/ miércoles 18 de diciembre de 2019

Nuevos aires, Argentina

por Alejandro Guerrero Monroy

Argentina inicia una nueva etapa en un día histórico. Alberto Fernández asumió la presidencia en la misma fecha en la que el país austral sepultó la dictadura y restauró su democracia. Fue precisamente un 10 de diciembre de 1983 cuando el entonces presidente Raúl Alfonsín asume como primer presidente de la democracia recuperada.

En coincidencia con el Día Internacional de los Derechos Humanos, el nuevo presidente Alberto Fernández señaló en su primer discurso de toma de posesión que “nunca más habrá una justicia contaminada por servicios de inteligencia” y que “nunca más a una justicia contaminada por procedimientos oscuros y por linchamientos mediáticos”.

Con una economía en terapia intensiva, el nuevo gobierno encabezado por Fernández recibe una nación con la mayor deuda de la región en relación con su Producto Interno Bruto -muy por arriba del límite que el Fondo Monetario Internacional recomienda para países en desarrollo-. El mandatario señaló, ante una Asamblea Nacional repleta que lo interrumpió varias veces para ovacionarlo, que para poder pagar la cuantiosa deuda se debe crecer primero y que buscará una relación cercana y constructiva con el FMI, lo que trae tranquilidad a los mercados por el fantasma de la moratoria que merodea Buenos Aires. “No hay progreso sin orden económico”, advirtió. No obstante, señaló que Argentina implementará un proyecto económico propio y no dictado desde afuera, con” recetas que siempre han fracasado”.

En un país donde la inflación supera el 50% anual -la más alta en los últimos 28 años- y en donde los salarios reales han caído en un 20%, el margen de maniobra para el nuevo Ministro de Economía, Martín Guzmán, disminuye drásticamente. Más aún cuando el Banco Central carece de reservas internacionales suficientes para hacer frente a compromisos internacionales. Guzmán -académico de 37 de años que se desempeñaba como investigador al lado del Nobel de Economía Joseph Stiglitz en la Universidad de Columbia-, tendrá el enorme desafío de reestructurar una impagable deuda externa. Este experto en negociaciones internacionales presentó recientemente ante las Naciones Unidas un posible plan para Argentina, en el cual Buenos Aires no pagaría ni capital ni intereses hasta 2022, periodo en el que el país debería reordenar sus cuentas para hacer sustentable su deuda en el mediano plazo.

Respecto a las primeras medidas de su gobierno, el nuevo presidente anunció la creación de un Consejo Económico y Social para el Desarrollo, el cual será un innovador órgano permanente que diseñará y consensuará políticas de Estado para la próxima década. Fernández ha pensado así en una política económica duradera de largo aliento. Con rango legislativo, el nuevo organismo tendrá a sus autoridades elegidas por acuerdo Parlamentario y con un período de gestión que trascenderá su mandato.

El presidente Fernández vislumbra una Argentina global que no debe aislarse, pero con raíces en los intereses nacionales “como lo hacen los países desarrollados”. Subrayó que habrá de robustecer el Mercosur y la integración regional y mencionó que reclamará el legítimo derecho de Argentina sobre las Malvinas a través de las vías diplomáticas.

El mandatario aseguró que recibe un país “postrado y lastimado”. Insistió en que su prioridad será la reducción de la pobreza que alcanza al 40% de la población. “Uno de cada dos niños es pobre”.

En un emotivo discurso, convocó a superar los muros del rencor y del odio entre los argentinos. Apuesta a la unidad y al encuentro como medida indispensable para poner al país de pie. El nuevo inquilino de la Casa Rosada aspira a ser el Presidente capaz de descubrir la mejor faceta de quien piense distinto a él. “Lo expreso desde el alma, tanto a quienes me votaron como a quienes no lo hicieron”. Esta altura de miras permitirá a Alberto Fernández gobernar para todas y todos los argentinos por igual en una nación que atraviesa por momentos difíciles y que con grandeza habrá de superarlos.

por Alejandro Guerrero Monroy

Argentina inicia una nueva etapa en un día histórico. Alberto Fernández asumió la presidencia en la misma fecha en la que el país austral sepultó la dictadura y restauró su democracia. Fue precisamente un 10 de diciembre de 1983 cuando el entonces presidente Raúl Alfonsín asume como primer presidente de la democracia recuperada.

