortunada situación actual con Trump sería inconcebible.

Condicionar ese derecho a no dejar cruzar la frontera mexicana a quienes tengan claros y probados antecedentes -obviamente penales- de violencia. Labor difícil ésta pero necesaria. Porque ya pasado ese primer momento la solución al problema con Trump tiene un innegable matiz de claudicación, que es ceder ante una fuerte presión de aquél. A mi juicio pruebas evidentes de lo que digo son los twitters sibilinos de Trump —y de extraña traducción al español— en que se repite la misma idea: “Sin embargo, si por alguna razón desconocida que no la hay, siempre podemos volver a nuestra posición anterior, y muy lucrativa, de (amenazar con) aranceles; pero no creo que eso vaya a ser necesario”.

Ahora bien, Porfirio Muñoz Ledo, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, dijo en Tijuana que “en la frontera sur se nos pide cerrar la puerta para hacerle un obscuro favor a los Estados Unidos”, sosteniendo que la migración es un derecho humano que debe ser respetado; aunque con posterioridad añadió que celebraba el acuerdo puesto que “es lo mejor”. Muñoz Ledo remarcó que el del acuerdo “es un día de celebración, pero también de reflexión”. O sea, critica y no critica, aplaude y no aplaude. ¿Requerimientos de su delicada tarea política? Puede ser, ya que la política a ciertos niveles es eso…

Por mi parte insisto en que primero se eligió un camino, conforme a los indicios, y luego otro; siendo éste el que le da a lo convenido un matiz de claudicación frente a la presión de Trump. Yo no dudo que la voluntad política de López Obrador sea la de dar su mano abierta y franca. Lo que pasa es que la indecisión ha generado un serio problema que le permite y permitirá a Trump suponer que la determinación del gobierno mexicano es dudosa. Es decir, que hay debilidad y que su puño cerrado nos amedrentó. No obstante “no hay mal que no venga por bien”, dice Gracián en su Criticón. En otras palabras, sería suicida renunciar a la unidad que hoy México reclama.

Hay que aportar y contribuir con críticas razonadas y no cargadas de berrinche, que a la corta y larga es y será una bomba de tiempo en las manos de un Trump tramposo, indeciso y convenenciero. No hay que ser infantiles ni tampoco indecisos. ¿Qué mejor que una oposición, digamos, no interna sino externa, proveniente de distintos partidos, grupos o tendencias ideológicas? Unidad rica y variada a condición de que no sea uniformidad mezquina. A México le sobran generosidad y nobleza de espíritu.

Nuestra compleja y rica historia demuestra que siempre hubo enfrentamientos ideológicos, pero nunca antes un acuerdo general que propiciara desde distintos ángulos de pensamiento el mismo fin en beneficio del país. Podemos y debemos tenerlo ahora en virtud de las circunstancias que vivimos. Debemos hacer historia aunque a muchos les cueste un trabajo enorme dejar de ser mezquinos. Ese es su pan cotidiano en las redes sociales, que los enredan, y también fuera de ellas.

@RaulCarranca

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