/ miércoles 4 de noviembre de 2020

Privatización del espacio público

Seguimos preocupados por el COVID-19 y los riesgos que implica esta Pandemia. Ya todos sabemos que las posibilidades de contagio en espacios abiertos son bajas, salvo cuando hay conversaciones a corta distancia. Sin embargo, hemos optado por abrir los espacios cerrados, de mayor riesgo, como centros comerciales; o los espacios mixtos, como el parque temático de Six Flags.

En aras de disuadir la convivencia en lugares muy atractivos para la población, como el Centro Histórico y Coyoacán, la Ciudad está tomando pésimas decisiones, porque en la práctica representan la privatización del espacio público: sacan a la gente del espacio público, y los llevan a convivir en espacios privados (y cerrados), algo el actual gobierno dice combatir, pero en la práctica soporta con sus decisiones, y a su vez con las decisiones de las alcaldías.

Este fin de semana, como sucedió durante las fiestas patrias, el Jardín Centenario y el Jardín Hidalgo de Coyoacán permanecieron enrejados, literal. Sólo quedaron abiertas las servidumbres para llegar a los comercios. Hasta mi hijo de 8 años se dio cuenta del absurdo, pues me preguntó por qué abrían las tiendas y cerraban los parques.

El Zócalo de Ciudad de México hoy vive un sitio, a veces más pareciera protección del espacio por la presencia del presidente, luego de tantos años en los que atendió en la fortaleza de Los Pinos; pero en todo caso, los desvíos y cierres, incluyendo la estación del Metro Zócalo, lucen como decisiones absurdas que en la práctica provocan más concentraciones de personas en los alrededores, que los posibles beneficios.

La calle de Corregidora, por ejemplo, es temporalmente peatonal, bien, pero siendo ancha, se estableció un absurdo uso unidireccional, con lo cual sus usuarios deben caminar dos veces la distancia de esta vialidad, por las calles paralelas, a menudo a través de banquetas angostas. Los propios filtros de la policía terminan generando acumulaciones de personas que, en todo caso, provocan lo que quieren evitar.

Cerrar estaciones del metro obliga a los usuarios a bajarse en la anterior o posterior, lo que concentra más personas en menos puntos. En la cuenta de tuiter @AbbeyKingsley encontramos este mensaje: “México, el lugar en el que cierran la mitad de un parque para que todos se concentren en la mitad que sí está abierta”.

Así como cuestionamos, en este espacio, hace 15 días, que no regresara el Muévete en bici, sugiero que el Gobierno de la Ciudad de México repase las implicaciones de su estrategia, y que ayude a las alcaldías a definir criterios en común.

Si es poco probable el contagio a través de objetos, las bancas de los parques y plazas no representan tanto riesgo como supusimos al inicio de la pandemia ¿entonces que hacen cubiertas de telarañas para que nadie se siente? y si sí representan riesgo, cuantimás lo representan los asientos en el transporte público, algo que la ciudad ha negado en los últimos meses.

Las decisiones que está tomando el Gobierno de la Ciudad de México respecto al espacio público en pandemia, y las que están tomando algunas alcaldías, lo único que hacen es acentuar las desigualdades y enviar un mensaje equivocado de privatización del espacio público. Que los que puedan pagar, se vayan a los centros comerciales, y los pobres, quizá con menos espacio en sus viviendas, que se frieguen, como siempre.

Seguimos preocupados por el COVID-19 y los riesgos que implica esta Pandemia. Ya todos sabemos que las posibilidades de contagio en espacios abiertos son bajas, salvo cuando hay conversaciones a corta distancia. Sin embargo, hemos optado por abrir los espacios cerrados, de mayor riesgo, como centros comerciales; o los espacios mixtos, como el parque temático de Six Flags.

En aras de disuadir la convivencia en lugares muy atractivos para la población, como el Centro Histórico y Coyoacán, la Ciudad está tomando pésimas decisiones, porque en la práctica representan la privatización del espacio público: sacan a la gente del espacio público, y los llevan a convivir en espacios privados (y cerrados), algo el actual gobierno dice combatir, pero en la práctica soporta con sus decisiones, y a su vez con las decisiones de las alcaldías.

Este fin de semana, como sucedió durante las fiestas patrias, el Jardín Centenario y el Jardín Hidalgo de Coyoacán permanecieron enrejados, literal. Sólo quedaron abiertas las servidumbres para llegar a los comercios. Hasta mi hijo de 8 años se dio cuenta del absurdo, pues me preguntó por qué abrían las tiendas y cerraban los parques.

El Zócalo de Ciudad de México hoy vive un sitio, a veces más pareciera protección del espacio por la presencia del presidente, luego de tantos años en los que atendió en la fortaleza de Los Pinos; pero en todo caso, los desvíos y cierres, incluyendo la estación del Metro Zócalo, lucen como decisiones absurdas que en la práctica provocan más concentraciones de personas en los alrededores, que los posibles beneficios.

La calle de Corregidora, por ejemplo, es temporalmente peatonal, bien, pero siendo ancha, se estableció un absurdo uso unidireccional, con lo cual sus usuarios deben caminar dos veces la distancia de esta vialidad, por las calles paralelas, a menudo a través de banquetas angostas. Los propios filtros de la policía terminan generando acumulaciones de personas que, en todo caso, provocan lo que quieren evitar.

Cerrar estaciones del metro obliga a los usuarios a bajarse en la anterior o posterior, lo que concentra más personas en menos puntos. En la cuenta de tuiter @AbbeyKingsley encontramos este mensaje: “México, el lugar en el que cierran la mitad de un parque para que todos se concentren en la mitad que sí está abierta”.

Así como cuestionamos, en este espacio, hace 15 días, que no regresara el Muévete en bici, sugiero que el Gobierno de la Ciudad de México repase las implicaciones de su estrategia, y que ayude a las alcaldías a definir criterios en común.

Si es poco probable el contagio a través de objetos, las bancas de los parques y plazas no representan tanto riesgo como supusimos al inicio de la pandemia ¿entonces que hacen cubiertas de telarañas para que nadie se siente? y si sí representan riesgo, cuantimás lo representan los asientos en el transporte público, algo que la ciudad ha negado en los últimos meses.

Las decisiones que está tomando el Gobierno de la Ciudad de México respecto al espacio público en pandemia, y las que están tomando algunas alcaldías, lo único que hacen es acentuar las desigualdades y enviar un mensaje equivocado de privatización del espacio público. Que los que puedan pagar, se vayan a los centros comerciales, y los pobres, quizá con menos espacio en sus viviendas, que se frieguen, como siempre.