/ sábado 13 de julio de 2019

Raúl Hellmer y su obra

Ha sido considerado, con justicia, uno de los más importantes promotores de la cultura musical de nuestro país. Mucho del acervo folklórico de México se enriqueció con el enorme caudal de información que en ese sentido nos aportó el prestigiado investigador.

Hasta poco antes de su fallecimiento, ocurrido en agosto de 1971, Joseph Raoul Hellmer Pinkahm se definía como un veracruzano de corazón, nacido por accidente dentro del cuerpo de un gringo en Filadelfia.

Nació el 27 de octubre de 1913. Realizó estudios en las universidades de Harvard y Yale, en los Estados Unidos, llegando después a México alrededor de 1946, aprovechando una beca de la Sociedad Filosófica Americana.

Trabajó como investigador en la sección de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes desde su creación en 1947, siendo uno de los primeros en realizar grabaciones de música indígena y mestiza tradicional mexicana, directamente en acetato y posteriormente en cintas magnetofónicas. Permaneció en el INBA de 1947 a 1965.

Recorrió prácticamente todo el territorio mexicano y grabó la música indígena y mestiza tradicional, principalmente de los estados de Morelos, Michoacán, Puebla, Estado de México y Veracruz, enriqueciendo extraordinariamente la fonoteca del INBA.

Su causa, en los más de 26 años que vivió en nuestro país, fue luchar para que la música folklórica o “la magia del folklor” –como él la llamaba-, ocupara un sitio a la altura de otras corrientes musicales y expresiones artísticas.

En un artículo publicado en septiembre de 2010, el escritor Emiliano Becerril narra que cuando el musicólogo Raúl Hellmer escuchó “La Sandunga” y oyó el vaivén valeroso de la pieza oaxaqueña, en ese preciso momento decidió quedarse a vivir en México. No hizo falta ningún chile relleno ni ninguna Pirámide de la Luna, sino un sonido del Istmo.

Existen seres cuya virtud principal consiste en capturar los instantes. Están presentes en el lugar y el momento en que los acontecimientos comparecen y se suceden como cascadas que se montan en el tren aparente de lo cotidiano. Guardan un olfato especial que vierten para que la memoria se mantenga y la gente, que da sentido y razón a los pueblos, no se olvide de quiénes son y de qué están hechos.

Raúl Hellmer perteneció a ese linaje de hombres que saben cumplir con su destino. Este investigador y viajero empedernido grabó abundante material que produjo centenares de fonorregistros musicales, instantes que permanecen como piezas fundamentales en la composición del rostro de nuestra cultura nacional.

El espléndido archivo fonográfico de canciones mestizas e indígenas tradicionales de México, creado por Hellmer, ha servido de fundamento documental para el estudio de la cultura popular. Y quienes vivimos las primeras etapas de la televisión, recordamos los programas producidos por el notable musicólogo, con el título sugerente de Flor y Canto (in xóchitl in cuicatl) por medio de los cuales muchos mexicanos aprendimos a conocer mejor las expresiones artísticas de nuestro pueblo.

El Fondo Hellmer contiene aproximadamente 500 cintas grabadas así como valiosos archivos en documentos, cartas, fotografías, diarios de campo y escritos diversos. Su rescate y digitalización se finalizó hace ya muchos años.

Quienes conocimos a Raúl Hellmer podremos recordarlo como lo que era: un sabio auténtico con la sabiduría que es el humilde aprendizaje del sentido de la vida, la búsqueda a profundidad del significado de la existencia. Aun me parece verlo en una buhardilla de la entonces Dirección General de Educación Audiovisual, organizando, midiendo, ponderando, editando las cintas magnetofónicas para hacer posible que los estudiantes escucharan la palabra sonora y melodiosa, la auténtica voz de los mexicanos.

Decía Longfellow que la música es la lengua universal de la humanidad; Shelley expresaba que cuando las suaves voces mueren, vibran en la memoria. Por su parte, Richard Wagner reconocía que la alegría no está en las cosas sino en nosotros y que por ello, subrayaba Beethoven, sólo el pedernal del espíritu humano puede arrancar fuego de la música.

A su muerte, sus hijos Salvador, Xóchitl, José Antonio, Raúl y Lucero Hellmer Miranda y algunos de sus nietos procuraron mantener vivo el legado de José Raúl Hellmer, creando en su honor en los años 90 la Fundación Hellmer, para salvaguardar su recopilación musical, y que su acervo cultural, que es patrimonio de los pueblos indígenas de México y del planeta, les sea devuelto a través de discos u otros formatos digitalizados de audio para su permanencia en la memoria histórica de los mismo pueblos indígenas.

En agosto de 2001, el CONACULTA, Radio UNAM, la Fundación Hellmer y el Instituto Nacional Indigenista le rindieron un sentido homenaje en su trigésimo aniversario luctuoso.

Dejo aquí, a casi 48 años de su desaparición, este modesto reconocimiento a la memoria de Raúl Hellmer, gran mexicano siendo extranjero.

