/ domingo 22 de septiembre de 2019

Partenogénesis musical de la autonomía universitaria

1929 fue un año crucial para la historia contemporánea. La historia de la autonomía de nuestra máxima Casa de Estudios y el proceso de partenogénesis musical que tuvo lugar, lo confirman.

En 1920, José Vasconcelos es nombrado rector de la Universidad Nacional de México (UNM). Desde allí realiza un notable impulso a la educación, inscrito en el fomento al sentir nacional. Al poco tiempo, el presidente Adolfo de la Huerta informa que todas las escuelas del Gobierno del Distrito pasarán a la UNM, quedando integradas en una sola institución las Escuelas de Arte Teatral y Nacional de Música, herederas del Conservatorio de Música fundado por la Sociedad Filarmónica Mexicana en 1866. Al año siguiente, Álvaro Obregón crea la Secretaría de Educación Pública (SEP) y designa como titular al propio Vasconcelos, quedando integradas a ella tanto la UNM como la Escuela Nacional de Música y Arte Teatral: la primera dentro del Departamento Escolar y la segunda, que pronto recuperará su nombre como Conservatorio Nacional de Música (CNM), en el de Bellas Artes, hasta que en 1924, por otro decreto presidencial el CNM vuelva a ser dependencia universitaria.

Son tiempos de indefinición pero también de adversidad para la Nación: el México posrrevolucionario entra a una vorágine aciaga. Desde 1927, la comunidad estudiantil universitaria está agitada: en su seno surge un movimiento pro autonomía. En 1928, Obregón -electo para un segundo periodo-, es asesinado. El país está al borde de una guerra civil. Nuevas elecciones tienen lugar. Contienden Vasconcelos por el Partido Nacional Antirreeleccionista -como candidato natural de la comunidad universitaria-, Pedro Rodríguez Triana por el Partido Comunista Mexicano y Pascual Ortiz Rubio, por el Partido Nacional Revolucionario. Estrepitosamente, Vasconcelos pierde y con ello tiene lugar el “mayor fraude electoral”, como le han calificado gran parte de los estudiosos de la época. Emilio Portes Gil es designado presidente interino y como tal enfrentará al movimiento cristero y al universitario.

En enero de 1929, Carlos Chávez asume la dirección de la entonces Escuela Nacional de Música, Teatro y Danza (ENMTyD), pero en mayo el conflicto universitario escala. El pretexto: las autoridades universitarias buscan imponer tres pruebas escritas en vez de una anual oral y los estudiantes -en su mayoría vasconcelistas-, se pronuncian en contra. Los alumnos de la Escuela Nacional de Jurisprudencia y Ciencias Sociales (ENJyCS) declaran la huelga y su plantel es clausurado. Al movimiento se suman, entre otros, la Escuela Nacional Preparatoria y la propia ENMTyD, cuya comunidad estudiantil conforma su propio “comité de lucha”. Pronto, todas las escuelas universitarias pedirán la renuncia de los funcionarios de la SEP: Ezequiel Padilla y Moisés Sáenz, así como de Antonio Castro Leal, rector de la Universidad.

Una iniciativa presidencial de ley en pro de la autonomía universitaria se está gestando, pero el 27 de junio la ENMTyD es clausurada: Chávez se ha separado del movimiento universitario y busca la reincorporación de la escuela a la SEP. Su justificación es el temor del “peligro” que acarrearía que el plantel “pudiera quedar totalmente supeditado” a las decisiones de las instancias universitarias, perdiendo toda autonomía de gestión interna. De permanecer dentro de la Universidad, la Escuela sería una más de las “joyitas artísticas que a su vez alimentan un tanto su vanidad”. Muy duras palabras, que no tardó en repudiar el Comité de Huelga estudiantil.

El 10 de julio es publicada la Ley Orgánica que otorga la autonomía universitaria. El décimo plantel: la Escuela, pero al día siguiente ésta como Conservatorio retorna a la SEP. Los representantes de Jurisprudencia culpan a Chávez del “derrumbe inevitable de los más altos intereses culturales y sociales del músico mexicano”. El 23 de julio, un sector de docentes inconformes renuncia al Conservatorio y solicitan a rectoría apoyo para fundar una escuela de música: Estanislao Mejía, Fausto Gaytán, Alba Herrera y Ogazón, José F. Vázquez, María Caso, Dolores Pedrozo, Humberto Campos, Santos L. Carlos y Miguel C. Meza, entre otros. El 7 de octubre, el nuevo plantel universitario es inaugurado: la Facultad de Música.

La partenogénesis estaba consumada. A 90 años de ella, podemos atestiguar que no hay nacimientos indoloros. Los actores principales pudieron tener propias y muy personales motivaciones. Podríamos denostarlos, pero al final el saldo fue positivo. México contó, a partir de la escisión interna del plantel de música, con dos instituciones profesionales. Cada una podrá asumirse progenitora, pero en realidad, las dos son una: la misma, y ambas tienen el derecho de saberse herederas de un legado compartido. Una conservó el nombre, pero las dos mantuvieron desde entonces una misma tradición académica y artística. Eso es lo valioso. Éste es uno de los tantos saldos indirectos del vasconcelismo y directos de la autonomía universitaria.

bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli


1929 fue un año crucial para la historia contemporánea. La historia de la autonomía de nuestra máxima Casa de Estudios y el proceso de partenogénesis musical que tuvo lugar, lo confirman.

