/ miércoles 18 de agosto de 2021

Ratificación o revocación

Contra toda lógica política, no es la oposición o un sector contrario a la actual administración desde donde se promueve la consulta de marzo del año próximo indebidamente llamada revocación de mandato. Es el propio presidente Andrés Manuel López Obrador el autor e instigador de esa idea cuya realización costará al país más de dos mil millones de pesos. Regañados por López Obrador, los legisladores del partido Morena se apresuran a dar forma a una ley sobre la permanencia o continuación del presidente en turno, mencionado por su nombre, para confirmar el verdadero móvil de la consulta.

Al promover esta nueva ley y la votación del año próximo, es evidente que López Obrador busca, no la revocación de su mandato sino la ratificación de su elección por seis años; la intuición política que propios y extraños le atribuyen permite al presidente hacer un cálculo del resultado de la votación: no será otro que el SÍ a su permanencia al frente de la administración y algo más que el tiempo dirá. Para la celebración de la consulta sobre la permanencia o revocación del mandato constitucional, se requirió primero la modificación constitucional de la que surge la ley reglamentaria que ahora se prepara en ambas cámaras legislativas. Para el cumplimiento de esa ley será necesaria la firma de cerca de tres millones de ciudadanos que demanden la consulta; una vez realizada la votación, ésta sólo tendrá carácter vinculatorio si sufragan cuando menos el 40 por ciento de los inscritos en el padrón electoral; es decir, cerca de 38 millones de ciudadanos. Pero esta obligatoriedad del cumplimiento de la voluntad ciudadana expresada en las urnas no es lo que importa a López Obrador; su propósito es satisfacer su ego político con una muy relativa mayoría en favor del SI a su permanencia en el gobierno. Lo mismo ocurrió con la consulta sobre el juicio a actores de la vida pública del pasado, cuando la asistencia a las casillas no alcanzó ni el nueve por ciento de la lista nominal y sin embargo ha permitido a López Obrador presumir el resultado como un triunfo de su voluntad.

La consulta promovida por el presidente y el partido Morena tendrá sin duda un resultado similar al de la anterior sobre juicios posibles a políticos del pasado. Mayoritariamente acudirán a las urnas los votantes por el SÍ que representará la ocasión de ratificar el apoyo y la popularidad del jefe del Ejecutivo, que si bien se reducen las encuestas, como es natural en todo gobierno, se mantiene en niveles aceptables para el presidente de la República. En la consulta predominará la ausencia del NO a la continuación de López Obrador al frente del gobierno como muestra de la verdadera voluntad mayoritaria de la ciudadanía que rechazará ese recurso político y publicitario, que es el verdadero propósito de reafirmarse en el poder. ¿Por cuánto tiempo?

Aunque se dice que la consulta de marzo próximo será la primera para consolidarse en el poder de un hombre o un grupo, hay ejemplos de situaciones similares recientes y anteriores en el mundo. Una auscultación similar a la ciudadanía permitió a Hugo Chávez una segunda reelección antes de ser vencido por la muerte. ¿Para qué servirá a López Obrador la ratificación que busca en las urnas? La historia muestra casos de hombres fuertes que se han mantenido en el poder sin necesidad de reelegirse. El canciller Otto von Bismarck permaneció décadas como el factor insustituible en la vida pública de Alemania. Wladyslaw Gomulka decidió la suerte de numerosos gobiernos de Polonia desde su poderío como secretario general del Partido Comunista en los años del socialismo soviético. Manuel Noriega fue el hombre fuerte en Panamá hasta la invasión norteamericana que lo derrocó de su predominio político. En México Plutarco Elías Calles no necesitó reelegirse como presidente para ejercer su maximato desde 1928 hasta 1936, cuando el general Lázaro Cárdenas, cansado de esa poderosa influencia, lo mandó al destierro. Andrés Manuel López Obrador insiste una y otra vez en asegurar que no aspira a la reelección en 2024; en los hechos, con diversas formas de aparente buena intención política intenta dar institucionalidad a fórmulas aplicadas en su gobierno con las que, asegura, impedirá retornos al pasado. ¿Advertirá así un andamiaje que le permitiría convertirse por tiempo indefinido en el hombre fuerte, providencial e imprescindible de la vida pública del país?

sdelrio1934@gmail.com


Contra toda lógica política, no es la oposición o un sector contrario a la actual administración desde donde se promueve la consulta de marzo del año próximo indebidamente llamada revocación de mandato. Es el propio presidente Andrés Manuel López Obrador el autor e instigador de esa idea cuya realización costará al país más de dos mil millones de pesos. Regañados por López Obrador, los legisladores del partido Morena se apresuran a dar forma a una ley sobre la permanencia o continuación del presidente en turno, mencionado por su nombre, para confirmar el verdadero móvil de la consulta.

