/ viernes 14 de septiembre de 2018

Rectificación de Graue

Dando muestras de sensatez política y de sensatez a secas, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue, aceptó dar satisfacción a la totalidad del pliego de demandas de los estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) plantel Azcapotzalco.

Son muestras de sensatez ciertamente tardías, pues el rector se negó inicialmente a dar atención y solución a los problemas del CCH planteados por la muchachada del plantel, demandas absolutamente justificadas.

Ante la solicitud, Graue decidió, como se dice popularmente, “hacerse pato”. Pero como se veía que la muchachada no iba a ceder, el rector optó por el viejo recurso de la amedrentación vía el uso de la violencia porril.

Quizás nada más pensó en aporrear a los demandantes; acaso no quería que corriera sangre; tal vez no pensó en que hubiera heridos de gravedad o hasta muertos. Recuérdese que aporrear viene de porra (macana), pero también se ajusta al vocablo porra (grupo de animación deportiva) y de ahí porro (golpeador).

Pero si no hubo muertos sí hubo heridas graves, de esas que ponen en serio peligro la vida. Y aunque al principio Graue pretendió zafarse de esa conducta criminal, nadie le creyó. Y sólo encontró apoyo en las corruptísimas autoridades judiciales del gobierno perredista-priista-panista de la ciudad de México.

Y no sólo no encontró el respaldo de la comunidad universitaria y de otras instituciones de educación media y superior. Peor aún: encontró el más firme repudio social a su conducta de propiciar, fomentar, permitir o avalar el uso de los porros. Y, desde luego, también encontró el rechazo (o la falta de apoyo) del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, y de Morena y del nuevo Congreso de la Unión.

Graue se quedó solo. Y ni modo: a rectificar y a prometer no volver a usar o tolerar el uso de la violencia criminal para mantener el hueso, los privilegios y el autoritarismo tipo José Narró, Jorge Carpizo y Francisco Barnés de Castro, rectores priistas de infausta memoria.

Sí ya estaba claro que con López Obrador y Morena en la Presidencia de la República se ha terminado el permiso para robar, ahora también queda claro que ha terminado el permiso presidencial para golpear, lesionar, amedrentar, matar, violar, desaparecer personas y asesinar. No más porros ni halcones ni halconazos. Ni nuevos crímenes de Estado como los cometidos por el peñato en Ayotzinapa, Atenco, San Fernando, Tanhuato, Tlatlaya.

De la carencia de complicidad y protección presidencial y gubernamental en ese tipo de crímenes es muestra fehaciente la rectificación del rector Graue.


www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

mentorferrer@gmail.com


Dando muestras de sensatez política y de sensatez a secas, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue, aceptó dar satisfacción a la totalidad del pliego de demandas de los estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) plantel Azcapotzalco.

Son muestras de sensatez ciertamente tardías, pues el rector se negó inicialmente a dar atención y solución a los problemas del CCH planteados por la muchachada del plantel, demandas absolutamente justificadas.

Ante la solicitud, Graue decidió, como se dice popularmente, “hacerse pato”. Pero como se veía que la muchachada no iba a ceder, el rector optó por el viejo recurso de la amedrentación vía el uso de la violencia porril.

Quizás nada más pensó en aporrear a los demandantes; acaso no quería que corriera sangre; tal vez no pensó en que hubiera heridos de gravedad o hasta muertos. Recuérdese que aporrear viene de porra (macana), pero también se ajusta al vocablo porra (grupo de animación deportiva) y de ahí porro (golpeador).

Pero si no hubo muertos sí hubo heridas graves, de esas que ponen en serio peligro la vida. Y aunque al principio Graue pretendió zafarse de esa conducta criminal, nadie le creyó. Y sólo encontró apoyo en las corruptísimas autoridades judiciales del gobierno perredista-priista-panista de la ciudad de México.

Y no sólo no encontró el respaldo de la comunidad universitaria y de otras instituciones de educación media y superior. Peor aún: encontró el más firme repudio social a su conducta de propiciar, fomentar, permitir o avalar el uso de los porros. Y, desde luego, también encontró el rechazo (o la falta de apoyo) del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, y de Morena y del nuevo Congreso de la Unión.

Graue se quedó solo. Y ni modo: a rectificar y a prometer no volver a usar o tolerar el uso de la violencia criminal para mantener el hueso, los privilegios y el autoritarismo tipo José Narró, Jorge Carpizo y Francisco Barnés de Castro, rectores priistas de infausta memoria.

Sí ya estaba claro que con López Obrador y Morena en la Presidencia de la República se ha terminado el permiso para robar, ahora también queda claro que ha terminado el permiso presidencial para golpear, lesionar, amedrentar, matar, violar, desaparecer personas y asesinar. No más porros ni halcones ni halconazos. Ni nuevos crímenes de Estado como los cometidos por el peñato en Ayotzinapa, Atenco, San Fernando, Tanhuato, Tlatlaya.

De la carencia de complicidad y protección presidencial y gubernamental en ese tipo de crímenes es muestra fehaciente la rectificación del rector Graue.


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