/ viernes 15 de enero de 2021

Reconciliación

Barbara Tuchman escribe en la Marcha de la Locura cómo las élites gobernantes llegan a ser estúpidas y autodestructivas, pareciera que estamos en este momento en que los políticos se alejan de las ideologías y del pragmatismo; solo prevalece buscar el éxito sobre el adversario, el avasallamiento, aunque signifique la devastación propia. Es el caso del proceso político en Estados Unidos, en el cual en un hecho inaudito como absurdo, Trump fomentó una manifestación violenta que acabó en el ataque al capitolio con la finalidad de obstruir la ratificación de las elecciones y triunfo de Biden por el Colegio Electoral.

Sus acciones fracasaron toda vez que el triunfo se ratificó y Biden tomará protesta en los próximos días. Además de que fue el detonante para el inicio de su segundo juicio político, el cierre de sus cuentas en Facebook, Twitter y otras redes sociales. Sin embargo, esto provocará profundizar las diferencias ideológicas y hacer más profunda la brecha, ya no solo entre Trump y Biden, sino en dos modelos de país que vienen confrontándose desde la Guerra Civil.

Los hechos de esta semana visibilizan una suma de agravios añejos que resultan en una visión diferente de los Estados Unidos: por un lado la violencia contra migrantes y afroamericanos; por el otro, los que se sienten excluidos en su tierra y los abusos de lo políticamente correcto como es el caso de la remoción de estatuas y banderas confederadas, lo cual fue innecesario porque ofendió la identidad de una comunidad y en la práctica no tiene ningún impacto.

Descalificar a los que entraron al capitolio, suponer que son personas folclóricas de las cuales se pueden burlar y ridiculizar, es descalificar a un segmento importante de Estados Unidos que se expresa en los millones de ciudadanos que votaron por Trump por convicción que son parte un movimiento político añejo y que se puede volver peligroso, pero con una agenda legítima que debe ser escuchada y atendida. Sin olvidar las otras demandas como la discriminación y xenofobia, todo esto se da en un caldo de cultivo volátil que derivará en mayor desempleo, enardecimiento social, el impacto de la pandemia y la pérdida de la hegemonía frente a China.

El talento político más valioso no será de aquel que busque someter a la contraparte, sino de quien use su esfuerzo y capacidades para volver a encontrar un camino en común para todos los estadounidenses. No se trata de mostrar quién tiene razón, sino estar abiertos al diálogo y evitar los conflictos de largo plazo y encontrar una razón común.

Doris Kearns Goodwin, una de las mayores historiadoras del poder en Estados Unidos, escribió: “una vez que un presidente llega a la Casa Blanca, la única audiencia que importa es la historia”; ojalá y estén conscientes. XXXTwitter: @LuisH_Fernandez

Barbara Tuchman escribe en la Marcha de la Locura cómo las élites gobernantes llegan a ser estúpidas y autodestructivas, pareciera que estamos en este momento en que los políticos se alejan de las ideologías y del pragmatismo; solo prevalece buscar el éxito sobre el adversario, el avasallamiento, aunque signifique la devastación propia. Es el caso del proceso político en Estados Unidos, en el cual en un hecho inaudito como absurdo, Trump fomentó una manifestación violenta que acabó en el ataque al capitolio con la finalidad de obstruir la ratificación de las elecciones y triunfo de Biden por el Colegio Electoral.

Sus acciones fracasaron toda vez que el triunfo se ratificó y Biden tomará protesta en los próximos días. Además de que fue el detonante para el inicio de su segundo juicio político, el cierre de sus cuentas en Facebook, Twitter y otras redes sociales. Sin embargo, esto provocará profundizar las diferencias ideológicas y hacer más profunda la brecha, ya no solo entre Trump y Biden, sino en dos modelos de país que vienen confrontándose desde la Guerra Civil.

Los hechos de esta semana visibilizan una suma de agravios añejos que resultan en una visión diferente de los Estados Unidos: por un lado la violencia contra migrantes y afroamericanos; por el otro, los que se sienten excluidos en su tierra y los abusos de lo políticamente correcto como es el caso de la remoción de estatuas y banderas confederadas, lo cual fue innecesario porque ofendió la identidad de una comunidad y en la práctica no tiene ningún impacto.

Descalificar a los que entraron al capitolio, suponer que son personas folclóricas de las cuales se pueden burlar y ridiculizar, es descalificar a un segmento importante de Estados Unidos que se expresa en los millones de ciudadanos que votaron por Trump por convicción que son parte un movimiento político añejo y que se puede volver peligroso, pero con una agenda legítima que debe ser escuchada y atendida. Sin olvidar las otras demandas como la discriminación y xenofobia, todo esto se da en un caldo de cultivo volátil que derivará en mayor desempleo, enardecimiento social, el impacto de la pandemia y la pérdida de la hegemonía frente a China.

El talento político más valioso no será de aquel que busque someter a la contraparte, sino de quien use su esfuerzo y capacidades para volver a encontrar un camino en común para todos los estadounidenses. No se trata de mostrar quién tiene razón, sino estar abiertos al diálogo y evitar los conflictos de largo plazo y encontrar una razón común.

Doris Kearns Goodwin, una de las mayores historiadoras del poder en Estados Unidos, escribió: “una vez que un presidente llega a la Casa Blanca, la única audiencia que importa es la historia”; ojalá y estén conscientes. XXXTwitter: @LuisH_Fernandez

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