Al promover esta nueva ley y la votación del año próximo, es evidente que López Obrador busca, no la revocación de su mandato sino la ratificación de su elección por seis años; la intuición política que propios y extraños le atribuyen permite al presidente hacer un cálculo del resultado de la votación: no será otro que el SÍ a su permanencia al frente de la administración y algo más que el tiempo dirá. Para la celebración de la consulta sobre la permanencia o revocación del mandato constitucional, se requirió primero la modificación constitucional de la que surge la ley reglamentaria que ahora se prepara en ambas cámaras legislativas. Para el cumplimiento de esa ley será necesaria la firma de cerca de tres millones de ciudadanos que demanden la consulta; una vez realizada la votación, ésta sólo tendrá carácter vinculatorio si sufragan cuando menos el 40 por ciento de los inscritos en el padrón electoral; es decir, cerca de 38 millones de ciudadanos. Pero esta obligatoriedad del cumplimiento de la voluntad ciudadana expresada en las urnas no es lo que importa a López Obrador; su propósito es satisfacer su ego político con una muy relativa mayoría en favor del SI a su permanencia en el gobierno. Lo mismo ocurrió con la consulta sobre el juicio a actores de la vida pública del pasado, cuando la asistencia a las casillas no alcanzó ni el nueve por ciento de la lista nominal y sin embargo ha permitido a López Obrador presumir el resultado como un triunfo de su voluntad.

La consulta promovida por el presidente y el partido Morena tendrá sin duda un resultado similar al de la anterior sobre juicios posibles a políticos del pasado. Mayoritariamente acudirán a las urnas los votantes por el SÍ que representará la ocasión de ratificar el apoyo y la popularidad del jefe del Ejecutivo, que si bien se reducen las encuestas, como es natural en todo gobierno, se mantiene en niveles aceptables para el presidente de la República. En la consulta predominará la ausencia del NO a la continuación de López Obrador al frente del gobierno como muestra de la verdadera voluntad mayoritaria de la ciudadanía que rechazará ese recurso político y publicitario, que es el verdadero propósito de reafirmarse en el poder. ¿Por cuánto tiempo?

Aunque se dice que la consulta de marzo próximo será la primera para consolidarse en el poder de un hombre o un grupo, hay ejemplos de situaciones similares recientes y anteriores en el mundo. Una auscultación similar a la ciudadanía permitió a Hugo Chávez una segunda reelección antes de ser vencido por la muerte. ¿Para qué servirá a López Obrador la ratificación que busca en las urnas? La historia muestra casos de hombres fuertes que se han mantenido en el poder sin necesidad de reelegirse. El canciller Otto von Bismarck permaneció décadas como el factor insustituible en la vida pública de Alemania. Wladyslaw Gomulka decidió la suerte de numerosos gobiernos de Polonia desde su poderío como secretario general del Partido Comunista en los años del socialismo soviético. Manuel Noriega fue el hombre fuerte en Panamá hasta la invasión norteamericana que lo derrocó de su predominio político. En México Plutarco Elías Calles no necesitó reelegirse como presidente para ejercer su maximato desde 1928 hasta 1936, cuando el general Lázaro Cárdenas, cansado de esa poderosa influencia, lo mandó al destierro. Andrés Manuel López Obrador insiste una y otra vez en asegurar que no aspira a la reelección en 2024; en los hechos, con diversas formas de aparente buena intención política intenta dar institucionalidad a fórmulas aplicadas en su gobierno con las que, asegura, impedirá retornos al pasado. ¿Advertirá así un andamiaje que le permitiría convertirse por tiempo indefinido en el hombre fuerte, providencial e imprescindible de la vida pública del país?

sdelrio1934@gmail.com


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