/ martes 23 de abril de 2024

Poder Nacional / Ciencias de la Sustentabilidad en la UNAM

La visión en primera instancia, multidisciplinaria, y luego transdisciplinaria, conduce en efecto a esa constante y provechosa interacción entre la comunidad universitaria y organizaciones relacionadas con la problemática de la sustentabilidad.

Ni más ni menos, la semana pasada, tuvimos de manera consecutiva, los dos días más calurosos en la historia de la Ciudad de México, desde que se llevan las mediciones. El lunes 15 y el martes 16 pasados, nos colocaron en la realidad inocultable de que el cambio climático no es un asunto de las “próximas generaciones” de posturas negacionistas (claramente ignorantes o por conveniencia).

Sumado a esos peligrosos y preocupantes datos, debemos agregar una serie de reportajes que evidencian la próxima extinción del Lago de Pátzcuaro, así como la agudización de la escasez de agua en buena parte del territorio nacional.

Los videos que circulan ampliamente en las redes digitales de comunicación dando cuenta de las millones de toneladas que contaminan, quizá para siempre, los Océanos, el derretimiento de glaciares marítimos y montañosos, así como los desplazamientos de poblaciones enteras afectadas por la elevación de los niveles de los mares, implican una extraordinaria responsabilidad para las autoridades de cualquier país, empresas de todo tipo, así como una inaplazable toma de conciencia de las personas, sin distingo de edad, raza, religión, lugar de residencia, ocupación, pues a todas y todos, nos va a afectar para mal, en nuestro estilo de vida.

De allí que la importante aportación que hace la UNAM, como en muchos otros campos del conocimiento y las artes, para el estudio, diseño, aplicación y evaluación de estudios, programas, políticas y en último de los casos, estrategias en materia de Ciencias de la Sustentabilidad, es que deben los ámbitos de gobierno –a propósito de los comicios del 2 de junio, tomar muy en serio y en consideración ya sea para sus propuestas programáticas y dado el caso, como gobiernos municipales, estatales y federal, así como integrar las aportaciones en esta materia, para las agendas legislativas. El tiempo se acabó.

Es imperioso que la clase política, asuma con responsabilidad y liderazgo, la conducción y aplicación de medidas orientadas por lo menos, a mitigar los más graves efectos del cambio climático y garantizar la gradual recuperación de la sustentabilidad. Se trata a todas luces, de una articulación consciente respecto de los daños que por siglos ha generado el debatible concepto de desarrollo.

El establecimiento de medidas de convivencia con la naturaleza y el medio ambiente, de ninguna manera es un asunto de ser “buena o mala persona”, se trata de saber a ciencia cierta, que sin la consideración del equilibrio de medio ambiente, tarde o temprano (parece que eso ya empezó) pagaremos por igual la irresponsabilidad de las generaciones precedentes y que se suma a las nuestras.

La visión en primera instancia, multidisciplinaria, y luego transdisciplinaria, conduce en efecto a esa constante y provechosa interacción entre la comunidad universitaria y organizaciones relacionadas con la problemática de la sustentabilidad.

Ni más ni menos, la semana pasada, tuvimos de manera consecutiva, los dos días más calurosos en la historia de la Ciudad de México, desde que se llevan las mediciones. El lunes 15 y el martes 16 pasados, nos colocaron en la realidad inocultable de que el cambio climático no es un asunto de las “próximas generaciones” de posturas negacionistas (claramente ignorantes o por conveniencia).

Sumado a esos peligrosos y preocupantes datos, debemos agregar una serie de reportajes que evidencian la próxima extinción del Lago de Pátzcuaro, así como la agudización de la escasez de agua en buena parte del territorio nacional.

Los videos que circulan ampliamente en las redes digitales de comunicación dando cuenta de las millones de toneladas que contaminan, quizá para siempre, los Océanos, el derretimiento de glaciares marítimos y montañosos, así como los desplazamientos de poblaciones enteras afectadas por la elevación de los niveles de los mares, implican una extraordinaria responsabilidad para las autoridades de cualquier país, empresas de todo tipo, así como una inaplazable toma de conciencia de las personas, sin distingo de edad, raza, religión, lugar de residencia, ocupación, pues a todas y todos, nos va a afectar para mal, en nuestro estilo de vida.

De allí que la importante aportación que hace la UNAM, como en muchos otros campos del conocimiento y las artes, para el estudio, diseño, aplicación y evaluación de estudios, programas, políticas y en último de los casos, estrategias en materia de Ciencias de la Sustentabilidad, es que deben los ámbitos de gobierno –a propósito de los comicios del 2 de junio, tomar muy en serio y en consideración ya sea para sus propuestas programáticas y dado el caso, como gobiernos municipales, estatales y federal, así como integrar las aportaciones en esta materia, para las agendas legislativas. El tiempo se acabó.

Es imperioso que la clase política, asuma con responsabilidad y liderazgo, la conducción y aplicación de medidas orientadas por lo menos, a mitigar los más graves efectos del cambio climático y garantizar la gradual recuperación de la sustentabilidad. Se trata a todas luces, de una articulación consciente respecto de los daños que por siglos ha generado el debatible concepto de desarrollo.

El establecimiento de medidas de convivencia con la naturaleza y el medio ambiente, de ninguna manera es un asunto de ser “buena o mala persona”, se trata de saber a ciencia cierta, que sin la consideración del equilibrio de medio ambiente, tarde o temprano (parece que eso ya empezó) pagaremos por igual la irresponsabilidad de las generaciones precedentes y que se suma a las nuestras.