/ jueves 26 de abril de 2018

Postdebate

Bienaventurados los que no tienen nada que decir, y que resisten la tentación de decirlo.

James Russell Lowell

1. El arte de debatir. Intercambiar opiniones, buscar acuerdos y marcar las diferencias es una primera aproximación para comprender qué es debatir. Por supuesto, éste ejercicio solamente se puede realizar si entre los contendientes hay disponibilidad de entablar una discusión. Aunque puede presentarse un problema, cuando una de las partes no quiere o no tiene el nivel para polemizar. Ahora bien, lo que vimos el domingo pasado fue un ejercicio loable para buscar que los telespectadores conocieran las reacciones y postulados de los candidatos presidenciales. Los tres periodistas que condujeron el evento no lo hicieron mal, ayudaron a exhibir las fortalezas y debilidades de los suspirantes. El nuevo formato refrescó e hizo olvidar los acartonados estilos y rígidos comportamientos en experiencias anteriores. Quizás un mejor formato con otro contenido sería que los cuestionamientos a los candidatos los hicieran especialistas de cada tema, con lo cual se impedirían, o se acotarían, las posibles inexactitudes conceptuales y estadísticas en que podrían incurrir los comparecientes.

2. Debatir en silencio. El papel que jugó el candidato López Obrador mostró que no es su fuerte intercambiar ideas con quienes piensan distinto. Ya habíamos advertido que el tabasqueño se desenvuelve como pez en el agua en mítines de admiradores e incondicionales, pero exhibe su estreñimiento político y conceptual cuando se trata de encararse con distintas posturas. Es increíble insistir, como lo han hecho sus seguidores, en un supuesto triunfo notorio, cuando de lo que se trataba era transmitir y convencer a millones de potenciales electores. Decir que el silencio del dueño de Morena fue una “táctica”, para no caer en las provocaciones, es por lo menos absurdo. Lo que espera un segmento importante de los televidentes es saber si el posible presidente de la república puede responder a preguntas concretas, como las que le hicieron al Exjefe de Gobierno.

3. Los saldos Es evidente, al menos en este primer debate, que la disputa en las urnas podría ser entre AMLO y Anaya. Todo indica que el corrimiento del electorado será ondulante entre el primero y el segundo, con la posibilidad de captar a votantes que originalmente pudieran estar con los tres candidatos restantes, esto se ha denominado de manera genérica, voto útil. Meade se portó como un tecnócrata, con lenguaje incomprensible para las mayorías; Margarita trastabillante y dispersa; y, el Bronco, jugó el papel que le asignaron, ignorante, machista y fascistoide. Esperemos las próximas encuestas para ver si los números se mueven y se perfila una carrera de dos.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

Bienaventurados los que no tienen nada que decir, y que resisten la tentación de decirlo.

James Russell Lowell

1. El arte de debatir. Intercambiar opiniones, buscar acuerdos y marcar las diferencias es una primera aproximación para comprender qué es debatir. Por supuesto, éste ejercicio solamente se puede realizar si entre los contendientes hay disponibilidad de entablar una discusión. Aunque puede presentarse un problema, cuando una de las partes no quiere o no tiene el nivel para polemizar. Ahora bien, lo que vimos el domingo pasado fue un ejercicio loable para buscar que los telespectadores conocieran las reacciones y postulados de los candidatos presidenciales. Los tres periodistas que condujeron el evento no lo hicieron mal, ayudaron a exhibir las fortalezas y debilidades de los suspirantes. El nuevo formato refrescó e hizo olvidar los acartonados estilos y rígidos comportamientos en experiencias anteriores. Quizás un mejor formato con otro contenido sería que los cuestionamientos a los candidatos los hicieran especialistas de cada tema, con lo cual se impedirían, o se acotarían, las posibles inexactitudes conceptuales y estadísticas en que podrían incurrir los comparecientes.

2. Debatir en silencio. El papel que jugó el candidato López Obrador mostró que no es su fuerte intercambiar ideas con quienes piensan distinto. Ya habíamos advertido que el tabasqueño se desenvuelve como pez en el agua en mítines de admiradores e incondicionales, pero exhibe su estreñimiento político y conceptual cuando se trata de encararse con distintas posturas. Es increíble insistir, como lo han hecho sus seguidores, en un supuesto triunfo notorio, cuando de lo que se trataba era transmitir y convencer a millones de potenciales electores. Decir que el silencio del dueño de Morena fue una “táctica”, para no caer en las provocaciones, es por lo menos absurdo. Lo que espera un segmento importante de los televidentes es saber si el posible presidente de la república puede responder a preguntas concretas, como las que le hicieron al Exjefe de Gobierno.

3. Los saldos Es evidente, al menos en este primer debate, que la disputa en las urnas podría ser entre AMLO y Anaya. Todo indica que el corrimiento del electorado será ondulante entre el primero y el segundo, con la posibilidad de captar a votantes que originalmente pudieran estar con los tres candidatos restantes, esto se ha denominado de manera genérica, voto útil. Meade se portó como un tecnócrata, con lenguaje incomprensible para las mayorías; Margarita trastabillante y dispersa; y, el Bronco, jugó el papel que le asignaron, ignorante, machista y fascistoide. Esperemos las próximas encuestas para ver si los números se mueven y se perfila una carrera de dos.

pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz

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