/ miércoles 30 de octubre de 2019

No hay hilo negro, sólo desigualdad

En los últimos meses hemos sido testigos de una gran efervescencia social y política en América Latina (AL). En países como Haití, Ecuador y Chile se han desarrollado protestas sociales con un común denominador, el descontento por la desigualdad y la pobreza.

Según la CEPAL, 30% de la población en la región, alrededor de 184 millones de personas, viven en situación de pobreza; mientras que 62 millones, lo hacen en pobreza extrema. Asimismo, señala que 40% de las personas trabajadoras tienen ingresos inferiores al salario mínimo de su país. Este escenario se agrava notablemente para las mujeres y los jóvenes, que enfrentan una precariedad laboral adicional. Ni hablar ya en ese contexto de las dobles o triples jornadas.

A pesar de estas alarmantes cifras, la desigualdad en AL tiene muchas dimensiones. Por ejemplo, UNICEF señala que 5 millones de niñas y niños sufren desnutrición crónica y 14 millones no asisten a la escuela. El diagnóstico podría extenderse a otros ámbitos sociales. AL ha sido afectada durante los últimos años por la violencia, la corrupción y el cambio climático. En este contexto, los grupos más vulnerables son la niñez, la juventud, las mujeres y las personas en condición de pobreza, a quienes se les ha discriminado históricamente y vulnerado sistemáticamente sus derechos.

Durante la primera década de este siglo, observamos la llegada al poder de gobiernos progresistas con agendas robustas de redistribución económica, la llamada “marea rosa”. Sin embargo, por diversas razones, como el desgaste natural del ejercicio gubernamental, la sospecha casos de corrupción o factores económicos internacionales, estos gobiernos concluyeron sus periodos y la agenda igualitarista quedó inconclusa. En muchos casos, fueron relevados por propuestas políticas de derecha que proponen un giro radical con recortes al gasto público y social en los hechos. Adicionalmente, el desencanto con la política tradicional es un factor común que trasciende incluso AL.

A pesar de ello, parece que el escenario regional está teniendo un vuelco: las protestas sociales en Chile y Ecuador, las victorias electorales del kirchnerismo en Argentina y de Evo Morales en Bolivia. Aquí vale pena preguntarse ¿estamos ante una nueva marea rosa?

Lo cierto es que en AL nos encontramos frente a sociedades altamente desiguales y una cadena histórica de injusticias, que deberán ser resueltas por vías democráticas, con modelos económicos incluyentes y políticas públicas participativas e institucionalizadas que permitan expresar las demandas reales de nuestras sociedades. No hay tiempo que perder, frente a nosotros tenemos señales claras de la crisis que enfrentamos.

#AméricaLatina

#Desigualdad

@ClauCorichi

En los últimos meses hemos sido testigos de una gran efervescencia social y política en América Latina (AL). En países como Haití, Ecuador y Chile se han desarrollado protestas sociales con un común denominador, el descontento por la desigualdad y la pobreza.

Según la CEPAL, 30% de la población en la región, alrededor de 184 millones de personas, viven en situación de pobreza; mientras que 62 millones, lo hacen en pobreza extrema. Asimismo, señala que 40% de las personas trabajadoras tienen ingresos inferiores al salario mínimo de su país. Este escenario se agrava notablemente para las mujeres y los jóvenes, que enfrentan una precariedad laboral adicional. Ni hablar ya en ese contexto de las dobles o triples jornadas.

A pesar de estas alarmantes cifras, la desigualdad en AL tiene muchas dimensiones. Por ejemplo, UNICEF señala que 5 millones de niñas y niños sufren desnutrición crónica y 14 millones no asisten a la escuela. El diagnóstico podría extenderse a otros ámbitos sociales. AL ha sido afectada durante los últimos años por la violencia, la corrupción y el cambio climático. En este contexto, los grupos más vulnerables son la niñez, la juventud, las mujeres y las personas en condición de pobreza, a quienes se les ha discriminado históricamente y vulnerado sistemáticamente sus derechos.

Durante la primera década de este siglo, observamos la llegada al poder de gobiernos progresistas con agendas robustas de redistribución económica, la llamada “marea rosa”. Sin embargo, por diversas razones, como el desgaste natural del ejercicio gubernamental, la sospecha casos de corrupción o factores económicos internacionales, estos gobiernos concluyeron sus periodos y la agenda igualitarista quedó inconclusa. En muchos casos, fueron relevados por propuestas políticas de derecha que proponen un giro radical con recortes al gasto público y social en los hechos. Adicionalmente, el desencanto con la política tradicional es un factor común que trasciende incluso AL.

A pesar de ello, parece que el escenario regional está teniendo un vuelco: las protestas sociales en Chile y Ecuador, las victorias electorales del kirchnerismo en Argentina y de Evo Morales en Bolivia. Aquí vale pena preguntarse ¿estamos ante una nueva marea rosa?

Lo cierto es que en AL nos encontramos frente a sociedades altamente desiguales y una cadena histórica de injusticias, que deberán ser resueltas por vías democráticas, con modelos económicos incluyentes y políticas públicas participativas e institucionalizadas que permitan expresar las demandas reales de nuestras sociedades. No hay tiempo que perder, frente a nosotros tenemos señales claras de la crisis que enfrentamos.

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@ClauCorichi

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