Medalla Ricardo Flores Magón 2018

Fundador de Notimex

pacofonn@yahoo.com.mx


Ha sido considerado, con justicia, uno de los más importantes promotores de la cultura musical de nuestro país. Mucho del acervo folklórico de México se enriqueció con el enorme caudal de información que en ese sentido nos aportó el prestigiado investigador.

Hasta poco antes de su fallecimiento, ocurrido en agosto de 1971, Joseph Raoul Hellmer Pinkahm se definía como un veracruzano de corazón, nacido por accidente dentro del cuerpo de un gringo en Filadelfia.

Nació el 27 de octubre de 1913. Realizó estudios en las universidades de Harvard y Yale, en los Estados Unidos, llegando después a México alrededor de 1946, aprovechando una beca de la Sociedad Filosófica Americana.

Trabajó como investigador en la sección de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes desde su creación en 1947, siendo uno de los primeros en realizar grabaciones de música indígena y mestiza tradicional mexicana, directamente en acetato y posteriormente en cintas magnetofónicas. Permaneció en el INBA de 1947 a 1965.

Recorrió prácticamente todo el territorio mexicano y grabó la música indígena y mestiza tradicional, principalmente de los estados de Morelos, Michoacán, Puebla, Estado de México y Veracruz, enriqueciendo extraordinariamente la fonoteca del INBA.

Su causa, en los más de 26 años que vivió en nuestro país, fue luchar para que la música folklórica o “la magia del folklor” –como él la llamaba-, ocupara un sitio a la altura de otras corrientes musicales y expresiones artísticas.

En un artículo publicado en septiembre de 2010, el escritor Emiliano Becerril narra que cuando el musicólogo Raúl Hellmer escuchó “La Sandunga” y oyó el vaivén valeroso de la pieza oaxaqueña, en ese preciso momento decidió quedarse a vivir en México. No hizo falta ningún chile relleno ni ninguna Pirámide de la Luna, sino un sonido del Istmo.

Existen seres cuya virtud principal consiste en capturar los instantes. Están presentes en el lugar y el momento en que los acontecimientos comparecen y se suceden como cascadas que se montan en el tren aparente de lo cotidiano. Guardan un olfato especial que vierten para que la memoria se mantenga y la gente, que da sentido y razón a los pueblos, no se olvide de quiénes son y de qué están hechos.

Raúl Hellmer perteneció a ese linaje de hombres que saben cumplir con su destino. Este investigador y viajero empedernido grabó abundante material que produjo centenares de fonorregistros musicales, instantes que permanecen como piezas fundamentales en la composición del rostro de nuestra cultura nacional.

El espléndido archivo fonográfico de canciones mestizas e indígenas tradicionales de México, creado por Hellmer, ha servido de fundamento documental para el estudio de la cultura popular. Y quienes vivimos las primeras etapas de la televisión, recordamos los programas producidos por el notable musicólogo, con el título sugerente de Flor y Canto (in xóchitl in cuicatl) por medio de los cuales muchos mexicanos aprendimos a conocer mejor las expresiones artísticas de nuestro pueblo.

El Fondo Hellmer contiene aproximadamente 500 cintas grabadas así como valiosos archivos en documentos, cartas, fotografías, diarios de campo y escritos diversos. Su rescate y digitalización se finalizó hace ya muchos años.

Quienes conocimos a Raúl Hellmer podremos recordarlo como lo que era: un sabio auténtico con la sabiduría que es el humilde aprendizaje del sentido de la vida, la búsqueda a profundidad del significado de la existencia. Aun me parece verlo en una buhardilla de la entonces Dirección General de Educación Audiovisual, organizando, midiendo, ponderando, editando las cintas magnetofónicas para hacer posible que los estudiantes escucharan la palabra sonora y melodiosa, la auténtica voz de los mexicanos.

Decía Longfellow que la música es la lengua universal de la humanidad; Shelley expresaba que cuando las suaves voces mueren, vibran en la memoria. Por su parte, Richard Wagner reconocía que la alegría no está en las cosas sino en nosotros y que por ello, subrayaba Beethoven, sólo el pedernal del espíritu humano puede arrancar fuego de la música.

A su muerte, sus hijos Salvador, Xóchitl, José Antonio, Raúl y Lucero Hellmer Miranda y algunos de sus nietos procuraron mantener vivo el legado de José Raúl Hellmer, creando en su honor en los años 90 la Fundación Hellmer, para salvaguardar su recopilación musical, y que su acervo cultural, que es patrimonio de los pueblos indígenas de México y del planeta, les sea devuelto a través de discos u otros formatos digitalizados de audio para su permanencia en la memoria histórica de los mismo pueblos indígenas.

En agosto de 2001, el CONACULTA, Radio UNAM, la Fundación Hellmer y el Instituto Nacional Indigenista le rindieron un sentido homenaje en su trigésimo aniversario luctuoso.

Dejo aquí, a casi 48 años de su desaparición, este modesto reconocimiento a la memoria de Raúl Hellmer, gran mexicano siendo extranjero.

Medalla Ricardo Flores Magón 2018

Fundador de Notimex

pacofonn@yahoo.com.mx


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