/ viernes 18 de marzo de 2022

¡No disparen, somos prensa! 

Angélica Canjura, investigadora de Causa en Común

A tres semanas del inicio del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, que mantiene al mundo en vilo, mirando las crónicas de las personas desplazadas, los bombardeos y los destrozos, las noticias más recientes documentan los ataques que han sufrido periodistas que buscan mostrarle al mundo el drama que implica la guerra. Muchos de ellos han logrado grabar y difundir videos de los disparos que han recibido de parte de soldados rusos. Hasta el 15 de marzo, dos profesionales, un camarógrafo de Fox News y una productora ucraniana, fueron asesinados en un ataque cerca de Kiev. En total, han muerto cinco informadores durante los 20 días de la invasión rusa y un reportero más se encuentra hospitalizado.

La comunidad internacional exige que se garanticen los principios humanitarios que permitan a la prensa hacer su trabajo. Se ha realizado un señalamiento de las violaciones a los Derechos Humanos que constituyen los ataques a la prensa que cubre el conflicto. El Parlamento Europeo, emitió recomendaciones para Rusia, y en un hecho inesperado, también lo hizo para México. Este organismo cuestionó y reclamó al gobierno mexicano por los asesinatos de periodistas en fechas recientes en una especie de pliego acusatorio en el que se destaca el número de comunicadores que han perecido por su labor y que se asemeja al de un país en guerra.

El escándalo que se generó por estos hechos no solo se debe a la respuesta que dio el presidente al Parlamento Europeo, que evidenció su molestia y ausencia total de diplomacia, o la falta de acción de los funcionarios de alto nivel que permitieron que se emitiera dicho comunicado, sino la realidad de violencia en el país, en donde, en lo que va del año hasta el 15 de marzo han sido asesinados 8 periodistas, a saber: José Luis Gamboa, en Veracruz; Margarito Martínez y Lourdes Maldonado, en Baja California; Roberto Toledo, en Michoacán (todos ellos en el mes de enero); Heber López Cruz, en Oaxaca; Jorge Camero Zazueta, en Sonora (ambos en febrero); Juan Carlos Muñiz, en Zacatecas y Armando Linares (en marzo).

Por los anterior, algunos periodistas se han manifestado y han expresado su indignación. Han realizado marchas en donde exhiben pancartas con los nombres de sus colegas y con frases como “No se mata la verdad matando periodistas” y “No disparen, somos prensa”. Esta situación resaltó las declaraciones del presidente que en diversas conferencias matutinas ha expresado que hay prensa que lo ataca a él y a su familia y aun así no toma represalias y no censura a quienes lo critican.

El presidente se mantiene en su postura, que no es su culpa, que él no persigue ni permite la desaparición de periodistas ni de cualquier otra persona; hace berrinche, se remueve en incomodidad, al tiempo que señala a comunicadores como Carlos Loret de Mola, a quien acosa y le exige declare el origen y monto de sus ingresos. Sin embargo, se olvida que como presidente le corresponde dar la cara por la vida e integridad de todos los mexicanos. Si bien es cierto que no hay pruebas de que los asesinatos de periodistas y activistas provengan del gobierno federal, lo que sí es cierto es que no hay una estrategia de Estado que detenga la violencia. La impunidad se mantiene, el sistema de protección a periodistas no ha dado los resultados que exige la sociedad, el número de personas desaparecidas incrementa día con día, las masacres ocurren a plena luz… Si el Estado no es, ¿quién sí? El Estado es culpable por omisión. No se lo tome personal, señor presidente, no dispare, somos prensa.

Angélica Canjura, investigadora de Causa en Común

A tres semanas del inicio del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, que mantiene al mundo en vilo, mirando las crónicas de las personas desplazadas, los bombardeos y los destrozos, las noticias más recientes documentan los ataques que han sufrido periodistas que buscan mostrarle al mundo el drama que implica la guerra. Muchos de ellos han logrado grabar y difundir videos de los disparos que han recibido de parte de soldados rusos. Hasta el 15 de marzo, dos profesionales, un camarógrafo de Fox News y una productora ucraniana, fueron asesinados en un ataque cerca de Kiev. En total, han muerto cinco informadores durante los 20 días de la invasión rusa y un reportero más se encuentra hospitalizado.

La comunidad internacional exige que se garanticen los principios humanitarios que permitan a la prensa hacer su trabajo. Se ha realizado un señalamiento de las violaciones a los Derechos Humanos que constituyen los ataques a la prensa que cubre el conflicto. El Parlamento Europeo, emitió recomendaciones para Rusia, y en un hecho inesperado, también lo hizo para México. Este organismo cuestionó y reclamó al gobierno mexicano por los asesinatos de periodistas en fechas recientes en una especie de pliego acusatorio en el que se destaca el número de comunicadores que han perecido por su labor y que se asemeja al de un país en guerra.

El escándalo que se generó por estos hechos no solo se debe a la respuesta que dio el presidente al Parlamento Europeo, que evidenció su molestia y ausencia total de diplomacia, o la falta de acción de los funcionarios de alto nivel que permitieron que se emitiera dicho comunicado, sino la realidad de violencia en el país, en donde, en lo que va del año hasta el 15 de marzo han sido asesinados 8 periodistas, a saber: José Luis Gamboa, en Veracruz; Margarito Martínez y Lourdes Maldonado, en Baja California; Roberto Toledo, en Michoacán (todos ellos en el mes de enero); Heber López Cruz, en Oaxaca; Jorge Camero Zazueta, en Sonora (ambos en febrero); Juan Carlos Muñiz, en Zacatecas y Armando Linares (en marzo).

Por los anterior, algunos periodistas se han manifestado y han expresado su indignación. Han realizado marchas en donde exhiben pancartas con los nombres de sus colegas y con frases como “No se mata la verdad matando periodistas” y “No disparen, somos prensa”. Esta situación resaltó las declaraciones del presidente que en diversas conferencias matutinas ha expresado que hay prensa que lo ataca a él y a su familia y aun así no toma represalias y no censura a quienes lo critican.

El presidente se mantiene en su postura, que no es su culpa, que él no persigue ni permite la desaparición de periodistas ni de cualquier otra persona; hace berrinche, se remueve en incomodidad, al tiempo que señala a comunicadores como Carlos Loret de Mola, a quien acosa y le exige declare el origen y monto de sus ingresos. Sin embargo, se olvida que como presidente le corresponde dar la cara por la vida e integridad de todos los mexicanos. Si bien es cierto que no hay pruebas de que los asesinatos de periodistas y activistas provengan del gobierno federal, lo que sí es cierto es que no hay una estrategia de Estado que detenga la violencia. La impunidad se mantiene, el sistema de protección a periodistas no ha dado los resultados que exige la sociedad, el número de personas desaparecidas incrementa día con día, las masacres ocurren a plena luz… Si el Estado no es, ¿quién sí? El Estado es culpable por omisión. No se lo tome personal, señor presidente, no dispare, somos prensa.