/ lunes 12 de agosto de 2019

Palabras de odio tan mortales como balas

El odio es un sentimiento intenso de repulsa hacia una o grupos de personas contra quienes se siente animadversión profunda. A quien se odia se rechaza de manera radical y sin consideración; es el desprecio contumaz hacia personas respecto de las que el sentimiento de odio les lleva a desear, e incluso perpetrar, su aniquilación y exterminio. Quien odia busca, incide e incluso organiza, que otros también expresen repulsión y rechazo hacia el objeto de su odio. El odio fomenta la apología de delitos.

Circula en redes un video de Adama Dieng, Abogado de Senegal especialista en derechos humanos y Asesor de la ONU para la Prevención del Genocidio, en él nos alerta que los discursos de odio contra otras personas por diferencias raciales, de color de piel, religiosas, políticas, culturales, anteceden a crímenes de odio. Y nos recuerda que el genocidio de los tutsis en Rwanda en 1994 empezó con discursos de odio; el holocausto nazi durante la segunda guerra mundial comenzó mucho antes con discursos de odio de Hitler y el Tercer Reich nazi contra los judíos; igual en Myanmar, Birmania, en 2016 los crímenes de lesa humanidad contra la población musulmana y muchos otros crímenes de lesa humanidad tuvieron como antecedente discursos de odio. La palabra fue usada para fomentar el odio.

Lo acontecido en días pasados en EU nadie debe dudar, es resultado de los discursos xenófobos y discriminatorios de Trump; sus discursos de odio desde que era candidato en 2016, ha alentado a organizaciones que fomentan odio contra personas no caucásicas blancas, contra latinos, particularmente contra mexicanos quienes fueron acribillados por el supremacista blanco en el Walmart de El Paso, Texas. No es sorpresa que, quienes armados hasta los dientes, se motiven por los discursos de odio de su Presidente y piensen, planeen y concreten matanzas contra grupos de personas o poblaciones no blancas.

Quizá no sea este el espacio para un análisis profundo de la trascendencia de los discursos de animadversión contra personas quienes son despreciadas por caracterizarse por alguna condición, pero debería motivar nuestra reacción cuando los hombres poderosos desde su ámbito más alto del poder y desde el poder señalan con sus palabras a grupos, incluso de opositores, con estigmas y descalificaciones que pueden derivar en acciones de odio.

Hay que aprender de la historia; como nadie, quienes gobiernan, deben aprender de la historia para prevenir hechos que pueden incidir en situaciones de odio contra quienes son u opinan diferente.

En un mundo en donde la movilidad humana, pero también los cambios del sello partidario en los gobiernos derivados de las elecciones democráticas, la tolerancia y la no imposición de pensamientos debe preservarse tal cual se debe preservar la paz, la tolerancia, el respeto a la diferencia y la conciliación.

Por eso hoy es necesario elevar la voz para alentarnos a la prevención y por supuesto a no aceptar como normal, discursos de odio contra quienes tienen otras formas de pensar, o son diferentes. Y particularmente debemos señalar que aunque hayan llegado por una amplia votación, estar en el poder no les autoriza a la imposición de su forma de pensar fomentando uno de los sentimientos más inhumanos y bárbaros como es el odio hacia sus semejantes.

…conviene poner las barbas a remojar también de este lado del Río Bravo, no cree Usted?

El odio es un sentimiento intenso de repulsa hacia una o grupos de personas contra quienes se siente animadversión profunda. A quien se odia se rechaza de manera radical y sin consideración; es el desprecio contumaz hacia personas respecto de las que el sentimiento de odio les lleva a desear, e incluso perpetrar, su aniquilación y exterminio. Quien odia busca, incide e incluso organiza, que otros también expresen repulsión y rechazo hacia el objeto de su odio. El odio fomenta la apología de delitos.

Circula en redes un video de Adama Dieng, Abogado de Senegal especialista en derechos humanos y Asesor de la ONU para la Prevención del Genocidio, en él nos alerta que los discursos de odio contra otras personas por diferencias raciales, de color de piel, religiosas, políticas, culturales, anteceden a crímenes de odio. Y nos recuerda que el genocidio de los tutsis en Rwanda en 1994 empezó con discursos de odio; el holocausto nazi durante la segunda guerra mundial comenzó mucho antes con discursos de odio de Hitler y el Tercer Reich nazi contra los judíos; igual en Myanmar, Birmania, en 2016 los crímenes de lesa humanidad contra la población musulmana y muchos otros crímenes de lesa humanidad tuvieron como antecedente discursos de odio. La palabra fue usada para fomentar el odio.

Lo acontecido en días pasados en EU nadie debe dudar, es resultado de los discursos xenófobos y discriminatorios de Trump; sus discursos de odio desde que era candidato en 2016, ha alentado a organizaciones que fomentan odio contra personas no caucásicas blancas, contra latinos, particularmente contra mexicanos quienes fueron acribillados por el supremacista blanco en el Walmart de El Paso, Texas. No es sorpresa que, quienes armados hasta los dientes, se motiven por los discursos de odio de su Presidente y piensen, planeen y concreten matanzas contra grupos de personas o poblaciones no blancas.

Quizá no sea este el espacio para un análisis profundo de la trascendencia de los discursos de animadversión contra personas quienes son despreciadas por caracterizarse por alguna condición, pero debería motivar nuestra reacción cuando los hombres poderosos desde su ámbito más alto del poder y desde el poder señalan con sus palabras a grupos, incluso de opositores, con estigmas y descalificaciones que pueden derivar en acciones de odio.

Hay que aprender de la historia; como nadie, quienes gobiernan, deben aprender de la historia para prevenir hechos que pueden incidir en situaciones de odio contra quienes son u opinan diferente.

En un mundo en donde la movilidad humana, pero también los cambios del sello partidario en los gobiernos derivados de las elecciones democráticas, la tolerancia y la no imposición de pensamientos debe preservarse tal cual se debe preservar la paz, la tolerancia, el respeto a la diferencia y la conciliación.

Por eso hoy es necesario elevar la voz para alentarnos a la prevención y por supuesto a no aceptar como normal, discursos de odio contra quienes tienen otras formas de pensar, o son diferentes. Y particularmente debemos señalar que aunque hayan llegado por una amplia votación, estar en el poder no les autoriza a la imposición de su forma de pensar fomentando uno de los sentimientos más inhumanos y bárbaros como es el odio hacia sus semejantes.

…conviene poner las barbas a remojar también de este lado del Río Bravo, no cree Usted?

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