/ viernes 8 de julio de 2022

Quedarme o salir de aquí

Por Victoria Martínez Martínez


En la carretera México-Tuxpan hay un mural que reza "el amor a la patria es necesidad ineludible". Esta frase contrasta fuertemente con la realidad que se vive, concretamente en Latinoamérica, donde la mentalidad que predomina entre la juventud es tener como objetivo salir de la región. ¿Quién podría culparlos? La región se caracteriza por altos índices de inseguridad, violencia y falta de oportunidades.

La migración es un tema tan amplio que veo pertinente poner el foco en el fenómeno conocido como “fuga de cerebros”, término acuñado por la prensa británica en los años 60 que hace referencia a los “profesionales que han desarrollado una carrera universitaria en su país y emigran a otros sitios para continuar con su educación, desarrollar investigaciones o encontrar mejores oportunidades de trabajo.” (Ciencia UNAM, 2013) No es solo teoría, sino realidad. Según la OCDE, “México es el país latinoamericano más afectado por ese fenómeno y el séptimo a nivel mundial. Entre 2015 y 2017 se fueron al extranjero 866 mil mexicanos altamente calificados.” (DW, 2021)

En resumidas cuentas, el país se encuentra sumido en una especie de círculo vicioso: las condiciones son deplorables en cuanto a oportunidades para los profesionistas, lo que les orilla a buscar salida en el exterior, lo cual a su vez provoca que la situación al interior no mejore. ¿Cómo va a mejorar si quienes están capacitados para hacerlo se van?

La pregunta es entonces, ¿qué se necesita para que estos talentos se queden en México? Hay respuestas obvias: mayor inversión a la educación y poner un alto a la tendencia actual de eliminar presupuesto destinado a la ciencia y tecnología. Aunque estos factores son determinantes, faltan dos más. El primero es el amor a la patria. De entrada suena algo muy “chairo”, muy opuesto a la globalización, pero en el fondo de mi corazón considero que es algo que ya se encuentra en nosotros, prueba de ello es la indignación, tristeza y enojo que sentimos cuando se discuten los defectos del país (inseguridad, violencia, desigualdad, etc.). Si no hubiera amor, no habría interés ni un deseo de que la situación mejorara. La realidad es que a todos los que estamos informados nos duele este panorama, y todos deseamos que mejore. El segundo factor que falta es creérnoslo. No es necesario ser presidente del país ni Secretario General de Naciones Unidas para hacer una diferencia. El cambio está en cada uno de nosotros. Individuos, comunidades y organizaciones suman acciones y los esfuerzos que parecen pequeños o insuficientes cobran una fuerza con alcances inimaginables, mostrando que apostar por nuestro país es lo mejor que podemos hacer.

Por Victoria Martínez Martínez


En la carretera México-Tuxpan hay un mural que reza "el amor a la patria es necesidad ineludible". Esta frase contrasta fuertemente con la realidad que se vive, concretamente en Latinoamérica, donde la mentalidad que predomina entre la juventud es tener como objetivo salir de la región. ¿Quién podría culparlos? La región se caracteriza por altos índices de inseguridad, violencia y falta de oportunidades.

La migración es un tema tan amplio que veo pertinente poner el foco en el fenómeno conocido como “fuga de cerebros”, término acuñado por la prensa británica en los años 60 que hace referencia a los “profesionales que han desarrollado una carrera universitaria en su país y emigran a otros sitios para continuar con su educación, desarrollar investigaciones o encontrar mejores oportunidades de trabajo.” (Ciencia UNAM, 2013) No es solo teoría, sino realidad. Según la OCDE, “México es el país latinoamericano más afectado por ese fenómeno y el séptimo a nivel mundial. Entre 2015 y 2017 se fueron al extranjero 866 mil mexicanos altamente calificados.” (DW, 2021)

En resumidas cuentas, el país se encuentra sumido en una especie de círculo vicioso: las condiciones son deplorables en cuanto a oportunidades para los profesionistas, lo que les orilla a buscar salida en el exterior, lo cual a su vez provoca que la situación al interior no mejore. ¿Cómo va a mejorar si quienes están capacitados para hacerlo se van?

La pregunta es entonces, ¿qué se necesita para que estos talentos se queden en México? Hay respuestas obvias: mayor inversión a la educación y poner un alto a la tendencia actual de eliminar presupuesto destinado a la ciencia y tecnología. Aunque estos factores son determinantes, faltan dos más. El primero es el amor a la patria. De entrada suena algo muy “chairo”, muy opuesto a la globalización, pero en el fondo de mi corazón considero que es algo que ya se encuentra en nosotros, prueba de ello es la indignación, tristeza y enojo que sentimos cuando se discuten los defectos del país (inseguridad, violencia, desigualdad, etc.). Si no hubiera amor, no habría interés ni un deseo de que la situación mejorara. La realidad es que a todos los que estamos informados nos duele este panorama, y todos deseamos que mejore. El segundo factor que falta es creérnoslo. No es necesario ser presidente del país ni Secretario General de Naciones Unidas para hacer una diferencia. El cambio está en cada uno de nosotros. Individuos, comunidades y organizaciones suman acciones y los esfuerzos que parecen pequeños o insuficientes cobran una fuerza con alcances inimaginables, mostrando que apostar por nuestro país es lo mejor que podemos hacer.