En 1920, José Vasconcelos es nombrado rector de la Universidad Nacional de México (UNM). Desde allí realiza un notable impulso a la educación, inscrito en el fomento al sentir nacional. Al poco tiempo, el presidente Adolfo de la Huerta informa que todas las escuelas del Gobierno del Distrito pasarán a la UNM, quedando integradas en una sola institución las Escuelas de Arte Teatral y Nacional de Música, herederas del Conservatorio de Música fundado por la Sociedad Filarmónica Mexicana en 1866. Al año siguiente, Álvaro Obregón crea la Secretaría de Educación Pública (SEP) y designa como titular al propio Vasconcelos, quedando integradas a ella tanto la UNM como la Escuela Nacional de Música y Arte Teatral: la primera dentro del Departamento Escolar y la segunda, que pronto recuperará su nombre como Conservatorio Nacional de Música (CNM), en el de Bellas Artes, hasta que en 1924, por otro decreto presidencial el CNM vuelva a ser dependencia universitaria.

Son tiempos de indefinición pero también de adversidad para la Nación: el México posrrevolucionario entra a una vorágine aciaga. Desde 1927, la comunidad estudiantil universitaria está agitada: en su seno surge un movimiento pro autonomía. En 1928, Obregón -electo para un segundo periodo-, es asesinado. El país está al borde de una guerra civil. Nuevas elecciones tienen lugar. Contienden Vasconcelos por el Partido Nacional Antirreeleccionista -como candidato natural de la comunidad universitaria-, Pedro Rodríguez Triana por el Partido Comunista Mexicano y Pascual Ortiz Rubio, por el Partido Nacional Revolucionario. Estrepitosamente, Vasconcelos pierde y con ello tiene lugar el “mayor fraude electoral”, como le han calificado gran parte de los estudiosos de la época. Emilio Portes Gil es designado presidente interino y como tal enfrentará al movimiento cristero y al universitario.

En enero de 1929, Carlos Chávez asume la dirección de la entonces Escuela Nacional de Música, Teatro y Danza (ENMTyD), pero en mayo el conflicto universitario escala. El pretexto: las autoridades universitarias buscan imponer tres pruebas escritas en vez de una anual oral y los estudiantes -en su mayoría vasconcelistas-, se pronuncian en contra. Los alumnos de la Escuela Nacional de Jurisprudencia y Ciencias Sociales (ENJyCS) declaran la huelga y su plantel es clausurado. Al movimiento se suman, entre otros, la Escuela Nacional Preparatoria y la propia ENMTyD, cuya comunidad estudiantil conforma su propio “comité de lucha”. Pronto, todas las escuelas universitarias pedirán la renuncia de los funcionarios de la SEP: Ezequiel Padilla y Moisés Sáenz, así como de Antonio Castro Leal, rector de la Universidad.

Una iniciativa presidencial de ley en pro de la autonomía universitaria se está gestando, pero el 27 de junio la ENMTyD es clausurada: Chávez se ha separado del movimiento universitario y busca la reincorporación de la escuela a la SEP. Su justificación es el temor del “peligro” que acarrearía que el plantel “pudiera quedar totalmente supeditado” a las decisiones de las instancias universitarias, perdiendo toda autonomía de gestión interna. De permanecer dentro de la Universidad, la Escuela sería una más de las “joyitas artísticas que a su vez alimentan un tanto su vanidad”. Muy duras palabras, que no tardó en repudiar el Comité de Huelga estudiantil.

El 10 de julio es publicada la Ley Orgánica que otorga la autonomía universitaria. El décimo plantel: la Escuela, pero al día siguiente ésta como Conservatorio retorna a la SEP. Los representantes de Jurisprudencia culpan a Chávez del “derrumbe inevitable de los más altos intereses culturales y sociales del músico mexicano”. El 23 de julio, un sector de docentes inconformes renuncia al Conservatorio y solicitan a rectoría apoyo para fundar una escuela de música: Estanislao Mejía, Fausto Gaytán, Alba Herrera y Ogazón, José F. Vázquez, María Caso, Dolores Pedrozo, Humberto Campos, Santos L. Carlos y Miguel C. Meza, entre otros. El 7 de octubre, el nuevo plantel universitario es inaugurado: la Facultad de Música.

La partenogénesis estaba consumada. A 90 años de ella, podemos atestiguar que no hay nacimientos indoloros. Los actores principales pudieron tener propias y muy personales motivaciones. Podríamos denostarlos, pero al final el saldo fue positivo. México contó, a partir de la escisión interna del plantel de música, con dos instituciones profesionales. Cada una podrá asumirse progenitora, pero en realidad, las dos son una: la misma, y ambas tienen el derecho de saberse herederas de un legado compartido. Una conservó el nombre, pero las dos mantuvieron desde entonces una misma tradición académica y artística. Eso es lo valioso. Éste es uno de los tantos saldos indirectos del vasconcelismo y directos de la autonomía universitaria.

bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli


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