/ jueves 8 de agosto de 2019

¿Por qué tanta violencia?

VER

Las noticias diarias sobre crímenes saturan los medios informativos. Un gran espacio ocupan secuestros, robos, asesinatos, extorsiones, pleitos entre grupos rivales, lucha por territorios, venganzas, mafias, redes criminales, etc. Hay personas que han decidido no ver más noticieros en la televisión, porque les generan angustia y miedo.

Todos nos preguntamos las causas de tantos males y qué hacer para remediarlos. Hay quien acusa a los regímenes anteriores de haber provocado una guerra contra los narcotraficantes, que generó infinidad de muertes, pero ahora hacen casi lo mismo, aunque con otros nombres y otros procedimientos, pues la autoridad no puede quedarse cruzada de brazos ante tanto crimen.

Algunos culpan de todo este ambiente sangriento al sistema económico, a la pobreza de muchos delincuentes. Es verdad, pero no toda la verdad. Es cierto que hay pobres, sobre todo jóvenes sin oportunidades, que se enrolan en grupos criminales, como una forma de obtener mucho dinero en poco tiempo; pero hay millones de pobres, incluso en extrema pobreza, que no son asesinos ni extorsionadores.

Yo acuso a la sociedad actual, propiciada en gran parte por la publicidad difundida en particular por las televisoras, porque han presentado como modelo de vida la que llaman “buena vida”, como si ésta consistiera sólo en tener y en disfrutar.

Yo acuso a personas, grupos, legisladores y gobernantes que han destruido la familia tradicional, en lo que tiene de validez, con el discurso de defender derechos humanos. Hay todas las facilidades para divorciarse, para abortar, para liberalizar la marihuana y otras drogas, para establecer como “matrimonios” uniones que son otra cosa, donde no cuentan los hijos.

También los ministros de la Iglesia asumimos nuestra parte de responsabilidad, pues no hemos logrado una evangelización más kerigmática.

PENSAR

El Papa Francisco, en su visita a México, en febrero de 2016, advirtió a los políticos y a las autoridades civiles en Palacio Nacional: “Un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común. La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.

Y a los obispos mexicanos, en la catedral metropolitana, para no dejarle todo el problema al gobierno, nos dijo:

“Me preocupan particularmente tantos que, seducidos por la potencia vacía del mundo, exaltan las quimeras y se revisten de sus macabros símbolos para comercializar la muerte. Les ruego por favor no minusvalorar el desafío ético y anti cívico que el narcotráfico representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia. La proporción del fenómeno, la complejidad de sus causas, la inmensidad de su extensión, como metástasis que devora, la gravedad de la violencia que disgrega y sus trastornadas conexiones, no nos consienten a nosotros, Pastores de la Iglesia, refugiarnos en condenas genéricas, sino que exigen un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral, comenzando por las familias” (13-II-2016).

ACTUAR

¿Tú y yo qué podemos hacer para educarnos y educar a otros en el respeto a los demás, en la solidaridad con los pobres, en darle el lugar adecuado al dinero y al placer? De nosotros también dependen la paz y la armonía social en el país.

VER

Las noticias diarias sobre crímenes saturan los medios informativos. Un gran espacio ocupan secuestros, robos, asesinatos, extorsiones, pleitos entre grupos rivales, lucha por territorios, venganzas, mafias, redes criminales, etc. Hay personas que han decidido no ver más noticieros en la televisión, porque les generan angustia y miedo.

Todos nos preguntamos las causas de tantos males y qué hacer para remediarlos. Hay quien acusa a los regímenes anteriores de haber provocado una guerra contra los narcotraficantes, que generó infinidad de muertes, pero ahora hacen casi lo mismo, aunque con otros nombres y otros procedimientos, pues la autoridad no puede quedarse cruzada de brazos ante tanto crimen.

Algunos culpan de todo este ambiente sangriento al sistema económico, a la pobreza de muchos delincuentes. Es verdad, pero no toda la verdad. Es cierto que hay pobres, sobre todo jóvenes sin oportunidades, que se enrolan en grupos criminales, como una forma de obtener mucho dinero en poco tiempo; pero hay millones de pobres, incluso en extrema pobreza, que no son asesinos ni extorsionadores.

Yo acuso a la sociedad actual, propiciada en gran parte por la publicidad difundida en particular por las televisoras, porque han presentado como modelo de vida la que llaman “buena vida”, como si ésta consistiera sólo en tener y en disfrutar.

Yo acuso a personas, grupos, legisladores y gobernantes que han destruido la familia tradicional, en lo que tiene de validez, con el discurso de defender derechos humanos. Hay todas las facilidades para divorciarse, para abortar, para liberalizar la marihuana y otras drogas, para establecer como “matrimonios” uniones que son otra cosa, donde no cuentan los hijos.

También los ministros de la Iglesia asumimos nuestra parte de responsabilidad, pues no hemos logrado una evangelización más kerigmática.

PENSAR

El Papa Francisco, en su visita a México, en febrero de 2016, advirtió a los políticos y a las autoridades civiles en Palacio Nacional: “Un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común. La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.

Y a los obispos mexicanos, en la catedral metropolitana, para no dejarle todo el problema al gobierno, nos dijo:

“Me preocupan particularmente tantos que, seducidos por la potencia vacía del mundo, exaltan las quimeras y se revisten de sus macabros símbolos para comercializar la muerte. Les ruego por favor no minusvalorar el desafío ético y anti cívico que el narcotráfico representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia. La proporción del fenómeno, la complejidad de sus causas, la inmensidad de su extensión, como metástasis que devora, la gravedad de la violencia que disgrega y sus trastornadas conexiones, no nos consienten a nosotros, Pastores de la Iglesia, refugiarnos en condenas genéricas, sino que exigen un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral, comenzando por las familias” (13-II-2016).

ACTUAR

¿Tú y yo qué podemos hacer para educarnos y educar a otros en el respeto a los demás, en la solidaridad con los pobres, en darle el lugar adecuado al dinero y al placer? De nosotros también dependen la paz y la armonía social en el país.

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