/ martes 6 de febrero de 2024

Perspectiva de género / La deuda

Por Estela Casados

Hoy se conmemora la promulgación de la Constitución mexicana de 1917 y bien sabemos que hay una gran deuda hacia la población. A pesar de que ésta es mencionada reiteradamente, dicha mención pareciera meramente protocolar. Si bien es cierto que en más de un siglo nuestra Constitución ha sufrido una serie de reformas para romper con el falso genérico masculino e ir adecuándola a los nuevos tiempos, lo cierto es que es vigente aquella expresión popular que se refiere a la Carta Magna como un texto bello sin conexión con la realidad.

¿Por qué esto es así? ¿Cómo afecta puntualmente a las mujeres en México? Desde su origen, la Constitución que ha pretendido regirnos desde hace más de cien años es bien conocida por el impulso que le dieron caudillos y civiles en la época posterior a la Revolución de 1910. La Constitución de 1917 deseaba imprimir un nuevo rumbo para el país, de cara al siglo XX y a partir de los ideales del movimiento armado convocado por Madero y continuado por diferentes líderes revolucionarios.

Si bien sus impulsores querían desligarse de la Constitución de 1857, ambos documentos compartieron dos elementos fundamentales que han sido signo de los proyectos políticos para la construcción del país: desplazaron por completo la visión de nación de grupos contrarios e ignoraron las aportaciones de otros sujetos que escapaban a la figura del “Hombre” que construiría el nuevo proyecto nacional.

Dentro de estos estos “grupos” desplazados figuran las mujeres, pese a que lucharon en distintas épocas (por la vía armada, incluso) para construir un país en donde sus necesidades y proyectos tuvieran cabida. Como sabemos, no fue así. No ha sido ni es así. La lucha para que se consideren e incluyan los derechos de las mujeres en la Constitución en México ha sido lenta y en muchas ocasiones frenada, pero siempre ha estado presente.

Hermila Galindo Acosta, quien en el Primer Congreso Feminista de 1916 se pronunció a favor de la igualdad de los derechos sexuales y políticos de mujeres y hombres, solicitó enérgicamente al entonces Congreso Constituyente que no se excluyera a las mexicanas de la participación política y derecho al voto. Obviamente, sus reclamos no fueron escuchados, pero abrió brecha a nuevas generaciones para que esa exigencia no fuera olvidada durante el siglo XX.

Están también las mujeres que en el siglo XXI exigen que sean respetadas las reformas a la Constitución y a códigos penales, así como las determinaciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en materia de derechos sexuales y reproductivos.

En sus diferentes épocas, versiones y partidos que lo han encabezado, el sistema político mexicano, vía los tres poderes que le han dado carácter de Estado, ha sido renuente para dar formalidad a los derechos humanos de las mujeres. Esta postura, vigente hoy en día, no es otra cosa más que signo de la sociedad machista de nuestro tiempo, la cual está pronta a justificar al feminicida pero que sataniza a aquella que toma la decisión de realizarse un aborto.

A 107 años de haberse promulgado, encontramos a una Constitución de los Estados Unidos Mexicanos que recoge las inquietudes de su historia reciente y que las ha plasmado en leyes. No debemos de perder de vista que también es un reflejo histórico de nuestra sociedad: tanto de nuestro machismo explícito como de aquello que plasmamos en papel solo porque es políticamente correcto.

*Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres. Universidad Veracruzana

Por Estela Casados

Hoy se conmemora la promulgación de la Constitución mexicana de 1917 y bien sabemos que hay una gran deuda hacia la población. A pesar de que ésta es mencionada reiteradamente, dicha mención pareciera meramente protocolar. Si bien es cierto que en más de un siglo nuestra Constitución ha sufrido una serie de reformas para romper con el falso genérico masculino e ir adecuándola a los nuevos tiempos, lo cierto es que es vigente aquella expresión popular que se refiere a la Carta Magna como un texto bello sin conexión con la realidad.

¿Por qué esto es así? ¿Cómo afecta puntualmente a las mujeres en México? Desde su origen, la Constitución que ha pretendido regirnos desde hace más de cien años es bien conocida por el impulso que le dieron caudillos y civiles en la época posterior a la Revolución de 1910. La Constitución de 1917 deseaba imprimir un nuevo rumbo para el país, de cara al siglo XX y a partir de los ideales del movimiento armado convocado por Madero y continuado por diferentes líderes revolucionarios.

Si bien sus impulsores querían desligarse de la Constitución de 1857, ambos documentos compartieron dos elementos fundamentales que han sido signo de los proyectos políticos para la construcción del país: desplazaron por completo la visión de nación de grupos contrarios e ignoraron las aportaciones de otros sujetos que escapaban a la figura del “Hombre” que construiría el nuevo proyecto nacional.

Dentro de estos estos “grupos” desplazados figuran las mujeres, pese a que lucharon en distintas épocas (por la vía armada, incluso) para construir un país en donde sus necesidades y proyectos tuvieran cabida. Como sabemos, no fue así. No ha sido ni es así. La lucha para que se consideren e incluyan los derechos de las mujeres en la Constitución en México ha sido lenta y en muchas ocasiones frenada, pero siempre ha estado presente.

Hermila Galindo Acosta, quien en el Primer Congreso Feminista de 1916 se pronunció a favor de la igualdad de los derechos sexuales y políticos de mujeres y hombres, solicitó enérgicamente al entonces Congreso Constituyente que no se excluyera a las mexicanas de la participación política y derecho al voto. Obviamente, sus reclamos no fueron escuchados, pero abrió brecha a nuevas generaciones para que esa exigencia no fuera olvidada durante el siglo XX.

Están también las mujeres que en el siglo XXI exigen que sean respetadas las reformas a la Constitución y a códigos penales, así como las determinaciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en materia de derechos sexuales y reproductivos.

En sus diferentes épocas, versiones y partidos que lo han encabezado, el sistema político mexicano, vía los tres poderes que le han dado carácter de Estado, ha sido renuente para dar formalidad a los derechos humanos de las mujeres. Esta postura, vigente hoy en día, no es otra cosa más que signo de la sociedad machista de nuestro tiempo, la cual está pronta a justificar al feminicida pero que sataniza a aquella que toma la decisión de realizarse un aborto.

A 107 años de haberse promulgado, encontramos a una Constitución de los Estados Unidos Mexicanos que recoge las inquietudes de su historia reciente y que las ha plasmado en leyes. No debemos de perder de vista que también es un reflejo histórico de nuestra sociedad: tanto de nuestro machismo explícito como de aquello que plasmamos en papel solo porque es políticamente correcto.

*Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres. Universidad Veracruzana