En coincidencia con el Día Internacional de los Derechos Humanos, el nuevo presidente Alberto Fernández señaló en su primer discurso de toma de posesión que “nunca más habrá una justicia contaminada por servicios de inteligencia” y que “nunca más a una justicia contaminada por procedimientos oscuros y por linchamientos mediáticos”.

Con una economía en terapia intensiva, el nuevo gobierno encabezado por Fernández recibe una nación con la mayor deuda de la región en relación con su Producto Interno Bruto -muy por arriba del límite que el Fondo Monetario Internacional recomienda para países en desarrollo-. El mandatario señaló, ante una Asamblea Nacional repleta que lo interrumpió varias veces para ovacionarlo, que para poder pagar la cuantiosa deuda se debe crecer primero y que buscará una relación cercana y constructiva con el FMI, lo que trae tranquilidad a los mercados por el fantasma de la moratoria que merodea Buenos Aires. “No hay progreso sin orden económico”, advirtió. No obstante, señaló que Argentina implementará un proyecto económico propio y no dictado desde afuera, con” recetas que siempre han fracasado”.

En un país donde la inflación supera el 50% anual -la más alta en los últimos 28 años- y en donde los salarios reales han caído en un 20%, el margen de maniobra para el nuevo Ministro de Economía, Martín Guzmán, disminuye drásticamente. Más aún cuando el Banco Central carece de reservas internacionales suficientes para hacer frente a compromisos internacionales. Guzmán -académico de 37 de años que se desempeñaba como investigador al lado del Nobel de Economía Joseph Stiglitz en la Universidad de Columbia-, tendrá el enorme desafío de reestructurar una impagable deuda externa. Este experto en negociaciones internacionales presentó recientemente ante las Naciones Unidas un posible plan para Argentina, en el cual Buenos Aires no pagaría ni capital ni intereses hasta 2022, periodo en el que el país debería reordenar sus cuentas para hacer sustentable su deuda en el mediano plazo.

Respecto a las primeras medidas de su gobierno, el nuevo presidente anunció la creación de un Consejo Económico y Social para el Desarrollo, el cual será un innovador órgano permanente que diseñará y consensuará políticas de Estado para la próxima década. Fernández ha pensado así en una política económica duradera de largo aliento. Con rango legislativo, el nuevo organismo tendrá a sus autoridades elegidas por acuerdo Parlamentario y con un período de gestión que trascenderá su mandato.

El presidente Fernández vislumbra una Argentina global que no debe aislarse, pero con raíces en los intereses nacionales “como lo hacen los países desarrollados”. Subrayó que habrá de robustecer el Mercosur y la integración regional y mencionó que reclamará el legítimo derecho de Argentina sobre las Malvinas a través de las vías diplomáticas.

El mandatario aseguró que recibe un país “postrado y lastimado”. Insistió en que su prioridad será la reducción de la pobreza que alcanza al 40% de la población. “Uno de cada dos niños es pobre”.

En un emotivo discurso, convocó a superar los muros del rencor y del odio entre los argentinos. Apuesta a la unidad y al encuentro como medida indispensable para poner al país de pie. El nuevo inquilino de la Casa Rosada aspira a ser el Presidente capaz de descubrir la mejor faceta de quien piense distinto a él. “Lo expreso desde el alma, tanto a quienes me votaron como a quienes no lo hicieron”. Esta altura de miras permitirá a Alberto Fernández gobernar para todas y todos los argentinos por igual en una nación que atraviesa por momentos difíciles y que con grandeza habrá de superarlos.

ÚLTIMASCOLUMNAS